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Nautik Interview | Loquillo: “El rock es una actitud”

El artista barcelonés reflexiona sobre su legado, la épica del directo, la cultura en España y su regreso al rock tras cerrar su etapa poética

Loquillo posa en San Sebastián, con el mar Cantábrico al fondo, ciudad donde reside desde hace casi dos décadas y donde reflexiona sobre su legado en el rock español. Foto: Cecilia Álvarez

Loquillo es una de las mayores estrellas de la historia del rock español. Nautik Magazine le visita en Donosti durante una pausa de su enésima gira triunfal, donde vive hace casi dos décadas, mirando hacia el mar.

Da la sensación de que estás en un momento muy dulce de tu carrera. Entre el éxito de la gira, el nuevo disco con colaboraciones de grandes del rock español y el proyecto ”Europa», ¿cómo te sientes?

Loquillo: «Me coges en un momento muy curioso de mi vida. En los últimos cinco años hemos pasado por una situación muy difícil. En 2020 teníamos una gira con todo vendido y campañas de televisión excelentes, pero el COVID nos destrozó, nos arruinó. No hubo ayudas del Gobierno español para las giras, a diferencia de otros países, y eso nos hundió. Tuvimos que empezar de cero, como si mi carrera volviera a empezar desde abajo.

No quisimos esperar a que todo se abriera. Fuimos una de las pocas bandas que salió a la carretera con el COVID y sin vacunas, simplemente para reivindicar nuestro oficio. Fuimos la primera banda en abrir una arena en toda Europa, el Movistar Arena, para el Banco de Alimentos de Madrid. Eso fue un momento heroico para mí. La gira que hicimos en pequeños ayuntamientos, que mantuvieron una programación mínima en una situación tan difícil, fue un acto de fe majestuoso. Creo que, a raíz de haber demostrado eso, todo lo que vino después fue favorable.

Simplemente estamos volviendo a la situación que teníamos antes del COVID, y lo hemos logrado en cuatro años. Además, estamos haciendo algo muy importante para un artista: el legado. Con el disco «Transgresiones» y «Europa» cierro la etapa de poesía contemporánea. No digo que no vaya a hacer otra gira en otro momento, pero quería cerrar esa etapa, y lo hice el año pasado con la gira de «Transgresiones» en teatros, porque solo hago teatros cuando hago poesía. Ahora tenía que cerrar el círculo con «Corazones Legendarios», compartiendo mis canciones con los mejores artistas del país. Para mí es una manera de cerrar y de demostrar mi legado después de 47 años. En una situación normal, esto habría ocurrido en 2021.

Por eso digo que se demuestra, una vez más, el triunfo de la voluntad y el triunfo de hacer bien las cosas, tener el equipo adecuado, la banda adecuada y, evidentemente, tener muy claro que uno es una persona excepcional en el mundo de la música en este país, porque nadie ha conseguido eso. Nadie ha tenido dos lecturas distintas: una derivada de la poesía contemporánea, llevando toda la tradición de nuestro país a los teatros y, por otro lado, trabajando en grandes escenarios con una banda de rock. Eso, lo siento mucho, pero Serrat no lo ha hecho. Yo sí. Mantengo dos repertorios distintos en dos localizaciones diferentes.

Creo que los únicos que pueden compararse ahora mismo con esa manera de trabajar son Coque Malla, que está haciendo un trabajo excelente con la ópera, y Shuarma, que ha llevado «El Principito» al teatro. Yo soy de los que creen que los artistas que hacen ese tipo de cosas son los grandes. Sacar un disco cada tres años, que es igual que el anterior, y salir de gira haciendo lo mismo que has hecho toda la vida no me parece ni riesgo ni tiene ningún mérito. No me parece grande. Un artista es grande cuando se pone en la peor situación posible para sacar proyectos difíciles adelante. Eso es lo que me gusta de un artista y eso es lo que he aprendido de los grandes.

A mí me gustan ese tipo de artistas que arriesgan, que se ponen metas difíciles y se ponen ellos en situación; no necesitan a nadie. Son ellos mismos los que se ponen el peor examen. Y yo soy de esos. No sé si algún día podré hacer teatro, no lo sé. Pero sí que una de las cosas que quería hacer, que era dirigir, se me ha pasado la oportunidad de poder hacerlo. He sido productor de documentales, pero me hubiera encantado dirigir.»

Creo que protagonizaste el mayor ejemplo y el más radical en ese sentido, cuando dejaste el rock de los Trogloditas para musicar poesía…

Loquillo: «Sí, en los años 90 todavía había una tradición de llevar la poesía al teatro, y la poesía tenía un público que, debido a los cantautores, se mantenía. Nosotros lo que hacíamos era dar una nueva lectura de esa tradición. Eso ha desaparecido.

