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Cuando empieza la temporada

El Palma International Boat Show marca el inicio de la temporada náutica en Baleares

Chema Sans, Director de Palma International Boat Show

En Baleares no hace falta mirar el calendario para saber que la temporada náutica ha comenzado. Basta acercarse al puerto de Palma una mañana de primavera y observar el movimiento: grúas que despiertan, colas de embarcaciones sobre remolques, estructuras con grandes pantallas, tripulaciones revisando cabos, técnicos que caminan deprisa con herramientas bajo el brazo y capitanes que, café en mano, miran el cielo como si consultaran un barómetro invisible.

Es entonces cuando uno comprende que el Palma International Boat Show ha vuelto a abrir sus puertas. Sobre el papel es una feria profesional, un evento económico, una cita de negocios. Y lo es. Pero también es el momento en que Baleares levanta el telón de la temporada marítima, como si el archipiélago entero se pusiera en marcha con la puntualidad tranquila de las cosas que llevan años haciéndose bien.

Con el tiempo, el salón ha contribuido a internacionalizar la náutica balear, atrayendo a empresas, astilleros, ingenierías y especialistas de medio mundo. Muchos llegaron para participar unos días… y terminaron quedándose.

Así, casi sin discursos ni ceremonias, fue tomando forma una de las redes de servicios náuticos más especializadas del Mediterráneo: carpinteros de ribera que aún saben escuchar la madera, ingenieros que hablan el idioma de la fibra y del aluminio, técnicos capaces de resolver averías que empiezan siendo misteriosas y acaban siendo, no pocas veces, simples.

No es poca cosa.

Hoy Baleares es uno de los grandes talleres náuticos del Mediterráneo: un ecosistema dinámico donde conviven tradición, innovación y cierta improvisación mediterránea que, curiosamente, casi siempre acaba funcionando.

‘El salón ha ayudado a crear negocio y una afición que suele quedarse’

El Palma International Boat Show actúa como punto de encuentro de todo ese mundo. Durante unos días, Palma reúne a empresas, profesionales y aficionados llegados de muchos rincones del planeta. Algunos vienen a cerrar acuerdos, otros a descubrir proyectos y muchos —conviene decirlo— simplemente porque disfrutan mirando barcos con esa mezcla de curiosidad y respeto que despiertan las cosas bien hechas.

Porque si algo ha conseguido este salón, además de actividad económica y proyección internacional, es algo quizá más sencillo y más importante: crear afición. Y, con frecuencia, convencerla de quedarse.

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