Los cruceros suelen generar cierto escepticismo, a menudo asociados a grandes barcos y puertos masificados más que a la conservación. Sin embargo, la industria también puede crear vínculos duraderos con un territorio.
Un reciente informe del World Travel & Tourism Council, publicado el 10 de abril de 2026, reveló que más del 60% de los viajeros de cruceros regresan a destinos que descubrieron por primera vez a bordo.
En el sudeste de Alaska, una pequeña naviera sin ánimo de lucro lleva décadas trabajando para que esos primeros encuentros no solo inspiren asombro o una visita de regreso, sino que conviertan a los viajeros en defensores de la conservación.
Entrevisté a Hunter McIntosh, presidente y director ejecutivo de The Boat Company, y a Kate Glover, abogada senior de Earthjustice, para analizar cómo la colaboración entre una firma legal ambiental y una naviera sin ánimo de lucro contribuye a proteger el Tongass National Forest en Alaska.
Una pequeña naviera de Alaska que eligió la conservación frente al beneficio
Hace casi 50 años, Michael McIntosh, padre de Hunter, junto con líderes de importantes organizaciones medioambientales de Estados Unidos, incluido el Natural Resources Defense Council, realizó un viaje en velero por el sudeste de Alaska para observar los efectos de la tala en el Tongass National Forest.

Durante ese viaje, estos líderes le dijeron: “Michael, deberías crear una naviera para que podamos traer aquí a nuestros principales donantes y mostrarles lo que está ocurriendo”.
Aceptó la propuesta y fundó The Boat Company en 1979, como parte de la McIntosh Foundation.
“Ahora hemos evolucionado”, explicó Hunter en una entrevista por Zoom. “Nos hemos convertido en una organización independiente sin ánimo de lucro con dos embarcaciones que operan durante una temporada de 18 semanas. Llevamos entre 20 y 25 viajeros a bordo, principalmente de Estados Unidos continental, pero también de Europa, para que vean los mismos paisajes que mi padre descubrió hace 50 años”.
Para Hunter, esta historia no es solo el origen de la empresa, sino la razón por la que ha resistido convertir The Boat Company en algo más grande y convencional.
Explicó que el carácter no lucrativo de la compañía es precisamente lo que atrae a sus clientes. Aunque una parte del precio es deducible de impuestos, los viajeros saben que otra parte de su dinero contribuye a proteger el lugar que han venido a conocer. Añadió además que entre el 70% y el 75% de los clientes repiten, un nivel de fidelidad poco habitual en la industria de cruceros.

Hunter espera que la empresa crezca, pero solo si puede hacerlo manteniendo su esencia sin ánimo de lucro y su compromiso con la conservación.
La alianza detrás de la defensa del Tongass
La relación entre The Boat Company y Earthjustice se remonta a sus inicios, cuando esta última era conocida como Sierra Club Legal Defense Fund y Michael McIntosh financió la apertura de su oficina en Juneau a través de la McIntosh Foundation.
“Earthjustice es una firma legal sin ánimo de lucro que trabaja con organizaciones ambientales, tribus y comunidades para abordar algunos de los desafíos más importantes en la protección del medio ambiente”, explicó Kate durante nuestra conversación.
The Boat Company no es el único aliado, sino parte de una coalición más amplia representada por Earthjustice en la defensa del Tongass National Forest.
Kate describió la relación con la naviera como algo que va más allá de las donaciones.
“Lo más importante es que el turismo apoya la economía de la región y permite que las personas conozcan este lugar para entender por qué debemos protegerlo”, afirmó.
“Creo que de quienes visitan el Tongass surgen auténticos defensores de este territorio”, añadió.
Por qué la lucha por el Tongass va más allá de los árboles
Kate lo expresó con claridad: “El bosque antiguo del Tongass es una potencia de carbono, ya que almacena el 20% del carbono de todos los bosques nacionales de Estados Unidos. Es un salvavidas climático y debemos mantener esos árboles en pie”.

Sin embargo, la defensa del Tongass no se limita a salvar árboles. También implica empleo, cultura local y el futuro del sudeste de Alaska.
Las comunidades locales e indígenas dependen de este bosque para su alimentación, tradiciones y vida cotidiana mediante la caza, la pesca y la recolección de subsistencia. Además, estos ecosistemas intactos protegen pesquerías, agua potable y cuencas hidrográficas saludables.
Pero la batalla también es económica, aunque no en el sentido que suele plantear la industria maderera. “La economía del sudeste de Alaska se basa principalmente en el turismo y la pesca comercial, no en la tala”, explicó Kate. Señaló, por ejemplo, que una cuarta parte del salmón de toda la costa oeste de EE. UU. proviene de los ríos del Tongass.

El informe Southeast Alaska by the Numbers 2025 confirma esta realidad. En 2024, el turismo generó 8.589 empleos y la industria pesquera 3.109, representando juntos cerca de una cuarta parte de la fuerza laboral regional. En contraste, la industria maderera apenas generó 274 empleos, alrededor del 0,6%.
Hunter coincide: lo que ocurre en el Tongass afecta a todos los sectores.
“Al final, lo que pase en el Tongass impacta a todos”, afirmó.
El Tongass no es solo un paisaje espectacular, sino una infraestructura viva para ecosistemas, economías y comunidades. “Lo que todos estamos haciendo es mantener vivo el Tongass”, concluyó Hunter.

Por qué no todo el turismo impacta igual
El turismo de grandes cruceros y el de pequeñas navieras con misión ambiental no deberían considerarse equivalentes. Tanto Kate como Hunter perciben esa diferencia en su impacto directo.
Kate señaló que el sudeste de Alaska ha experimentado un fuerte aumento del turismo de grandes cruceros, generando tensiones en las comunidades locales, que buscan equilibrar beneficios económicos con calidad de vida.

Hunter fue más directo, describiendo una “clara falta de simpatía” hacia los grandes buques, aunque se reconozca su impacto económico.
La diferencia no es solo de tamaño, sino de propósito. Ambos modelos llevan visitantes a Alaska, pero la pregunta es qué dejan atrás: presión sobre infraestructuras o un compromiso duradero con el entorno.
¿Qué viene ahora?
La lucha está lejos de terminar. “Hemos trabajado muy duro durante las últimas dos décadas para defender la Roadless Rule”, explicó Kate. Sin embargo, nos encontramos en un nuevo punto de inflexión.

El Servicio Forestal de EE. UU. planea revisar el plan del Tongass y debilitar la Roadless Rule de 2001, lo que permitiría reabrir zonas protegidas a la construcción de carreteras y la tala. Earthjustice, junto con The Boat Company y otros aliados, se prepara para la siguiente fase.

Hunter subrayó la importancia de la presión pública. “Nuestras voces cuentan si se escuchan”, afirmó.
Animó a los lectores a mantenerse informados, participar en consultas públicas y contactar con representantes políticos cuando las protecciones estén en riesgo.
“No tengáis miedo de llamar a vuestros senadores o congresistas y decir: no estoy de acuerdo con eliminar la Roadless Rule”.