Quienes deberían cuidar de la cultura de nuestro país, que son los ayuntamientos e instituciones, pasan de este proyecto o de proyectos como el de Miguel Poveda como de la mierda. Hemos podido realizar la última gira gracias a empresarios privados, con la promesa de que la siguiente gira de rock se la daríamos a ellos en su zona, porque sabíamos que iban a perder dinero. No son giras rentables, porque lo máximo que metes en los teatros son 1500-1600 personas. Esta es la realidad de la poesía en España.

Cuando uno no va con una guitarrita —me refiero a hacer un espectáculo con producción, escenario, músicos—, eso cuesta dinero. Como no puedes poner entradas a 100 euros, porque estamos hablando de cultura popular, te arriesgas a perder dinero en cada bolo. La manera que hemos conseguido, en muchos casos, de poder hacer la gira ha sido precisamente diciendo a los promotores que el año que viene les daríamos su parte. Pero las instituciones, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación y las distintas comunidades, con sus defensores de la cultura, no han arriesgado ni un duro. Con eso ya te lo digo todo.

Podrá ser una misión heroica, maravillosa, pero pierdes dinero. Es muy difícil que la tradición de música y poesía contemporánea, como la conocemos los que tenemos ya una edad, prosiga o tenga un seguimiento en las próximas generaciones, porque los primeros en no querer saber nada son precisamente quienes deberían defenderlo. Esa es la realidad, tal cual.»

Al final, todo esto también es superinteresante desde el punto de vista intelectual y de hacer avanzar la cultura. Estas historias en las que te metes contra viento y marea. Incluso «Europa»…

Loquillo: «Europa» es un poemario del año 83; la primera versión es del 83. He suspendido entrevistas porque me han dicho que era una afrenta entre el mundo musulmán y el mundo cristiano. Hay que alucinar. Por eso digo que, como hay tanta ignorancia en estos momentos, también en los medios de comunicación, llega un momento en que uno se harta. No digo que no vuelva a la poesía o no vuelva a realizar una gira de poetas; una gira supongo que sí. Pero el último disco me lo he pagado yo de mi bolsillo. No sé cómo explicártelo, porque no le interesa a nadie. Uno se da tantas veces contra la pared que dice: «Basta».

He hecho dos discos dedicados a la obra de dos poetas que son Premio Nacional de Poesía. Si eso lo haces en Francia… Madre de Dios. ¿Me entiendes lo que quiero decir? Aquí les importa un carajo. Y también hay otro tema importante debido a esto: no soy la persona adecuada para hacer ese tipo de trabajo; eso es lo que ellos piensan. No soy de su cuerda. Eso tiene mucho que ver, y más en los tiempos que corren, desgraciadamente, por esa bipolarización que hay actualmente en la sociedad española. Como no soy uno de sus artistas, no existimos. Eso es real, no estoy inventando.

Y te lo dice una persona con 65 años, que ha visto de todo, que se ha movido y ha conocido todo, y uno ya sabe cómo va todo y cuál es el siguiente paso que va a pasar. El siguiente paso que va a pasar es que esa tradición se va a perder. Y ya está. Es así. Bueno, de momento la hemos disfrutado.

Y ahora llega «Corazones Legendarios». Cuando has sacado tantísimos éxitos que son la historia de la música española, lanzas un proyecto y la gente otra vez con la boca abierta. Has hecho un Hall of Fame del rock español…

En España tratamos muy mal a nuestros artistas, eso es así. No hemos aprendido nada de los países que nos rodean, acostumbrados a crear eventos con los artistas de casa y crear una cultura propia. Este es un país muy envidioso. Es muy difícil ver a artistas colaborando juntos en eventos grandes. Y la gente lo está pidiendo a gritos. Vas a los festivales de country music en Estados Unidos o a festivales de pop en Inglaterra, y esto es normal.

Y, por otro lado, estamos perdiendo un activo. Somos el 3% del producto interior. No se respeta como se debe respetar, y el hecho fundamental es que todavía estamos con una ley del Estatuto del Creador que sigue sin desarrollarse como tiene que desarrollarse. Eso indica que hay que saber lo que los otros países europeos tienen y cómo se mueven y cómo cuidan su cultura, y cómo estamos aquí. Aquí nos queda muchísimo.

Por eso te digo que «Corazones Legendarios» no deja de ser una apuesta que no es una cuestión de coger a unos artistas y reunirlos. Lo más importante no es el disco que se ha hecho, sino las personas que han participado en él. Para mí ha sido como dirigir una película sin cámara, buscar el guion adecuado para cada artista. Y ahí me he divertido mucho.»

