Hay barcos que son auténticas leyendas sobre el agua, y el Christina O es uno de ellos. El mítico yate que perteneció al armador griego Aristóteles Onassis vuelve al mercado con un precio de venta de 52 millones de euros, una operación gestionada por la firma especializada Morcavia Yachting en nombre de su actual propietario. Una cifra al alcance de muy pocos bolsillos, aunque quienes quieran experimentar la vida a bordo sin necesidad de comprarlo todavía tienen una alternativa este verano: alquilarlo por unos 700.000 euros por semana, una tarifa a la que hay que sumar gastos como el combustible, el IVA o las provisiones.
Este capricho navegante es mucho más que un superyate. Representa toda una época en la que el lujo se medía por los invitados que subían a bordo. Su historia comenzó, sin embargo, muy lejos del glamour. Fue construido en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, como una fragata de la Marina Real Canadiense. Tras el conflicto quedó fuera de servicio y, en 1954, Aristóteles Onassis lo adquirió para darle una segunda vida. El magnate griego invirtió una fortuna en transformar aquel buque militar en el yate privado más famoso del mundo, un auténtico palacio flotante que pronto se convertiría en el escenario de fiestas, reuniones diplomáticas y vacaciones de la élite internacional.

Con 99,13 metros de eslora, el Christina O mantiene intacta la esencia de aquella época dorada. Puede alojar a 34 invitados en 17 lujosos camarotes, atendidos por una tripulación de hasta 39 personas, y ofrece todas las comodidades propias de un hotel de cinco estrellas sobre el mar. A bordo hay gimnasio, spa, salón de belleza, biblioteca, cine, ascensor y amplias cubiertas para disfrutar de la navegación. Uno de sus rincones más icónicos sigue siendo la piscina de mosaico, cuyo fondo hidráulico permite convertirla en una pista de baile en apenas unos minutos, una de las extravagancias que mejor representan el espíritu festivo que Onassis quiso imprimir al barco.
Carácter e historia en cubierta
Más allá de sus dimensiones y su historia, el superyate destaca por una personalidad única que se aprecia especialmente en sus interiores. El legendario Ari’s Bar, bautizado en honor al propio Onassis, conserva una decoración un tanto peculiar a la vez que considerada uno de los detalles más comentados de la embarcación desde hace décadas, debido a sus famosos taburetes revestidos en cuero de prepucio de ballena. Tampoco faltan el elegante salón dedicado a Maria Callas, gran amor del armador griego durante años, ni el comedor conocido como Jacqueline Kennedy, un guiño a quien acabaría convirtiéndose en su esposa tras el asesinato del presidente estadounidense. Cada estancia recuerda que este barco fue concebido para impresionar tanto por su lujo como por las historias que navegaba.
Y es que pocos yates pueden presumir de haber reunido entre sus cubiertas a tantas figuras históricas. Winston Churchill, John F. Kennedy, Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor, Frank Sinatra, Grace Kelly o Eva Perón fueron algunos de los invitados que navegaron junto a Onassis. En el Christina O se cerraron negocios, se celebraron fiestas inolvidables y también se escribieron algunos de los capítulos más conocidos de la prensa del corazón. Fue el refugio donde el empresario vivió buena parte de su relación con Maria Callas y, años después, uno de los escenarios elegidos para sus travesías junto a Jacqueline Kennedy, convirtiendo cada viaje en un acontecimiento seguido por la prensa internacional.
Un nuevo capítulo
Tras la muerte de Onassis en 1975, el yate pasó por distintos propietarios e incluso fue donado al Estado griego, aunque terminó deteriorándose con el paso del tiempo. No fue hasta finales de los años noventa cuando el empresario John Paul Papanicolaou lo adquirió y financió una ambiciosa restauración, valorada en alrededor de 50 millones de dólares, que se prolongó entre 1999 y 2001. El objetivo era recuperar el esplendor original de la embarcación respetando su esencia, pero incorporando todas las comodidades y los estándares técnicos de un superyate del siglo XXI.

Más de siete décadas después de su botadura y medio siglo después de convertirse en el gran símbolo flotante de Aristóteles Onassis, el Christina O vuelve a buscar dueño. Quien decida hacerse con él no solo comprará un yate de casi cien metros de eslora, sino también una pieza irrepetible de la historia del siglo XX. Porque hay embarcaciones que destacan por su diseño o su tecnología, pero muy pocas pueden presumir de haber sido testigos de algunos de los encuentros, romances y celebraciones más legendarios del último siglo.

