Usted sube a un barco de Costa, de Cunard o de Seabourn en Barcelona, en Valencia o en Málaga. Deja sus objetos personales en el camarote (el equipaje más voluminoso se lo llevarán directamente a la cabina) y empieza a hacerse con los espacios del buque. Como usted es una persona curiosa, a la hora de zarpar sale a cubierta a ver cómo se abandona el puerto. Lo que no sabe, lo que casi nadie sabe, es que el capitán o capitana y los oficiales que están en el puente de mando en ese momento probablemente ya han hecho esa misma maniobra antes. No solo en directo, sino también en una sala de Almere, una ciudad nueva de los Países Bajos a veinte minutos de Ámsterdam.

Allí, dentro del complejo conocido como Arison Maritime Center, Carnival Corporation tiene y opera el C-SMART, siglas de Center for Simulator Maritime Training. El mayor grupo de cruceros del mundo (con marcas como Costa Cruceros, AIDA Cruises, Carnival, Cunard, Holland America Line, P&O, Princess y Seabourn) cuenta así con un centro de formación marítima único en el mundo.
Está pensado para reforzar las competencias de los oficiales de puente y de máquinas de todas sus navieras. La intención es clara: con esa formación continua, quieren garantizar los más altos estándares de seguridad a bordo. Quien forma parte de cualquiera de las navieras del grupo tiene estos cursos incluidos de forma cíclica a lo largo de su carrera.
El centro ocupa 11.000 metros cuadrados, con 16 aulas y ocho salas de debriefing. Tiene también un centro médico propio que emite el Seafarers Medical Certificate, la certificación obligatoria para trabajar en el mar, además de realizar las revisiones médicas que la normativa exige cada dos años. El año pasado, cerca de 6.000 oficiales de puente y máquinas pasaron por sus programas de formación.
Seis puentes, cuatro salas de máquinas, sesenta puertos

Lo que lo hace único, y es su corazón tecnológico, son los seis simuladores de puente de mando y los cuatro de sala de máquinas de misión completa. A ellos se suman más de 40 estaciones de simulación parcial. La fidelidad técnica es notable. Dentro de estas salas ficticias, que reproducen fielmente los espacios reales, los puentes de navegación ofrecen un campo de visión cilíndrico de 220 grados. Hay alerones de proyección en cúpula de 180 grados y pantallas OLED curvas que combinan dieciséis paneles 4K. En las salas de máquinas, la tecnología Azipod y los sistemas de propulsión y generación eléctrica se reproducen con el mismo aspecto, los mismos sonidos y la misma disposición que en un buque real.
La recreación es tan fiel, y todo responde de un modo tan preciso, que uno olvida que está en un edificio en tierra y no a bordo de un barco en navegación. La base de datos del centro incluye los modelos exactos de los buques de la flota de todas las filiales de la corporación, que ya son más de 90, y 60 áreas de navegación específicas: desde Los Ángeles, Nueva York o Miami hasta Copenhague, Estocolmo, Singapur o Glacier Bay, en Alaska, además de algunos puertos españoles.

Un oficial de Costa o del resto de navieras de la corporación puede así entrenarse sobre la réplica virtual exacta del barco en el que trabaja, navegando por sus rutas habituales. Todo es modificable en tiempo real: el estado de la mar, el tráfico, la visibilidad, incluso fenómenos como interferencias con el tráfico aéreo, hallazgos de náufragos o maniobras para evitar a la fauna marina.

Mark Jackson, director del C-SMART, resume con una reflexión la evolución del oficio: «Todo ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Sigue existiendo una jerarquía y la experiencia que te va haciendo subir en los puestos, aunque en estos trabajos ya no es todo ‘lo que diga el capitán esté bien o no’: todo el mundo sabe aún más de lo suyo, y sus compañeros de todos los rangos aportan su experiencia aquí».
Entrenar lo que quizá nunca ocurra
Los programas de formación están acreditados por la Maritime and Coastguard Agency del Reino Unido y otros organismos internacionales. Se organizan principalmente en torno al Bridge Resource Management (BRM) y al Engine Resource Management (ERM), centrados en la gestión de los recursos del puente y de la sala de máquinas, tanto en operaciones rutinarias como en escenarios de crisis. Es un modelo de entrenamiento continuo que la marina mercante ha tomado en préstamo de la aviación comercial, donde lleva décadas siendo norma.

Mauro Muratore, italiano y durante años oficial en la flota de Costa, es hoy jefe de instrucción en C-SMART. Para él, la clave está en algo que va más allá del conocimiento técnico: «Es muy importante estar aquí, no solo porque te centras en mejorar conocimientos, sino por la experiencia de poder realizar todo tipo de maniobras en un barco, incluso las que quizá nunca te pasen». Muratore habla también de otros factores que van más allá navegar: «Hay algo fundamental: la psicología. Antes lo importante era la experiencia, y hoy también, aunque ahora ser una persona equilibrada y someterse a pruebas psicológicas que digan cómo eres realmente como persona y como marino es clave para estar a bordo. Los ‘capitanes intrépidos’ están para los libros», dice.
El S-100 se estrena en Almere
El C-SMART no solo forma a su gente. También desarrolla tareas de investigación. El pasado mes de abril, el centro completó una serie de pruebas sobre el S-100, el nuevo estándar digital de la Organización Hidrográfica Internacional (IHO). Este sistema integra en una sola plataforma las cartas electrónicas de navegación, los datos batimétricos, los niveles de agua, las corrientes marinas y los avisos a la navegación de los barcos.

La iniciativa, reconocida oficialmente por la IHO como Test Bed y Sea Trial, reunió a oficinas hidrográficas de Reino Unido, Países Bajos, Australia y Nueva Zelanda, junto a autoridades portuarias y varios socios tecnológicos. Juntos recrearon escenarios en puertos como Rotterdam, Southampton y Melbourne. Cuando el S-100 llegue de forma generalizada a los puentes de mando reales, los oficiales formados aquí ya habrán practicado con él en cientos de simulaciones.

Una curiosidad final: dentro del propio complejo hay incluso un hotel de once plantas y 176 habitaciones, donde se alojan los participantes durante sus cursos. Las vistas sobre el Markermeer, un lago de unos 700 km² con Ámsterdam como fondo, una playa y una marina deportiva al pie del edificio, son un lugar envidiable.
Dormir bien y disponer de un entorno adecuado para el estudio, explican en el centro, forma parte del proceso de aprendizaje tanto como las horas y los días que se pasan a los mandos de un buque oceánico. Así que la próxima vez que usted suba a un barco y salga a cubierta a ver cómo se abandona el puerto, sepa que esa maniobra que observa con tanta naturalidad ya se ensayó antes, decenas de veces, en una sala de Almere.
Lo que se simula en tierra aporta mucho a lo que ocurre en el mar.