Eso te quería preguntar, ¿las canciones son las que te pide el artista o hay alguno que te pida alguna y tú, como director…?

Loquillo: «El director soy yo y yo le digo al artista lo que tiene que cantar. Ese ha sido mi trabajo. No he hecho: «¿Qué quieres cantar?». No, tú cantas esto. Punto. Esta es la premisa. En la segunda parte de «Corazones Legendarios», que posiblemente se llame «La mirada del otro», es al contrario: son las bandas las que buscan una canción mía, hacen su versión y yo canto con ellos. Este será el disco que salga a finales de este año. Como ves, es importante darle la vuelta a las cosas.»

Hoy estamos aquí en Donosti, haciendo esta entrevista un poco porque hoy es tu hogar, ¿no?

Loquillo: «No soy un tipo de hogar. Yo estoy de paso, lo he dicho siempre, soy una persona que está de paso. Sí que estoy donde está mi familia. Pero yo estoy de paso y, si me dices qué me considero, yo soy barcelonés. Soy barcelonés y ese es mi ADN. Lo que pasa es que, como decía Montserrat Roig, las raíces de uno las mete en la maleta y se las lleva consigo. El resto es donde la vida me ha llevado. Y la vida me ha llevado por muchos sitios. Aquí es donde está mi familia, pues estoy ahí.

Pero yo me considero no una persona desarraigada, pero sí que soy bastante gatuno. Y, de alguna manera, soy variable en ese sentido. Aprendo de los sitios en los que estoy de la misma manera que aprendo de las personas. Tengo la suerte de poder dedicarme a algo que me permite no estar demasiado tiempo en un sitio. Aprendo muchísimo, viajo y, de alguna manera, eso me hace ser muy diferente, precisamente porque estoy en contacto con personas muy diferentes y con culturas muy distintas en lugares muy diferentes también.

Eso me ayuda a crecer y a tener una mentalidad muy determinada y, sobre todo, a respetar siempre el lugar del otro. Eso es lo que he aprendido en esto. Y, cuando ya tienes una edad como la que tengo yo, lo ves todavía más claro. Digamos que lo que me ha dado Donosti es visión. No estoy en el centro de negocio, y eso es fabuloso, porque tengo una visión desde fuera, lo que me permite no estar obsesionado por el negocio, como sería si viviera en Madrid. Por otro lado, soy mediterráneo, soy de sangre caliente; vivir en Donosti me calma. También me va muy bien. Y después, porque la gente aquí es muy educada, muy respetuosa y no se mete en tu vida. Y eso, para mí, es indispensable.

Puedo ir por la calle tranquilamente aquí, ir al súper… Siento una comodidad que en otro lugar no tendría. Y eso tiene mucho que ver con el carácter de Donosti. Mucha gente lo considera aburrido o yo qué sé. A mí me parece un lugar perfecto para eso. Y, por otro lado, me ha gustado el hecho de ser extranjero en patria ajena. Es una sensación; me gusta vivir en lugares fronterizos y me gusta ser extranjero en patria ajena. Es una sensación, para mí, la más cómoda de todas, porque no debo nada a nadie. A mí me libera de muchas cosas.»

La primera imagen en la que tengo asociado a Loquillo y Donosti es la mítica portada de «Mientras respiremos», ¿no? ¿Cómo fue aquello?

Loquillo: «Eso vino porque a principios de los 90 estaba muy sobrecargado de giras. Y las giras entonces eran una batalla campal desde el principio, desde que salías de casa. En aquella época éramos la versión española de Guns N’ Roses. Necesitaba parar, necesitaba volver a respirar y necesitaba, sobre todo, alejarme del negocio. Cuando empecé, me fui a Lasarte con mi compañera. Simplemente necesitaba un lugar donde poder estar, quería olvidarme del negocio. Y me fui a una localidad cercana a Donosti, que entonces era una localidad muy afectada por el paro.

Me fui a un barrio. Traducido a mi manera de entender, era como si estuviera en mi barrio de Barcelona. No me fui a ninguna zona residencial, me fui a un barrio. Eso me reconectó con el mundo real, porque empecé a desconectar del éxito. Y eso fue fundamental para lo que hice luego, que fue precisamente el primer disco de poesía contemporánea. Me olvidé del rock y me olvidé de la presión y de los excesos, precisamente viviendo en una pequeña localidad de San Sebastián, donde la gente era de la clase obrera, como me había criado yo. Eso, para mí, fue muy importante.

Ahora no se dice eso porque hay zonas de Lasarte carísimas, pero yo recuerdo que me decían: «Te has ido al Bronx». Me lo decían. Yo les decía: «No, me he ido al Clot. Me he ido a mi barrio otra vez».

