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Atunero en Chinijo, Lanzarote: de rescate a problema ambiental sin resolver

Administraciones canarias abordan la retirada de los restos en una zona protegida clave

La Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, situada al norte de Lanzarote, es la mayor reserva marina de Europa con más de 700 km2. Foto: Heiko Fröhlich/Pixabay

Seis meses después del encallamiento e incendio de un atunero en el norte de Lanzarote, los restos de la embarcación continúan en la Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, generando incertidumbre ambiental y evidenciando la complejidad administrativa que rodea este tipo de incidentes en espacios protegidos.

Del operativo de emergencia a un impacto ecológico persistente

El origen del caso se remonta a septiembre de 2025, cuando un atunero de pequeña eslora encalló en la zona de Órzola, en el municipio de Haría, tras una navegación irregular. La embarcación, que había sido robada previamente, transportaba a cinco personas que tuvieron que ser rescatadas en condiciones adversas, en un operativo que movilizó medios aéres y marítimos.

Sin embargo, el episodio no terminó con el rescate. Horas después del encallamiento, el barco sufrió un incendio que agravó su estado estructural y provocó vertidos de combustible en el entorno inmediato. Lo que inicialmente fue una emergencia marítima se transformó así en un incidente con implicaciones ambientales en una de las áreas marinas más sensibles del archipiélago canario.

Imagen del atunero de bandera marroquí que encalló en la zona de Órzola, en el municipio de Haría en septiembre de 2025.

Seis meses de inacción en plena reserva marina

A día de hoy, los restos del atunero permanecen en la costa dentro de la Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, un espacio de alto valor ecológico. La acción continuada del oleaje ha fragmentado parcialmente la estructura, pero aún se conservan elementos relevantes del casco y depósitos que podrían seguir liberando residuos.

Esta situación ha generado preocupación entre administraciones y agentes locales, no solo por el impacto directo sobre el ecosistema, sino también por el precedente que supone en la gestión de siniestros marítimos en zonas protegidas. La persistencia de los restos refleja las dificultades para intervenir con rapidez en entornos donde la protección ambiental exige procedimientos especialmente garantistas.

Reunión institucional para desbloquear la retirada

En este contexto, el pasado lunes se celebró una reunión entre el concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Haría, Marcos Lemes, representantes del Gobierno de Canarias y del Cabildo de Lanzarote, con el objetivo de avanzar en una solución definitiva.

El encuentro puso de relieve la necesidad de coordinar competencias y acelerar los trámites necesarios para retirar los restos, una actuación que, pese al consenso sobre su urgencia, sigue condicionada por autorizaciones vinculadas a biodiversidad y gestión del litoral. La voluntad institucional es clara —retirar la embarcación—, pero su ejecución continúa dependiendo de un marco administrativo complejo.

Normativa marítima: obligación de retirada sin plazos claros

Desde el punto de vista legal, la retirada de restos de naufragios está contemplada tanto en la normativa española como en convenios internacionales. En términos generales, la responsabilidad recae en el propietario del buque, mientras que la administración puede intervenir de forma subsidiaria en caso de inacción o riesgo ambiental.

A nivel internacional, el Convenio de Nairobi sobre la Remoción de Restos de Naufragios establece la obligación de retirar aquellos elementos que supongan un peligro, introduciendo además requisitos como el aseguramiento obligatorio de los buques. No obstante, estos marcos legales suelen referirse a plazos “razonables” sin concretar tiempos estrictos, lo que en la práctica deja margen a retrasos.

En situaciones como la de Chinijo, donde confluyen la ausencia de un responsable claro —al tratarse de una embarcación robada—, la dificultad técnica de la extracción y la superposición de competencias administrativas, la aplicación efectiva de la normativa se dilata. El resultado es una paradoja frecuente en el ámbito marítimo: la existencia de obligación legal sin una ejecución inmediata.

Un caso que evidencia los retos de la sostenibilidad marina

El caso del atunero de Órzola ilustra con claridad uno de los grandes desafíos de la sostenibilidad marina: la gestión posterior a los siniestros. Más allá del rescate inicial, la fase de recuperación ambiental exige coordinación, recursos y agilidad administrativa, especialmente en espacios protegidos.

Mientras tanto, el mar continúa su proceso natural de erosión sobre los restos, recordando que, en ausencia de intervención, es el propio entorno el que acaba absorbiendo —no sin coste ecológico— las huellas de la actividad humana.

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