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Hombre del día | Claudio Aguirre, el arquitecto de la venta de Altamar al gigante Marsh

La venta de Altamar al grupo estadounidense Marsh refuerza el papel de España en el capital riesgo global y consolida a la firma como actor clave en mercados privados.

Claudio Aguirre, presidente y cofundador de AltamarCAM Partners. Foto: AltamarCAM Partners.

La industria del capital riesgo vive una nueva fase de consolidación global, y uno de sus protagonistas hoy habla español. Claudio Aguirre, presidente y cofundador de AltamarCAM Partners, ha sellado la venta de la gestora a Mercer —filial del gigante estadounidense Marsh— en una operación que sitúa a la firma española en el mapa internacional de los mercados privados.

El movimiento no es solo corporativo, es estratégico. AltamarCAM, con cerca de 20.000 millones de euros en activos bajo gestión, pasará a integrarse en la plataforma global de inversiones privadas de Marsh, reforzando una de las áreas con mayor crecimiento dentro del negocio financiero: los fondos secundarios y la inversión en activos alternativos.

La operación, cuyo importe no ha trascendido, se enmarca en una tendencia clara: las grandes firmas internacionales buscan escala, acceso a producto y talento especializado para competir en un mercado cada vez más sofisticado. Y ahí es donde Aguirre ha sabido jugar sus cartas.

AltamarCAM coliderará los negocios en mercados privados del grupo norteamericano, bajo la marca Marsh a partir del año que viene. Madrid será un hub estratégico en este área.

De pionero local a actor global

La historia de Altamar es también la de una construcción paciente. Fundada en 2004 por el propio Aguirre, la firma creció durante años de forma orgánica hasta dar un salto relevante en 2021 con la integración del grupo alemán CAM. Dos años después, la entrada de Permira con un 40% del capital confirmó el atractivo de la gestora para los grandes fondos internacionales.

Hoy, ese recorrido culmina con su venta a un gigante global, en un momento en el que el sector vive una intensa ola de operaciones corporativas. La necesidad de tamaño, diversificación y acceso a grandes inversores institucionales está acelerando los movimientos en toda la industria.

Aguirre, con una larga trayectoria en banca de inversión internacional —incluyendo etapas en Goldman Sachs, Merrill Lynch o Chase Manhattan—, ha sido una figura clave en ese desarrollo. Su experiencia en grandes operaciones, desde privatizaciones hasta transacciones de calado en Europa y Estados Unidos, ha marcado el ADN de una firma que siempre ha jugado con ambición internacional.

La apuesta de Marsh por Altamar responde a una lógica clara: los mercados privados se han convertido en uno de los principales motores de crecimiento para las grandes firmas financieras. Mercer, tradicionalmente ligada a la consultoría y asesoramiento, ha ido ganando peso en este segmento hasta concentrar una parte significativa de sus activos bajo gestión en este tipo de inversiones.

Con esta adquisición, refuerza especialmente su posicionamiento en el negocio de secundarios —vehículos que invierten en participaciones ya existentes de capital riesgo—, un segmento cada vez más demandado por inversores institucionales que buscan liquidez y diversificación.

Para Altamar, la operación supone acceso a una red global, mayor capacidad de distribución y una plataforma con escala suficiente para competir en primera línea.

España, en el mapa del capital global

Más allá de la operación en sí, el movimiento tiene una lectura adicional: confirma el creciente peso de España en el ecosistema internacional del capital riesgo. La integración de Altamar en una estructura global con base operativa en Madrid refuerza esa posición y abre la puerta a nuevas oportunidades en el sector.

Aguirre lo resume en una idea: la complementariedad. La combinación de capacidades entre ambas firmas permitirá ampliar el alcance del negocio y reforzar el servicio a clientes en un entorno donde la sofisticación financiera ya no es opcional.

En un mercado donde el tamaño importa, pero la ejecución lo es todo, Claudio Aguirre ha logrado algo más que vender una firma: ha convertido a Altamar en un activo estratégico dentro de la nueva arquitectura global del capital privado.