Fue vital estar viviendo ahí una temporada porque me reconectó con lo que soy. Y, en aquellas giras tan salvajes de finales de los 80 y principios de los 90, si no hubiera hecho ese parón, no hubiera sobrevivido. Eso lo tengo muy claro.»

El otro día te escuchaba decir que todo aquel artista que triunfa tiene que alcanzar el éxito, sufrir una travesía y volver.

Loquillo: «O dos. Yo he estado tres veces en lo más alto. Son necesarios periodos de búsqueda, periodos de parar, periodos de hundirse hasta el fondo y periodos de volver a empezar. Y esto es así. Cuando se consigue la Champions, hay que renovar el equipo y hay que empezar de cero. En eso soy especialista.

Lo que pasa es que, bueno, yo creo que ya he hecho las suficientes travesías del desierto, bajadas a los infiernos, y ahora que me dejen un poco tranquilo estaría bien. Así que espero que, a partir de ahora, todo entre en una normalidad, y lo único que pido es tener los presupuestos necesarios para hacer los proyectos que quiero hacer. Me gustaría no tener que pagar yo, porque he pagado mucho en proyectos muy locos que han sido después, a la larga, muy comentados, pero que en su momento fueron… He hipotecado mi casa dos veces. ¿Entiendes lo que quiero decir? Y yo recuerdo que en el año 99 nadie quería grabarnos un disco. Y he hecho todo tipo de triquiñuelas, legales e ilegales, para poder pagar un disco. Sé lo que es esto.

A veces, cuando veo a gente más joven que se queja de cualquier tontería, me descojono. Creo que esto también tiene que ver con tu actitud, con lo que crees que es el arte. Es muy bonito lo del arte con el sufrimiento, pero me gustaría no sufrir tanto. Pero miro hacia atrás y pienso que todos los pasos que he dado han sido los correctos, y ahora simplemente lo que pido es poder trabajar sin problemas. Trabajar con una entidad sin tener que estar peleando todo el rato con una compañía de discos, con una sociedad de autores que no paga, con unos promotores que se olvidan de pagar a los músicos, porque todo eso ha ocurrido.

Creo en la empresa privada, que quede bien claro. No soporto la cultura subvencionada porque la he visto funcionar y nunca es justa, sino que siempre es por cuestiones políticas o por cuestiones de amiguismo. Es muy bonito que el Estado ayude a la cultura, que haga más teatros, que haga más auditorios, que apruebe el Estatuto del Creador en su totalidad, que se desarrolle, que los artistas paguen por el trabajo hecho, no por un trabajo que todavía no han hecho, y que se equiparen los derechos de los músicos y artistas con los del resto de Europa, que no están equiparados. Con eso, de verdad, iríamos mucho mejor.

Yo no tengo que pagar el fracaso a nadie. Estamos pagando el fracaso de mucha gente. A mí no me dan una ayuda para hacer un guion. Imagínate que presento 50 canciones y después la mitad no salen, o directamente paso. Es que es muy fuerte. ¿Y por qué no podemos tener los músicos lo mismo? Hay un desfase entre las subvenciones que se dan a otros sectores y las que las compañías independientes españolas no reciben. Las giras no reciben ayudas cuando vas al extranjero, por ejemplo.

Hay mucho trabajo que hacer todavía, y por eso creo en la empresa privada. Hemos sido pioneros en hacer anuncios de televisión, hemos sido pioneros en hacer campañas musicales que incluso nos han costado campañas en contra por trabajar con bancos. Ahora resulta que los grandes festivales también trabajan con bancos y nadie protesta. Siempre hemos intentado utilizar ese dinero para realizar proyectos. Todas esas campañas que yo he hecho de publicidad de productos o de lo que fuera han servido para pagar esos proyectos.

Porque, si no, son imposibles de realizar. Y porque ya me he paseado por las suficientes administraciones para pedir ayudas para esos proyectos y me han enviado a hacer puñetas, entonces no me queda otra. Y yo saco adelante un proyecto como sea. Y me caso con el diablo. Por eso creo mucho en los proyectos privados y en las empresas privadas que apoyan la cultura en nuestro país. Hacen una labor excepcional y llegan donde el Estado no llega. Y eso me parece cojonudo.

Aquí todavía nos queda mucho que aprender y, sobre todo, la cultura no debe nunca formar parte de una ideología. Debe ser un patrimonio de todos los ciudadanos. Y eso es algo que aquí todavía cuesta mucho entender. Por eso digo que siempre me he mantenido en esa situación y, cuando no he podido hacer un proyecto, me he buscado la vida para sacarlo adelante, de la manera que fuera. Y sí, me arruiné varias veces, pero miro hacia atrás y me siento orgulloso.

