Nautik Magazine

En las entrañas de la mejor fábrica de mástiles del planeta

Nautik Magazine accede a las instalaciones de Southern Spars en Polonia, donde se construyen los palos más avanzados del mundo.

Justo en el centro de Europa, en las afueras de la localidad polaca de Bazanowice, se encuentra una espectacular instalación donde se fabrican los mejores mástiles del mundo. Southern Spars eligió en este atípico enclave para una empresa náutica debido a su equidistancia con los grandes mares que rodean Europa: el mar Báltico, el mar del Norte, el Adriático, el mar Negro y el Mediterráneo, además de tener sinergias con algunas empresas de la zona. Nautik Magazine ha tenido el privilegio de visitar las entrañas de esta espectacular factoría, que alberga la última tecnología del diseño náutico.

Por ponernos en contexto, Southern Spars pertenece a North Technology Group, un conglomerado empresarial que es propiedad de Oakley Capital, liderado por el legendario Peter Doubens y que apoya también al desafío inglés para la Copa América. Al grupo pertenecen también, entre otras empresas, Hall Spars, Rig Pro o Future Fibres (los mejores fabricantes de jarcias del planeta) y las velerías North Sails, Doyle y Quantum. North Technology Group tiene más de 2500 empleados y 100 centros de producción y servicio alrededor del planeta.

Dentro de este escenario, Southern Spars se dedica a los barcos de regata de alto nivel y a los superyates. En la visita a Polonia, tuvimos la ocasión de comprobar de primera mano los secretos de una de sus mayores aportaciones al mundo de la vela: el DynaRig. Su espectacularidad la hemos visto en directo todos los que navegamos por el Mediterráneo, ya que es el sistema que usan dos de los veleros más impactantes del planeta: el Halcón Maltés y el Black Pearl, dos superyates que costaron 100 y 200 millones de euros respectivamente y que demostraron que el DynaRig es el futuro de la navegación a vela en estas esloras.

El sistema DynaRig, concebido originalmente en la década de 1960 por el ingeniero alemán William Prols para afrontar la crisis del combustible en la marina mercante, consiste en un rediseño de la vela cuadra tradicional (cuyo ejemplo gráfico más claro son las carabelas de Cristóbal Colón). El aparejo prescinde de la jarcia convencional y se basa en un mástil rotativo de fibra de carbono que atraviesa la cubierta hasta la quilla. Al girar sobre sí mismo, el mástil orienta y trima las velas, que se guardan enrolladas en su interior.

Tuvimos la fortuna de descubrir que en el meollo de este desarrollo trabaja la ingeniera naval española Martina Reche Vilanova, actual technical manager de North Windships, la división de North Technology Group encargada de desarrollar y adaptar el sistema de aparejo DynaRig al sector de los superyates y los barcos comerciales. Reche Vilanova nos explica que una de las principales ventajas de esta tecnología radica en la división de la superficie vélica en cinco paneles rectangulares (tres inferiores idénticos y dos superiores más pequeños debido al efecto ‘tapered’ del Dynarig). Esta configuración permite fraccionar las cargas estructurales y emplear materiales más económicos. «Al ser paneles mucho más pequeños, las cargas en cada panel o cada vela son mucho menores que si fuese una superficie única, y lo que podemos hacer es producirlas en Dacron, que obviamente es mucho más barato y supone una reducción del coste significativa», señala Martina.

La facilidad de operación es otro de los factores determinantes del sistema, ya que permite controlar miles de metros cuadrados de superficie vélica mediante un panel de control automatizado en el puente de mando. «Lo puedes operar todo con solo una persona. Todo se trima desde un panel de control, unos botoncitos en el puente. El trimado en sí es muy simple», afirma Reche Vilanova. Esta simplicidad operativa se traduce en un incremento del tiempo de navegación a vela. Según datos de la tripulación del Black Pearl, el barco opera a vela más del 80 por ciento del tiempo y, en sus cruces del Atlántico de 3.650 millas, ha registrado un ahorro de 82 toneladas de combustible, evitando la emisión de 260 toneladas de CO2.

«Hacer un sistema como el DynaRig, que sea tan fácil de utilizar, lo que nos da es mucho más tiempo a vela, porque sacamos las velas más a menudo y las utilizamos más, lo que genera unos ahorros brutales de combustible», apunta la ingeniera española, quien añade que esto permite «utilizar más la energía verde que es el viento, una energía brutal que está en el mar y que se ha utilizado durante milenios».

En la actualidad, North Windships y Southern Spars trabajan en nuevos desarrollos que expanden los límites de esta tecnología. Entre ellos destaca la construcción del aparejo DynaRig más grande hasta la fecha, destinado a un superyate de más de 120 metros de eslora que contará con dos mástiles y una superficie vélica de 3.500 metros cuadrados. Asimismo, aplican el sistema en un catamarán de 58 metros para uso mixto de recreo y pasajeros, y en el sector comercial a través del nuevo barco oceanográfico de Greenpeace, de 75 metros de eslora, que equipará dos unidades DynaRig.

Reche Vilanova se muestra optimista respecto a la implantación de este sistema en los grandes buques del transporte marítimo mundial, como los portacontenedores y los petroleros. «La industria marítima tiene que reducir emisiones. Nos encontramos en un punto similar, pero ahora es distinto a cuando se inventó el DynaRig en los 60. Los combustibles han subido de precio, pero también hay todo un tema de reducir emisiones porque los buques están obligados por regulación internacional. Lo que estamos haciendo es esta tecnología que tenemos ya en los superyates, llevarla al mundo comercial a través de nuestra DynaRig comercial».

El futuro de la tecnología pasa por la digitalización y la autonomía total del aparejo. Los mástiles actuales incorporan sensores de fibra óptica integrados en el composite de carbono para monitorizar activamente las cargas estructurales y el empuje en tiempo real. El equipo de ingeniería trabaja ahora en el desarrollo de un piloto automático de trimado. «Lo que estamos trabajando ahora mucho es en hacer este piloto automático y dar más nivel de autonomía al DynaRig para que en un futuro pueda operar completamente por sí sola. Si estás cruzando el Atlántico o ese día no te apetece trimar las velas, puedes poner el piloto automático y que ellas mismas se regulen y se pongan en el trim óptimo dependiendo de lo que tú quieras: si quieres ir al máximo de rápido o si te interesa el confort y que no escore mucho el barco», concluye Reche Vilanova.