Nautik Magazine

Diario de a bordo: capítulo 22 | «Carita: un refugio antes de la travesía oceánica», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online.

Los días en la bahía de Carita, aún en Indonesia, pasan muy rápido y distraídos. Durante el día, sobre las 08:00 h, empiezan a rondar las motos de agua y las lanchas arrastrando a turistas en flotadores con forma de plátano. Yo sigo con mi lista de trabajos para dejar al Sofía listo para el Índico. Siempre que pasan cerca y me ven en cubierta, gritan un «hello mister». Más tarde, sobre las 11:00 h, vienen los pescadores a lanzar sus redes. Hay bastante tráfico hasta las 17:00 h, cuando de repente todo se calma y solo se oye el canto de la mezquita y las olas en la playa. Con la calma, me ducho y tengo tiempo para mí. Normalmente, sobre las 15:00 h, empieza a llover y llegan los chubascos; sin embargo, las noches son claras y estrelladas. El Sofía descansa inmóvil; la bahía nos protege del viento y del mar de fondo.


Hace siete días que no bajo del barco y decido ir a explorar tierra para estirar las piernas. Dejo el bote amarrado a un poste de un pequeño embarcadero que hay a escasos metros de la popa del Sofía. Conozco a los locales que suelen pasar el día sentados en sus sillas, a la sombra de una caseta. Algunos trabajan en lo que ellos llaman marina. Solo veo un bote de madera y dos barcos de pesca que, con la marea baja y el poco calado, están varados en el fondo. Otros son pescadores. Salgo a la calle principal, a unos 50 metros. Es una carretera, a simple vista bien asfaltada, que recorre toda la costa oeste de Java. A ambos lados está llena de casetas de madera, en mal estado, donde los locales se refugian del sol mientras venden fruta o verdura. Al ser una costa turística, hay hoteles de unas ocho plantas situados a pie de playa. De jueves a domingo, se masifica; la playa se llena de gente y los coches conquistan la carretera principal, utilizando el arcén como aparcamiento. Encuentro un warung, típico sitio local para comer y empieza a diluviar. La temperatura se suaviza y entra aire frío. Como arroz frito con pollo y un té de limón por 1,75 euros. Vuelvo al barco y descanso mientras el Sofía se endulza con la lluvia que cae.


La misión de hoy es conseguir algo de comida fresca y diésel. Descargo seis bidones en el bote para llevarlos a tierra y llenarlos en la gasolinera. En la «marina», conozco a un chico joven que se ofrece a llevarme en camioneta hasta la gasolinera. En media hora, ya estoy de vuelta en el Sofía y solo falta estibarlos. Vuelvo a tierra y, esta vez, en moto, me lleva al mercado tradicional de Carita. Mantiene los rasgos principales del de Belitung: mucha circulación entre puestos, motos y gente andando, además de un ambiente alborotado. Puedo comprar todo lo que necesito y todo tiene muy buena pinta. Damos un paseo por el centro del mercado y volvemos a la moto. Ya en la «marina», me ayuda a cargar todo en el bote. No quiere nada a cambio; no acepta nada. Le invito a bordo a tomar un café y le enseño el Sofía. Me cuenta que nunca había visto un velero por dentro y que por esa zona no pasan muchos veleros.


A pesar de ser una bahía masificada y con muchos turistas, tiene su encanto. Pero lo más importante es que me ha mantenido protegido de los vientos y del mar de fondo en todo momento. Así he podido trabajar cómodo y descansar tranquilo. Desde la «marina» hacia el sur se concentra toda la gente, así que, en mis paseos al atardecer, camino por la costa en dirección norte. Hay un sendero que discurre cerca de las rocas de la costa. Normalmente voy hacia esa dirección y, si el cielo no está muy cubierto, el arrecife se ve rodeado de peces. Desde este camino se ve la carretera principal, que discurre más hacia el interior.


Los trabajos van a buen ritmo y en breve estaremos listos para zarpar y comenzar el océano Índico. Ahora falta una buena ventana de tiempo para la travesía. Es una buena época, meteorológicamente hablando, para hacer esta travesía. El viento aún no está tan estable como debería, pero a medida que pasan los días voy viendo que las cosas se van poniendo en su sitio. Es complicado tener una ventana de tiempo perfecta porque los primeros días estaré saliendo de la zona bajo la influencia de Indonesia. Chubascos, vientos variables, lluvia y un poco de mar movido serán el menú para los primeros días de travesía. El resto de la travesía, como la meteorología está tan cambiante, ya lo iremos viendo sobre la marcha. Cada día, en la nueva actualización, cambia algo; otra señal de que los vientos aún no se están comportando como deberían para esta época del año. Tenemos paciencia, no hay prisa. Estamos preparados para zarpar, pero aún tardaremos cinco días más en encontrar la ventana de tiempo que más nos convence. Hemos de aprovechar esta ventana porque no tiene pinta de que vaya a haber otra mejor en los próximos días.

Los nervios previos empiezan. La meteorología ha estado cambiando mucho y tengo la incertidumbre de cómo será realmente; sin embargo, zarpamos rumbo al océano. Solo quería volver a hacer navegación oceánica. Esto es brutal. Vuelvo a sentir al Sofía en su zona de confort, ganando millas con las velas desplegadas hacia Cocos Keeling, una isla situada a 600 millas al suroeste de Indonesia.