Digamos que ahora estamos en un mundo distinto al que yo crecí y, evidentemente, las pautas son otras, e intento adaptarme como buenamente puedo a la nueva situación, pero para eso necesitas tener a tu lado gente joven. Intento apartarme lo máximo posible de la gente de mi generación. Lo máximo posible. A las pruebas nos remitimos. Los conceptos viejunos de mi generación no me interesan. Es jodido hacer ese ejercicio, pero es lo que hay. Yo no es que me aparte, es que me he apartado hace tiempo. No es que acepte todo lo que llega, pero simplemente hay que tener un criterio y hay que entender las cosas como se hacen. Quizás ahora no tengamos cantautores haciendo canción de autor, pero tenemos raperos haciendo rap. Punto, esa es la nueva poesía del siglo XXI. Y el que no lo entiende es gilipollas.

Tienes el caso, por ejemplo, del cantante de Marea, que es un poeta absoluto, el Kutxi. Los tiempos cambian, se sustituye la estética o la ética, pero la actitud es la misma. Y hay que saber ver eso. Para eso tienes que estar rodeado de gente joven y no estar al lado de gente que tuvo su momento de gloria. Eso hay que tenerlo muy claro.»

Tú también tienes a tu hijo Cayo al lado… también es muy difícil trabajar con la familia, pero en el caso de que salga bien, es imbatible.

Loquillo: «Te voy a decir una cosa: el rock es un negocio de piel. Esto lo he intentado transmitir a toda la gente que ha trabajado conmigo, por eso tengo un equipo imbatible en ese sentido, porque llevo transmitiendo eso muchos años y por eso las compañías de discos terminan por entenderlo. Porque si la persona con la que estás en una compañía de discos no siente el rock así o la música así, mal asunto. También hay que educar.

Eso está pasando ahora. Antes los promotores eran gente que se arriesgaba su dinero, como Gay Mercader, para hacer un concierto. Ganaba o perdía y, sobre eso, hacía otro. Ahora hay fondos de inversión, hay subvenciones de comunidades autónomas, hay empresas que apuestan por un festival, por otro. El mundo ha cambiado en ese sentido. Y mucha gente que está en este negocio ahora mismo es gente a la que le importa un bledo la música. Lo que quiere son resultados. Bueno, igual hay que formarlos.

Y por eso han cambiado las cosas. Entonces esas contrataciones venían de los ayuntamientos y tú estabas, de alguna manera, vendido a esa forma de trabajar. Afortunadamente, ahora la empresa privada está en el negocio de la música, y eso permite, evidentemente, una mayor liberación de mercado. Y, evidentemente, yo me he criado con el «laissez faire», ¿no? Dejar hacer. Yo trato a la gente a través del libre intercambio. En ese sentido, no me gusta que el Estado controle la cultura.

Por ese motivo, me ha servido para seguir durante 47 años utilizando esta forma de entender lo que es la música, y he tenido la suerte de ser libre a la hora de poder elegir. Es muy importante tener eso a tu lado, aunque no ganes el mismo dinero que muchos, que lo reinviertas. Si tuviera dinero ahora, lo he dicho muchas veces, me encantaría abrir librerías. Aunque perdiera el dinero. Porque me parecen los últimos lugares donde la cultura puede agarrarse. Y, en ese sentido, no es una forma romántica de entender esto, sino una nueva forma de entenderlo.

Podemos hacer que las librerías sean unos lugares donde la cultura funcione y que sea aglutinadora, por ejemplo. No te van a faltar ese tipo de formas y argumentos en la cultura, que no digo que no tenga que ser combativa, cuidado. No me interpretes mal a nivel político. No hablo de eso. Hablo de que genera no solamente ideas, sino también negocio. Es así como lo veo. Por eso digo que, si tuviera dinero, me encantaría abrir un par de librerías en algunos sitios que fomentasen una forma distinta de entender la cultura, desde un punto de vista más individual.

Cambiando un poco de tercio, ¿el mar ha sido importante para ti a nivel personal y artístico?

Loquillo: «No podría vivir en una ciudad que no tuviera mar. Estuve dos años en la Armada Española, he vivido en el mar, o sea, en un buque que navegaba, no de aquellos que estaban todo el día parados y que eran los restos de serie de la guerra de Corea. Y el mar es muy importante, sin duda. Además, mi primera canción, «Esto no es Hawái», era… digamos que abrió las puertas de lo que me vino luego. Claro que no era Hawái, estaba la puta corbeta Cazadora. No haciendo surf en las playas de Waikiki, sino en la corbeta. Pero eran los sueños de un adolescente que vivía en una ciudad que daba al mar, pero que no veía el mar. Porque en aquella época Barcelona no miraba al mar.

