Aunque parezca extraño, el hormigón fue un material muy usual en la construcción de barcos hace décadas.
Aunque nos cueste imaginarlo, el hormigón es tan buen material como cualquier otro para construir un barco, que flota gracias al principio de Arquímedes, por el cual todo cuerpo sumergido experimenta una fuerza hacia arriba igual al peso del agua que desaloja. Y, efectivamente, los barcos de hormigón armado existieron durante varias décadas y cruzaron tanto el Atlántico como el Pacífico e incluso desempeñaron un papel crucial en el desembarco del Día D. La invención del hormigón armado se atribuye al inventor francés Joseph-Louis Lambot, que en los años cuarenta del siglo XIX comenzó a construir depósitos de agua y abrevaderos utilizando mortero de cemento (mampostería) y refuerzos de hierro en forma de varillas, malla metálica y, posiblemente, aros de barril. Pero, sorprendentemente, antes de emplear el hormigón armado para la estructura de una casa, lo primero que se le ocurrió construir a Lambot con ese material fue un barco, que probó en 1848 en el lago de Besse-sur-Issole.
Después de Lambot, otros siguieron su ejemplo y crearon una serie de diseños experimentales en las décadas siguientes. Pero, de todos esos barcos primitivos, el más destacado es el vapor marítimo noruego Namsenfjord, una embarcación de 84 pies de eslora (25 metros) creada por el ingeniero noruego Nicolay Knudtzon Fougner. Fue botado el 2 de agosto de 1917, justo cuando Estados Unidos entraba en la Primera Guerra Mundial, después de que Alemania reanudara sin restricciones la guerra submarina y los barcos aliados se hundieran uno tras otro en el fondo del océano. Con el suministro de acero incapaz de dar abasto a la demanda de producción de buques, la Marina de los Estados Unidos contrató a Fougner para diseñar la primera flota mundial de buques de emergencia de ferrocemento, que, por esas cosas de las casualidades, no llegaron a entrar en combate, porque la Gran Guerra finalizó cuando solo se habían terminado doce de los 24 barcos contratados. ¿Su destino? Diverso, pero varios de ellos se convirtieron en casinos ilegales flotantes…

¿Qué ventajas tiene el hormigón armado? Que es tres veces menos denso que el acero e infinitamente más resistente a la corrosión del agua salada. ¿Inconvenientes? Los barcos de hormigón son mucho más pesados que los de acero o aluminio, necesitan cascos más gruesos y consumen más combustible para la misma carga y velocidad. Además, tienen menor flexibilidad estructural frente al oleaje, un peor comportamiento ante impactos y sus reparaciones son más complejas. Por eso, nunca se convirtieron en una alternativa económica real a los barcos mercantes o de guerra… aunque en la Segunda Guerra Mundial, cuando los submarinos alemanes enviaron 3.000 buques aliados al fondo del mar y la escasez de acero volvió a ser un problema, Estados Unidos y Reino Unido tuvieron que volver a recurrir, como solución de emergencia, al hormigón armado.

