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El superyate incautado ‘Royal Romance’ sale por fin a la venta tras años de limbo legal

La incautación del megayate vinculado a Viktor Medvedchuk abre una nueva etapa para una de las embarcaciones más sofisticadas construidas en Europa

El ‘Royal Romance’, de 92,5 metros de eslora y 14,3 de manga, combina casco de acero y superestructura de aluminio. Está propulsado por motores MTU que le permiten alcanzar 16 nudos y una autonomía estimada de 5.000 millas náuticas. Foto: Benkowski/Pixabay

El Royal Romance, un superyate de 92,5 metros construido por Feadship, vuelve a la actualidad tras su incautación y proceso de venta. Su historia combina ingeniería naval de vanguardia, lujo extremo y un contexto geopolítico que ha marcado su destino.

Un proyecto nacido en la élite de la construcción naval

El ‘Royal Romance’ fue concebido a comienzos de la década de 2010 como uno de los proyectos más ambiciosos del astillero neerlandés Feadship, referencia mundial en la construcción de superyates a medida. Su desarrollo respondió a una demanda clara: crear una embarcación que combinara autonomía oceánica, innovación técnica y niveles de confort propios de una residencia de ultra lujo.

La construcción se llevó a cabo en las instalaciones del grupo en los Países Bajos, con un diseño exterior elegante y atemporal y una arquitectura naval optimizada para largas travesías. Desde su botadura en 2015, el yate destacó por su silueta estilizada y una proa alta que mejora el comportamiento en mar abierta.

Diseñado a medida

Con 92,5 metros de eslora y una manga cercana a los 15 metros, el Royal Romance se sitúa en el segmento de los megayates de gran eslora. Su casco de acero y superestructura de aluminio garantizan resistencia estructural y eficiencia en navegación.

Entre sus principales características sobresale su capacidad para alojar hasta 14 huéspedes en amplias suites, atendidos por una tripulación de alrededor de 20 personas. La vida a bordo se articula en torno a espacios concebidos para el ocio y el bienestar, donde destacan una piscina de generosas dimensiones en la cubierta principal y un beach club con acceso directo al mar, complementados por un completo spa, gimnasio y sala de cine privada. La embarcación también incluye un helipuerto certificado que permite operaciones completas, reforzando su versatilidad y autonomía.

El diseño interior fue encargado a un estudio especializado en lujo contemporáneo, combina materiales nobles —mármol, maderas exóticas y acabados metálicos— con soluciones tecnológicas avanzadas en climatización, insonorización y automatización.

En cuanto a propulsión, el yate está equipado con motores diésel que le permiten alcanzar velocidades en torno a los 15-16 nudos, con una autonomía suficiente para travesías transoceánicas sin escalas frecuentes.

Del refugio privado al foco internacional

El ‘Royal Romance’ adquirió notoriedad internacional al ser vinculado al empresario y político ucraniano Viktor Medvedchuk, considerado cercano al Kremlin. Durante años, el yate operó como una plataforma privada de lujo en el Mediterráneo y otras regiones, manteniéndose fuera del foco mediático.

Sin embargo, el contexto cambió radicalmente tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Como parte de las sanciones internacionales dirigidas a figuras próximas al poder ruso, el yate fue objeto de medidas legales que culminaron en su incautación en Croacia.

Este proceso lo convirtió en uno de los activos más relevantes retenidos en el marco de las sanciones, tanto por su valor económico como por su simbolismo.

Con interiores firmados por Seymour Diamond y diseño exterior de De Voogt, este superyate a motor puede alojar hasta 14 huéspedes en siete cabinas. Foto: MARKmobil.eu / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Cuando el lujo entra en el mercado global

Tras su confiscación, las autoridades iniciaron un proceso para su eventual venta, con el objetivo de destinar los fondos a iniciativas vinculadas a Ucrania. Este paso marca un precedente en la gestión de activos de lujo asociados a sanciones internacionales.

El ‘Royal Romance’ no solo representa un activo de alto valor —estimado en cientos de millones de euros—, sino también un caso paradigmático de cómo los bienes de lujo pueden verse afectados por decisiones geopolíticas.

La subasta, aún en desarrollo, ha despertado el interés de potenciales compradores internacionales, conscientes de la singularidad técnica y el prestigio del buque.

Un futuro incierto para un icono del lujo naval

El destino del ‘Royal Romance’ sigue abierto. Su posible adquisición por un nuevo propietario implicará, previsiblemente, una actualización de interiores y sistemas para adaptarlo a nuevas preferencias, aunque su base estructural y diseño siguen plenamente vigentes.

Más allá de su futuro comercial, el yate ya forma parte de la historia reciente de la náutica de recreo como ejemplo de excelencia constructiva y como símbolo de una etapa marcada por la intersección entre lujo, poder y geopolítica.

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