Hasta que no hubo la ilusión del 92, Barcelona no fue barrida y eso abrió las puertas al mar. Ha sido de lo mejor que ha ocurrido: que una Barcelona que era mediterránea y marítima estuviera rodeada de un círculo industrial que no dejase ver el mar. Si algo valió la pena del 92, fue que Barcelona por fin mirase al mar.

Me encanta el mar y toda la épica del marino. Moby Dick ha hecho mucho daño (ríe). Y, de hecho, siempre ha estado muy reflejado en mis canciones también. Aunque es otra de mis cosas que en la próxima vida espero hacer. Lo dejo para la otra vida. Lo tengo claro.

Contabas el otro día que Robe, que acaba de fallecer, te llamó para pedirte consejo antes de hacer una gira de conciertos.

Loquillo: «Me llamó su mánager, Alén, y me dijo: «Hostia, le falta a Robe un poco que le empujen para la gira de teatros, está un poco cohibido de lo que se va a encontrar». Digo: «Pues quedamos un día y hablamos». Yo le conté que el escenario de un teatro es el que define a un artista real. Y el teatro es una prueba de fuego porque lo que haces es contener. Es como el cine. Tienes que modular el gesto, porque la cámara tiene que recoger eso. Lo que puedes hacer en un escenario de rock, que es exteriorizar, magnificar y amplificar todos los movimientos, todo el sonido, aquí es lo contrario. Aquí menos es más. Es muy importante en el teatro saber eso.

Yo siempre he dicho que los artistas que van a un teatro y hacen el mismo show que hacen en un concierto de rock no tienen ni puta idea de lo que es un teatro.

Yo, cuando crezco a nivel personal, es cuando estoy en el teatro. La vida me ha dado un regalo muy grande, que es haber llenado el Palau de la Música y el Liceu de Barcelona. Con dos cojones. Me río de los indies y de los alternativos. Vete tú a hacer eso. Eso sí que era independiente y alternativo. Madre de Dios. Hostia, qué grande fue aquello.»

Al final, aunque sois totalmente diferentes, muchos de los españoles que han entrado al rock han entrado o por ti o por Robe, y la gente que va a veros no va solo a un concierto, sino a un culto.

Loquillo: «Hombre, yo me considero más alternativo que Robe, porque Robe es un artista de masas. Robe llegó primero con Extremoduro y recogió el público que venía del rock urbano. El rock urbano estaba de morros con nosotros y él recogió un público más amplio. Nosotros teníamos una dependencia muy grande de todo bagaje cultural: la nueva canción francesa, el cine independiente americano. Todos los referentes que podía tener Robe tenían más que ver con el rock urbano de los 70 y después con la vida de calle que había hecho él. Teníamos influencias muy diferentes. Yo me sigo considerando un artista minoritario. Y eso me permite ser diferente. Robe es un artista mayoritario. Mayoritario no, lo siguiente. Lo que pasa es que a veces eso en el rock parece que sienta mal.

Ha influenciado a varias generaciones, yo también, pero de otra manera. Pero, por otro lado, ahora mismo Robe estaba en un momento en que podía llenar lo que quería, eso es un artista mayoritario. En ese sentido, el haber dejado el grupo e irse y apostar más por todo el tema de teatro, creo yo, tiene mucho que ver con su encuentro como persona y como autor. Y entonces ya no se lo hacía fácil a la gente.

Y eso también pone a la gente, a tu público, en una situación muy determinada. Un artista tiene que elegir a su público, no el público a él. Yo quiero tener un público al que le guste el rock, como actitud, como arma intelectual, sobre todo. Prefiero a un tipo que está leyendo a Ibsen que a un tipo que se ha puesto un tatuaje. Porque ahora los tatuajes los lleva cualquiera.

Dime a ver qué ideas tienes, a mí qué me estás contando, y entonces te diré de qué va esto. No es que vayas de ortodoxo por la vida, pero es que la estética del rock es una estética que ha sido y está siendo utilizada por todos los estilos musicales. Cuando dicen que el rock ha muerto, yo digo: «¿Cómo que el rock ha muerto?». Si hasta Joaquín Sabina lleva una calavera y se pone gafas negras. Es que todo el mundo choricea la estética del rock. Los partidos, los líderes políticos utilizan la estética del rock para vender sus ideas, sobre todo a sus candidatos. Solo hay que ver los notas que son algunos. Ahí lo ves.

