César González-Bueno cierra una de las etapas más determinantes en la historia reciente del Banco Sabadell. A sus 65 años, el consejero delegado que pilotó la entidad durante uno de los periodos más complejos de la banca española —pandemia, tipos cero, digitalización acelerada y una opa hostil sin precedentes— deja el cargo tras cumplir su misión principal: preservar la independencia del banco y devolverlo a la primera línea de rentabilidad del sector.
Su salida no tiene aroma de retirada, sino de relevo medido. González-Bueno se marcha después de haber logrado lo que parecía improbable hace apenas cinco años: transformar un banco con rentabilidad erosionada en una entidad capaz de encadenar récords de resultados, multiplicar por más de doce el valor de su acción y convencer a sus accionistas de que el proyecto en solitario tenía más sentido que una integración forzada con BBVA.
Cinco años para cambiar el rumbo
Cuando llegó al Sabadell a finales de 2020, procedente del mundo financiero internacional y ajeno históricamente al ADN de la entidad catalana, el banco arrastraba una rentabilidad cercana a cero, el impacto de la crisis del Covid y el desgaste de una fusión fallida. Su mandato fue claro: ordenar la casa, reforzar capital, apostar por la digitalización y devolver la confianza al mercado.
El resultado fue una estrategia de transformación profunda, menos visible que otras pero extremadamente eficaz. Bajo su dirección, el banco recuperó músculo financiero, fijó objetivos ambiciosos —como alcanzar una rentabilidad del 16% en 2027— y se comprometió con una retribución al accionista de más de 6.000 millones de euros. Todo ello mientras libraba, junto a Josep Oliu, una batalla estratégica y comunicativa que acabó frustrando la opa hostil de BBVA tras más de año y medio de tensión.
Un relevo interno y una salida sin ruptura
El consejo ha optado por una sucesión de continuidad. Marc Armengol, hasta ahora consejero delegado de TSB en Reino Unido y hombre de la casa desde hace 25 años, asumirá el cargo una vez reciba el visto bueno del BCE. Con experiencia en tecnología, operaciones, estrategia y mercados internacionales, Armengol representa la apuesta por un liderazgo interno en un momento de disrupción tecnológica y redefinición del negocio bancario.
González-Bueno se marcha con una indemnización cercana a los cuatro millones de euros ligada a su cláusula de no competencia, pero sobre todo con un capital reputacional intacto. No abandona por desgaste ni por presión, sino tras cerrar un ciclo que deja al banco mejor posicionado que cuando llegó.
El perfil de un banquero de transición… y de poder
Su figura encaja en la de los ejecutivos llamados a gestionar transiciones críticas: ni fundador ni heredero, sino profesional capaz de estabilizar, transformar y defender una organización en un momento límite. En un sector donde muchas salidas se producen por fricción, la suya es una excepción: pactada, reconocida y estratégicamente ordenada.
César González-Bueno deja el Sabadell sin jubilarse y con la sensación de haber cumplido. En banca, eso no siempre ocurre. Y por eso hoy su nombre no es solo noticia: es balance.
