Nautik Magazine

Diario de a bordo: capítulo 7 | «De Tahaa a Tonga: travesía en el Pacífico Sur», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online

La baja presión ha dejado mucha ola pero poco viento y esto obliga a encender el motor hasta llegar a Tonga. Foto: Pablo Berruezo

Estamos pendientes de una ventana de tiempo para poner rumbo a Tonga. Hasta dentro de una semana no parece que podamos zarpar por las constantes bajas presiones que se interponen en nuestra travesía. Durante este tiempo de espera, decidimos mudarnos a la isla del este de Bora Bora: Tahaa. En apenas unas cuatro horas de navegación entramos entre los arrecifes de Tahaa mientras nos escoltan entre diez y quince delfines hasta el fondeo.

Escogemos un fondeo muy bien protegido de los vientos del sur-sureste que están pronosticados, entre veinticinco y treinta y cinco nudos. Fondeamos en una bahía bastante profunda. El ‘Sofía’ y nosotros estamos al resguardo para la fiesta que vendrá en unos días. Es una bahía preciosa, rodeada de las características montañas verdes de la Polinesia, entre las cuales hay grupos sueltos de palmeras. Solo hay barcas de polinesios; no vemos ningún velero en todos los días que estamos en el fondeo. Ya tenemos el derecho de ponerle nombre y apropiarnos de la protección que nos ofrece. La llamamos bahía del Anfiteatro: las montañas altas rodean la bahía profunda. Estamos fondeados en 26 metros.

Antes de que los vientos nos azoten, decidimos ir a explorar un poco los alrededores. Con la auxiliar nos vamos a investigar un grupito de islas enanas situadas en el arrecife exterior de Tahaa. Entre las islas hay una corriente que llega del exterior del arrecife y se dirige al interior de la laguna. Dejamos la auxiliar varada en la playa y caminamos hacia el exterior de la isla, al inicio de la corriente que llega con fuerza. Nos ponemos las gafas de bucear y nos adentramos en el canal. Nos dejamos llevar por la corriente a la vez que vamos viendo un jardín de coral con millones de peces diferentes. Hay muchísimos “Nemos y Doris”. Han sido cinco minutos de bajada a buena velocidad hasta que llegamos donde hemos dejado la auxiliar. Volvemos a repetir varias veces y pasamos toda la mañana arriba y abajo.

El Océano Pacífico es el más grande del planeta, con unos 165 millones de km². Ni en diez vidas enteras podrías explorar la mitad de los lugares que esconde este paraíso. Siento que vamos cambiando de isla muy rápido y nos estamos perdiendo muchas cosas, pero soy consciente de que este era el plan. Tengo el objetivo de llegar a las puertas del océano Índico sobre octubre, para poder cruzarlo aún estando en la buena temporada. Desde el primer momento en que empecé a planificar y a darle forma a toda esta aventura, la prioridad número uno era navegar, ganar millas y experiencia. El turismo pasaba a un segundo plano. De lo contrario, en cualquier rincón del Caribe, Panamá, la Polinesia Francesa y próximos destinos puedes verte sumergido en el entorno, enganchado a la nueva cultura que estás descubriendo, enamorarte de la gente local y su generosidad o simplemente disfrutar de un nuevo lugar sin ningún tipo de prisa. Esto último es realmente peligroso… ya habrá tiempo para una segunda vuelta al mundo para navegar a ritmo tropical.

Llegan los vientos del sur y azotan la isla. Qué bien hicimos en fondear en una zona resguardada y no en el típico fondeo turístico cerca del arrecife. Dentro de nuestra bahía del Anfiteatro no se nota apenas el viento: fuera del resguardo de las montañas hay veleros que lo están pasando mal fondeados cerca del arrecife. El viento no amaina en cuatro días. En la predicción de la meteo se ve una posible ventana para zarpar hacia Tonga. Enseguida me pongo en contacto con Guy y Pika para hablar, planificar y plantear una estrategia para las próximas millas hacia la siguiente isla. Esta travesía es muy complicada porque cruzas la Zona de Convergencia Tropical del Pacífico Sur. Es una zona que se caracteriza por muchas nubes convectivas, chubascos, tormentas, calmas intermitentes, viento racheado bajo los cumulonimbos y constantes cambios de viento.

Volvemos a Bora Bora para hacer el “check-out” de la Polinesia Francesa, ya que no en todas las islas se pueden hacer los trámites burocráticos. Pasamos la última noche de la Polinesia Francesa en Bora Bora. Espero volver algún día a seguir descubriendo rincones de esta zona del planeta. Los paisajes, la cultura, las costumbres y la gente me han robado un trozo de mí y siempre permanecerá aquí.

Nos separan 1.300 millas de Tonga. Los primeros días de navegación hacemos un rumbo noreste para evitar una baja presión que se interpone en nuestro rumbo directo. Son días complicados por la Zona de Convergencia Tropical. Muchos cambios de velas; el ‘Sofía’ es una batidora y se mueve bruscamente de lado a lado. El mar está movido y desordenado y estamos rodeados de chubascos. Al tercer día, por fin podemos poner rumbo directo a Tonga: la baja presión se ha ido hacia el sureste y nos ha dejado vía libre. La lluvia no cesa, pero el viento parece establecerse en los 15 nudos y ser más constante. Desplegamos las típicas orejas de burro y el Sofía navega más estable y contenta. Aprovechamos esta tregua para poder descansar un poco.

Cocinar se hace imposible y nos alimentamos de calentar latas de legumbres con alguna salsa. Pescar queda descartado porque limpiar y filetear en estas condiciones no me apetece. La baja presión ha dejado mucha ola pero poco viento y esto provoca el movimiento descarado del ‘Sofía’. Poco a poco, al acercarnos a Tonga, el cielo se va despejando y la lluvia empieza a cesar. Las olas disminuyen y el viento también.

A esta travesía solo le faltaba una cosa… el dichoso ruido del motor. El viento cae lo suficiente como para tener que hacerlo. Ha sido una travesía de condiciones muy cambiantes que, a veces, es mucho más cansada que un viento fuerte constante. Con el ruido del motor, al decimoprimer día de travesía avistamos la isla de Tonga. Grito al aire: ¡Itxi, otras 1.300 millas a la saca! Poco a poco, con el motor y el génova, Tonga se va haciendo grande y a las 17.00 h pasamos entre sus arrecifes. A las 17.30 nos amarramos en una boya de la bahía de Vava’u, en Tonga.