Los cantantes melódicos que antes salían, pues Camilo Sesto y todos estos, que en la época cuando tenía 17 años iban todos con esmoquin. Ahora se visten como les da la gana. Y ahora en el rap lo más rompedor es la gente que cada vez se está acercando más al rock. Grabando con guitarras eléctricas y con banda. Entonces, ¿realmente el rock ha muerto? ¿O el rock está colonizando otros estilos para poder absorberlos, como siempre ha hecho, y llevarlos de vuelta a casa? Esta es la visión que yo tengo. Y es que eso solo hay que salir a la calle.

Lo que sí es que, cuando alguien quiere aparentar, se pone una chupa de cuero.

¿Cómo te estás notando en la gira? Porque tú eres un hombre directo de toda la vida, tu directo siempre ha sido legendario…

Loquillo: «Necesitaba volver al rock porque acabé muy desangelado después de la última gira de teatros. Primero, porque tuve un accidente cardiovascular, una arritmia. Y, por otro lado, por ver cómo un esfuerzo tan increíble como el que estábamos haciendo… éramos odiados por muchos medios de comunicación, por televisiones. Yo acabé… la palabra no es dolido.

Pero vi claramente lo que hay, que es, como te he dicho antes, un poco que no interesa; pero, por otro lado, si lo hubieran hecho otros nombres, sí que les hubieran hecho caso. Eso lo tengo muy claro, porque, desgraciadamente, en el mundo de la música de nuestro país, como te he dicho antes, hay clanes y hay bandos. Cuando tú estás en tierra de nadie y estás en un fuego cruzado, y yo siempre he sido de estar en la frontera y en el fuego cruzado, soy muy consciente de eso. También tiene una épica eso. Pero necesitaba volver al rock para recuperar sensaciones, para recuperar fuerza.

Es muy importante para mí los «breaks» de poesía porque me ayudan a recuperar el personaje del rock. Si no, acabaría odiándolo. Digamos, el personaje de la poesía me lleva otra vez al suelo. Y eso me va muy bien. Para la cabeza va perfecto. Pero necesitaba volver al rock y me veo a un 70 %. Sí, me queda un 20 % de mejora. Lo sé, yo lo sé perfectamente; más que yo no lo sabe nadie. Y espero, reiniciando la gira de este año en abril, poder estar al 90 %. El 10 % me lo reservo.

Soy consciente de la responsabilidad que tengo. ¿Cómo se entiende el rock? Como lo entiendo yo o como lo entendía Jorge Martínez. Es algo que muchos dicen que ya no existe, pero me lo decía Jorge: «Loquillo, tienes que mantener esa forma de entender las cosas como nosotros las hacemos». El mundo de Jorge Martínez y el mundo de Robe son dos mundos muy distintos. Yo crecí con el de Jorge. En ese sentido, también se lo decía al Kutxi de Marea: «Tienes que ser consciente de que Robe ya no está, te toca a ti». Eso es así, y uno a veces tiene que hacer esas reflexiones.

Y darse cuenta de que cuando sale a escena no solamente está haciendo un concierto de rock y va a que la gente sea feliz y olvide sus problemas, sino que también tiene la posesión del legado que tiene que ofrecer. Y eso hay que tenerlo claro. Y eso es algo que, porque lo que es evidente es que en los próximos años vamos a ver desaparecer la mayoría de nuestros héroes musicales, que es algo que nadie había pensado que iba a ocurrir. En ese sentido, también uno es consciente de que puede morir en cualquier momento.

Y eso hace que cada concierto sea el último. Ese es mi concepto. No soy nada fatalista, en absoluto. Pero me lo tomo así. También ha sido mi forma de entender el rock desde siempre. El concierto que estás haciendo puede ser el último. Es un regalo de los dioses lo que estás haciendo. Y, por lo tanto, tienes que ser coherente y darte cuenta de la responsabilidad que es eso. Ante el público y, sobre todo, seguir manteniendo la misma actitud. Ahora me va a costar un poco más ir a festivales, porque cuando yo voy a festivales tengo una premisa: humillar. Punto.

No tengo amigos. Cuando bajo de la limusina hacia el escenario, directo, que no se cruce nadie. Esa es mi mentalidad: yo salgo a ganar. Para mí es una competición. Ya sé que muchos te dirán: «Esto no es una competición». Pues sí. Para mí sí. Ahora me va a costar un poco más porque muchos de los con los que voy a coincidir han cantado en el disco. Entonces, a ver qué hago con eso, a ver cómo lo gestiono.

Sí que lo que me ha sorprendido del disco y del proyecto es que yo no pensaba que la gente me quisiera tanto. Es fuerte, o sea, de repente ha sido como: «Hostia, ¿sabes?». Y eso me ha sorprendido. De repente no me he portado tan mal con la gente.

