Nautik Magazine

Un tiburón en la Antártida confirma que el Océano Austral guarda más secretos de los que imaginamos

Una cámara cebada captó por primera vez a un tiburón durmiente en el Océano Austral

Un tiburón durmiente (familia Somniosidae) captado por una cámara cebada a casi 500 m de profundidad en el Océano Austral, cerca de las Islas Shetland del Sur. Fuente: YouTube | Minderoo-UWA Deep-Sea Research Centre.

Los tiburones han sobrevivido a extinciones masivas, continentes en movimiento y cambios climáticos dramáticos durante más de 400 millones de años. Patrullan arrecifes de coral, cruzan océanos abiertos, habitan bosques de kelp y dominan las profundidades marinas. Y aunque el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) es conocido por reinar en las aguas heladas y oscuras del Ártico, el paisaje antártico ha permanecido durante mucho tiempo aparentemente vacío de este tipo de depredador.

El Océano Austral es gélido, remoto e implacable, con temperaturas que pueden descender por debajo de cero. Por eso las nuevas imágenes captadas cerca de las Islas Shetland del Sur resultan tan extraordinarias: por primera vez, un tiburón ha sido grabado en vídeo en pleno Océano Austral.

El avistamiento se produjo gracias a una cámara cebada desplegada a casi 500 metros bajo la superficie. La oceanógrafa Jessica Kolbusz, del Minderoo-UWA Deep-Sea Research Centre, revisaba las grabaciones cuando una silueta de movimiento lento cruzó el encuadre. “Fue sorprendente, ya que es la primera vez que se obtiene imágenes in situ de un elasmobranquio (tiburón o raya) en el Océano Austral”, explicó a ABC.

El ejemplar parecía pertenecer a la familia de los tiburones durmientes (Somniosidae), un grupo enigmático: cuerpos robustos, piel moteada y aletas relativamente pequeñas, capaces de habitar desde aguas superficiales hasta miles de metros de profundidad. Sus movimientos lentos y deliberados les han valido fama de “perezosos”, especialmente si se comparan con parientes más veloces como el tiburón blanco o el marrajo.

En el hemisferio norte, su primo el tiburón de Groenlandia se ha hecho célebre por su longevidad: algunos individuos podrían superar los 500 años de vida.

Hasta ahora, solo cinco especies de tiburón habían sido registradas en aguas que rodean la Antártida, y la mayoría de esos datos proceden de capturas accidentales en regiones subantárticas. Cuanto más cerca del Polo Sur, más raros se vuelven los tiburones.

¿Por qué? Parte de la respuesta reside en la historia evolutiva. Los peces antárticos modernos desarrollaron glicoproteínas anticongelantes que les permiten prosperar en aguas heladas. Los tiburones, como peces cartilaginosos, podrían enfrentar limitaciones fisiológicas distintas que dificultan su supervivencia en estas condiciones extremas. También influyen la disponibilidad de alimento, la competencia y el aislamiento histórico.

En el hemisferio sur existen dos especies similares: el tiburón durmiente antártico (Somniosus antarcticus) y el tiburón durmiente del Pacífico (Somniosus pacificus). El primero —considerado el tiburón con distribución más austral del planeta— fue descrito por primera vez a partir de un dibujo en 1913, cuando Sir Douglas Mawson lideró una expedición cerca de la isla Macquarie y realizó un boceto de un ejemplar varado. Desde entonces, lo poco que sabemos proviene de capturas accidentales esporádicas.

La estrella del vídeo —que se cree es un tiburón durmiente antártico (Somniosus antarcticus)— no permaneció mucho tiempo ante la cámara. Se deslizó en la oscuridad y desapareció, dejando más preguntas que respuestas.

“Es un ejemplo perfecto de por qué necesitamos más investigación en los océanos polares. Sabemos muy poco sobre el Océano Austral y, sin embargo, está cambiando con rapidez”, explicó la ecóloga marina polar Rebecca Duncan, de la University of Technology Sydney, quien no participó en el estudio. “Podría tratarse de un desplazamiento de distribución impulsado por el cambio climático a medida que las aguas antárticas se calientan, o simplemente poner de relieve lo poco que conocemos sobre la biodiversidad de estas aguas. O quizá ambas cosas”.

Este hallazgo llega en un momento en que el Océano Austral está experimentando transformaciones significativas debido al cambio climático. La extensión del hielo marino varía, las temperaturas del agua aumentan y los patrones de circulación se alteran. El calentamiento podría facilitar el acceso de los tiburones a la Antártida en el futuro. Pero también podría desestabilizar las comunidades de presas, haciendo la región menos adecuada para ellos.

Confirmar la presencia de un gran depredador como un tiburón durmiente en aguas antárticas plantea interrogantes sobre la dinámica de la red trófica en un sistema que evolucionó con relativamente pocas especies de tiburones. Los ecosistemas marinos antárticos suelen describirse como estrechamente interconectados y energéticamente eficientes, con el krill como columna vertebral que sostiene peces, calamares, focas y ballenas. Un tiburón entrando en esa red no es “un pez más”.

“El aumento de la presencia de tiburones en el Océano Austral podría tener impactos significativos en la transferencia de energía, ejerciendo presión sobre las poblaciones de peces antárticos y afectando en última instancia al krill y al fitoplancton”, añade Duncan. “Cambios de esa magnitud redistribuirían biomasa, alterarían los ciclos de nutrientes y podrían remodelar el ecosistema”.

Aun así, matiza que no espera una reestructuración drástica a corto plazo. “Probablemente ya haya más tiburones allí de los que imaginamos, y si sus poblaciones aumentan con el calentamiento oceánico, el proceso sería gradual. Pero sin duda es algo que debemos vigilar de cerca”.

El Océano Austral sigue siendo una de las regiones marinas menos exploradas del planeta. Hizo falta una cámara cebada y una dosis de casualidad para capturar apenas unos segundos de prueba de que, al menos, un tiburón patrulla las aguas antárticas.

La verdadera pregunta es: ¿qué más se mueve ahí abajo, más allá del alcance de nuestras luces y cámaras?

Artículos relacionados