Nautik Magazine Joaquín Torreblanca

Desconectar como símbolo de status

Paisaje de playa volcánica fotografiado desde una perspectiva aérea, Lanzarote, Islas Canarias, España. GETTY.

Hay gente que se compra una casa para tener un lugar al que volver. Otros, un coche para sentir que avanzan. Y luego están quienes se compran un yate para poder desaparecer. Desaparecer no en un sentido dramático, sino el que supone dejar de estar disponible. Porque hoy estar vivo es, sobre todo, estar localizable. El móvil dice dónde estamos, las fotos con quién, las redes qué pensamos y los algoritmos deducen lo que aún no sabemos de nosotros mismos. Vivimos emitiendo señales sin descanso. Sin darnos cuenta, nos hemos convertido en faros.

Por eso el mar resulta tan sospechosamente atractivo. No por el champán ni por las puestas de sol –que también–, sino por algo mucho menos fotogénico: la posibilidad de no figurar en ninguna parte. Mar adentro, la vida deja de producir metadatos (a no ser que compres el Starlink de Elon Musk y estés siempre conectado). Nadie sabe si uno está leyendo, durmiendo o simplemente mirando la línea del horizonte que no conduce a ninguna notificación. 

La intimidad se convierte en un realista decorado: se mueve, no tiene esquinas, no se deja etiquetar. Es, en cierto modo, analógico. Quizá por eso el yate moderno se parece menos a un juguete de millonarios y más a una cápsula de invisibilidad que cada vez eligen más personas, independientemente de su capacidad económica (porque sí, el mar cada vez es más democrático y no pararemos de decirlo). 

Una habitación propia, pero flotante. Un despacho sin dirección postal. Una casa que, si hace falta, cambia de paisaje durante la noche. Mientras el mundo compite por ser visto, cada vez más hay personas que deciden volverse invisibles.

Tal vez el mayor lujo contemporáneo no consista en añadir cosas, sino en quitar ruido e interrupciones. Reducir el mundo a unas pocas personas y a una superficie de agua a la que no hacer clic. Al final, nuestro verdadero ‘yo’ es aquel que no quiere aparentar nada. Y pocos lugares colaboran tanto con ese concepto como el mar.

*Joaquín Torreblanca es Redactor Jefe de Forbes Nautik.

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