Es mucha gente que te ha visto y muchos discos y muchas canciones. Entonces, saquemos a jugar las canciones, como yo digo, de todas las épocas, porque a lo mejor no hace falta ni hacer otro disco; simplemente hay que poner a jugar todo el repertorio que tengo, que es intensísimo.

Hay cosas que hacer todavía, pero, sobre todo, lo más importante: mantener una manera de entender la música. Y eso se definiría como poner un «no». Las cosas no son como tú quieres que sean, son como yo quiero que sean. El artista debe ser egoísta, debe defender lo suyo, no dejarse llevar nunca por mánagers, por compañías de discos ni siquiera por lo que quiera el público. Tiene que hacer lo que cree que tiene que hacer. Punto. Eso es un artista, un artista honrado.

Y salir a un escenario respetando no solamente al público, sino a las personas que están haciendo posible que él esté en el escenario. Es muy importante respetar ese negocio. No soporto a los artistas alternativos que cobran grandes cachés y, cuando van a un festival, se comportan como auténticos dictadores y se ríen de la clase trabajadora que está trabajando en ese festival. Hay unos cuantos ejemplos. Yo me acuerdo de que en el barrio siempre me decían: «No te fíes nunca de un revolucionario, primero te quita lo de la cartera y después a la novia». Esto es un poco lo mismo. He encontrado más profesionalidad y sentido del trabajo en lo que se llama artistas mainstream que en los alternativos.

De hecho, más de un alternativismo se lleva un guantazo. Pero, en cambio, te encuentras con gente que se denomina mainstream y aprendes muchísimo de ellos y te comes muchas cosas de las que has dicho. En ese sentido, como te he dicho, me ha sorprendido mucho el disco, que tanta gente haya accedido a cantar conmigo. Y ahora, con el disco que estamos preparando, tres cuartos de lo mismo. Me siento muy agradecido a la vida por lo que me ha dado. Pero también te diría una cosa: haz las cosas bien hechas. Se te devolverá de la forma más inesperada. Y yo siempre he actuado de ese modo. He sido justo, creo, con quien tenía que serlo, y he echado a la gente que tenía que echar de mi vida, que no tenía espacio porque lo único que hacía era retrasar mi avance o retrasar mi progresión como artista.

Y, de alguna manera, exijo lo mismo que doy. Porque esto no es un juego. Aquí te va la vida. Y a mí me gustan los artistas que se ven en el escenario y dan la vida. Además, se les nota; a los que dan la vida se les nota. Y yo respeto mucho al escenario. No entiendo a los artistas que salen simplemente para, digamos, seguir manteniendo la vaca. Fin.»

Una última cosita: has sacado un vino, “Feo, fuerte y formal». Cuéntame por qué te has metido en este proyecto.

Loquillo: «No, no es exactamente un vino. Esto tiene una historia muy fácil de entender. En Toro, unos listos lanzaron un vino llamado Loquillo, sin pedir permiso a nadie y registrando el nombre. Yo tengo un nombre registrado en muchas cosas, pero si tengo el nombre registrado hasta para una bandeja de plata, pues no sé. Entonces, de repente, me llamaba la gente: «Bueno, se llama Loquillo, está vendiendo». Yo: «¿Qué es esto?». Intentamos ponernos en contacto con la gente esta. Si me lo hubieran pedido, seguro que hubiera dicho que sí. Pero ya sabes cómo es este país. ¿Y qué hicimos? Pues algo muy sencillo. Como resido en Laguardia una parte del año, uno de los bodegueros me dijo: «Sacamos un vino». Y se acabó la tontería.

La mejor manera de terminar con esto es haciendo algo de verdad, de mayor calidad y con tu nombre, y fuera. Y es mejor, o sea, ni denuncies ni nada. Simplemente ganemos por calidad. Que es la mejor manera de hacer las cosas. Y así fue. Tan sencillo como eso. Y tan complicado como eso. Porque imagínate el morro… Pero ¿qué te costaba llamar y pedir permiso y ya está? Encima es un vino baratísimo. Es una puta mierda. De serie B. Entonces, claro, queríamos que los fans tuvieran primero un vino de calidad, de alto nivel, que fuera de verdad de Loquillo y que sirviera también para promocionar Rioja Alavesa y los vinos de Rioja en todo el mundo.

Y esa es una de las máximas del marketing: de una mala noticia, consigue que sea buena. Y lo que hicimos fue transformarlo. Le dimos la vuelta y lo hemos convertido en un vino de calidad que representa a una tierra y representa también una forma de hacer las cosas. ¿Para qué vas a hacerlo mal cuando lo puedes hacer bien? Ese es un poco el sistema.»

Este texto forma parte del número 4 de Nautik Magazine, que puedes encontrar en quioscos o en nuestra tienda.

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