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Se cumplen 500 años de la muerte de Juan Sebastián Elcano, primer marino en dar la vuelta al mundo

El navegante guipuzcoano falleció el 4 de agosto de 1526, cuatro años después de regresar a Sevilla al mando de la nao Victoria tras culminar la primera circunnavegación de la historia.

Juan Sebastián Elcano. FOTO: Museo Naval de Madrid

En un verano en el que todo el mundo habla de La Odisea, es obligatorio hablar de nuestro propio Odiseo, el vasco Juan Sebastián Elcano. Especialmente hoy, 4 de agosto de 2026, cuando se celebra el quinto centenario de la muerte de este gigante de la navegación, natural de Getaria (Guipúzcoa) e hijo de Domingo y Catalina.

Hace quinientos años, en 1526, fallecía en pleno océano Pacífico, a bordo de la nave Victoria, lejos de la tierra que apenas había pisado tras su gesta más célebre: en 1522 había regresado a Sevilla al mando de otra nao del mismo nombre tras completar la primera vuelta al mundo.

Tres años después de su gran gesta se embarcó en una segunda expedición a las islas Molucas, esta vez como piloto mayor bajo el mando de García Jofre de Loaísa. Ninguno logró sobrevivir a la travesía. La flota de Loaísa, de siete naves y 450 hombres, había zarpado de La Coruña el 24 de julio de 1525, con el respaldo de Carlos I, que además había encomendado a Elcano recorrer los puertos del norte en busca de marineros para la travesía. Antes de partir, el emperador lo había convocado también para formar parte de la comisión que en abril y mayo de 1524 negoció con Portugal, en Badajoz y Elvas, la legítima propiedad de las Molucas en virtud del Tratado de Tordesillas de 1494.

El segundo viaje resultó fatal para Elcano y para buena parte de su familia: junto a él murieron sus hermanos Martín Pérez, Ochoa Martínez y Antón de Elcano, y su cuñado Sebastián de Guevara. La buena suerte que le había devuelto la vida dos veces (Elcano fue uno de los 44 sentenciados a muerte tras el motín contra Magallanes y, además, una enfermedad febril le libró de la batalla en la que murió el portugués en Mactán) le dio la espalda de la manera más brutal.

La primera vuelta al mundo

Su primer viaje, el que le dio la gloria, había comenzado en Sanlúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519 al mando del luso Fernando de Magallanes, con cinco naves y más de doscientos hombres. Tras la muerte de Magallanes en Filipinas, Elcano asumió el mando de la Victoria y decidió continuar navegando hacia el oeste en lugar de desandar el camino, una decisión que confirmó de forma práctica la comprensión de la esfericidad de la Tierra. La nao entró en Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522 —Sevilla la recibió dos días después— con apenas dieciocho supervivientes europeos de los más de doscientos setenta que habían zarpado tres años antes.

Elcano recibió el perdón real en 1523 por la venta irregular de un barco a extranjeros en tiempos de guerra, un episodio anterior a la expedición que, de haberse conocido, le habría impedido embarcarse. Hoy su nombre perdura en el buque-escuela de la Armada que lo lleva, en el barrio sevillano construido para los trabajadores de Astilleros y en la estatua de Antonio Cano Correa junto al Costurero de la Reina de Sevilla.

¿Escorbuto o toxina? Dudas razonables sobre la causa de su muerte

La travesía de la que Elcano no regresaría comenzó sin contratiempos, pero un temporal el 28 de diciembre de 1525 dispersó la flota a la altura del río Santa Cruz, hundiendo la Sancti Spiritus y provocando la deserción de la Anunciada. Tras 48 días cruzando el estrecho de Magallanes, la expedición salió al Pacífico el 26 de mayo de 1526, donde otro temporal dispersó de nuevo las naves: el patache Santiago naufragó, la San Lesmes desapareció sin rastro y la Santa María del Parral acabó embarrancada, con su tripulación esclavizada por los indígenas.

A bordo de la capitana, el agua se pudrió y la comida se llenó de gusanos. Unos cuarenta marineros murieron por un mal que les hacía crecer las encías hasta impedirles comer. El propio Elcano enfermó y, postrado, dictó testamento el 26 de julio de 1526, un documento que según el diario ABC es una de las fuentes más sinceras sobre su vida íntima: revela su religiosidad (dejó limosnas para 19 iglesias y monasterios) y la existencia de dos hijos no reconocidos públicamente, entre ellos una hija de la que apenas se tenía noticia.

No se equivocó al dictar testamento. El 30 de julio murió Loaísa, y el vasco asumió el mando por una orden secreta de Carlos I. No pasó ni una semana antes de que el propio Elcano falleciera, el 4 de agosto, siendo su cuerpo arrojado al mar al día siguiente.

Sobre la causa de la muerte, el diario ABC recoge, que aunque tradicionalmente se ha atribuido al escorbuto, los expertos también barajan la ciguatera, una toxina de pescado, apoyándose en la crónica de Andrés de Urdaneta, quien relató que Loaísa había invitado a comer a varios oficiales, entre ellos Elcano, poco antes de que aparecieran los síntomas. La nave, finalmente, alcanzó las Molucas el 29 de octubre de 1526 con apenas un centenar de los 450 hombres que habían zarpado de La Coruña.

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