Venecia no puede más. La Serenísima está cansada de ser tratada como un mero atrezo. Sus populares canales y bella fachada son de película, pero sus calles y habitantes son de verdad y buscan vivir en paz en su ciudad. Tras aguantar la estrafalaria y excéntrica boda de Jeff Bezos y Lauren Sánchez hace justo un año, Venecia está cuestionando una manifestación por parte de otro estadounidense. Esta vez, la polémica corre a cargo del embajador de Estados Unidos en Italia, Tilman Fertitta, quien pretende participar en la Fiesta del Redentor subido a la eslora de su yate de 117 metros, Boardwalk.
Colectivos vecinales y ecologistas han recibido esta declaración de intenciones por parte del magnate estadounidense como una ofensa y falta de respeto. ¿Por qué? Los opositores sostienen que la presencia del multimillonario -Fertittacuenta con un patrimonio de 11.000 millones de dólares– representa una nueva muestra de ostentación y de explotación turística de la ciudad, un ejemplo más del uso de la ciudad como escaparate para las grandes fortunas.
Bajo el lema «Venezia non si USA», un juego de palabras que significa tanto «Venecia no se usa» como «Venecia no es Estados Unidos», el colectivo Laboratorio Occupato Morion y otros grupos de activistas han advertido que el superyate de Fertitta no será bienvenido durante la Fiesta del Redentor, una celebración religiosa e histórica que recuerda el fin de la devastadora peste que asoló la ciudad en 1577.

Dos puntos de vista
La Embajada de Estados Unidos ha defendido el viaje asegurando que forma parte de una iniciativa de «diplomacia costera» para conmemorar el 250 aniversario de la independencia estadounidense y reforzar los vínculos entre Washington y Roma. Sin embargo, los críticos consideran que resulta contradictorio celebrar un acto diplomático a bordo de una de las embarcaciones privadas más lujosas del mundo, en un momento en el que muchos residentes denuncian el aumento del coste de la vida y las dificultades para acceder a una vivienda en Venecia.
Boardwalk, una declaración de intenciones
Fertitta, empresario conocido también por ser propietario de los Houston Rockets de la NBA, ya ha trasladado el Boardwalk al puerto de San Vincenzo, en Nápoles, desde donde prevé navegar hasta el norte del Adriático. Su embarcación, de 117 metros de eslora y valorada en cerca de 400 millones de euros, dispone de 27 camarotes para la tripulación, 11 suites para invitados, dos piscinas, dos helipuertos, varios gimnasios, un spa y espacio para motos acuáticas y otras embarcaciones auxiliares. Como curiosidad, el yate navega bajo bandera de las Islas Caimán pese a pertenecer al embajador estadounidense.

¿Habrá fiesta? ¿o no?
Las autoridades venecianas todavía no han decidido si concederán el permiso necesario para que el Boardwalk pueda participar en la Fiesta del Redentor -celebrada del 18 al 19 de julio- desde la laguna.
Según informan varios medios italianos, los activistas preparan nuevas movilizaciones para mostrar su rechazo. Entre las acciones previstas figura una manifestación el próximo 4 de julio, coincidiendo con el Día de la Independencia de Estados Unidos, así como una salida masiva de embarcaciones el 17 de julio, víspera de la llegada prevista de Fertitta a la ciudad.
El caso vuelve a abrir el debate sobre el impacto del turismo de lujo en Venecia y el difícil equilibrio entre atraer visitantes de alto poder adquisitivo y preservar la identidad de una ciudad que cada vez muestra mayor cansancio ante este tipo de eventos. Para muchos vecinos, la polémica del Boardwalk supone un nuevo capítulo en la lucha por evitar que la ciudad se convierta, una vez más, en el escenario privado de las grandes fortunas internacionales. Porque Venecia, por muy de película que sea, también es una ciudad con identidad y vida propia.

