En The Ritz-Carlton Yacht Collection, Ilma no tiene bufé, ni casino, ni teatro. Este buque de 448 pasajeros, compuesto exclusivamente por suites, ha replanteado cada aspecto de la experiencia a bordo, y quizá por ello ha conseguido un hito histórico: convertirse en el primer crucero del mundo distinguido con cinco estrellas por Forbes Travel Guide.
Este logro llega en un momento de popularidad sin precedentes para los cruceros. Tras un récord de 34,6 millones de pasajeros en 2024, la Cruise Lines International Association (CLIA) proyectó 37,7 millones en 2025. El crecimiento es aún más acusado en la gama alta: las reservas de cruceros que superan los 50.000 dólares aumentaron un 43 % el año pasado, según un informe de 2025 de Virtuoso.
La industria compite por responder a esta demanda —el número de cruceros de lujo se ha más que triplicado desde 2010, según CLIA—. Sin embargo, The Ritz-Carlton Yacht Collection sigue marcando el rumbo. Fue la primera gran marca hotelera en lanzarse a alta mar con el debut en 2022 de Evrima, calificado con cuatro estrellas. La flota creció con Ilma en 2024 y con el lanzamiento de Luminara en 2025. El resto de la hotelería de lujo tomó nota: Aman, Four Seasons, Orient Express y Waldorf Astoria han anunciado también sus propios barcos.

Pero The Ritz-Carlton Yacht Collection adoptó un enfoque distinto. Sus barcos eliminaron bufés, teatros y casinos —los elementos más asociados al imaginario del crucero— y los sustituyeron por aquello que los huéspedes ya eligen en tierra firme.
“La experiencia del huésped se diseñó para sentirse más cercana a un yate privado o a una estancia en un hotel boutique”, explica Ernesto Fara, presidente y CEO de The Ritz-Carlton Yacht Collection. “Eso implicó replantear ciertas convenciones vinculadas a los cruceros de gran escala y centrarnos, en cambio, en cómo prefieren pasar el tiempo nuestros clientes cuando viajan”.
Los bufés dieron paso a restaurantes dirigidos por chefs, con menús a la carta. Los teatros y casinos se transformaron en lounges más pequeños y espacios de actuación íntimos.
Según Fara, la respuesta ha sido abrumadoramente positiva. “Muchos comparten que la experiencia encaja mejor con la forma en que ya viajan: elevada pero relajada, inmersiva sin resultar prescriptiva”.

Lo que realmente distingue a Ilma es trasladar la cultura de servicio de The Ritz-Carlton al mar, basada en el cuidado genuino, la anticipación y la personalización. Es ese tipo de equipo que aprende tus preferencias y actúa antes de que las pidas. “Desde el principio, nuestra visión fue redefinir el lujo en el mar traduciendo el legendario servicio y hospitalidad de The Ritz-Carlton en una experiencia íntima de navegación en yate”, afirma Fara.
En el agua, esto resulta más complejo que en tierra. El entorno cambia constantemente —el clima varía, los itinerarios se ajustan— y el personal debe absorberlo todo sin que el huésped perciba fisuras.
Fara señala que la compañía ha invertido considerablemente en formación y en la cultura a bordo para garantizar que el estándar de The Ritz-Carlton se mantenga incluso cuando el océano no coopera. Esa inversión incluye una plantilla ampliada: Ilma presume de una de las ratios empleado-huésped más altas del sector. Además, cada suite cuenta con un “embajador de suite”, esencialmente un mayordomo que gestiona todos los aspectos del viaje, desde asegurar reservas en restaurantes hasta planchar la ropa arrugada.

Ilma también se diferencia por otros detalles. Este superyate de 240 metros (790 pies) alberga 224 suites espaciosas, todas con terraza privada. Diseñadas por AD Associates, con sede en Londres, las cabinas de estética contemporánea incluyen amenities de lujo como productos de Diptyque o Bvlgari, bañera independiente con sales de baño, secadores Dyson y cafetera Nespresso con hervidor de agua para té. Los pasajeros reciben además atenciones continuas: champán en el minibar personalizado de cortesía y sorpresas como un bolso tote, un set de cuidado facial o chocolates prémium durante la travesía.
La oferta a bordo es amplia. Seta su Ilma, restaurante italiano contemporáneo del chef Fabio Trabocchi —conocido por Fiola en Washington D.C.—, y The Beach House, propuesta de fusión sudamericana y centroamericana del chef Michael Mina, lideran los cinco restaurantes y siete bares del barco. The Ritz-Carlton Spa dispone de 11 salas de tratamiento, cinco de ellas preparadas para servicios al aire libre, ideales para disfrutar de un masaje con brisa marina.
Según Fara, uno de los espacios más populares es la marina: una plataforma hidráulica que conecta con el mar cuando el yate está fondeado, transformándose en algo similar a un muelle privado. Los huéspedes pueden nadar en la “piscina oceánica”, practicar kayak o paddleboard, o simplemente relajarse junto al agua.
Ilma también ha replanteado las excursiones en tierra. “El objetivo es que cada experiencia se sienta menos como una visita estándar y más como una introducción cuidada a un destino, marcada por accesos exclusivos y momentos difíciles de organizar de manera independiente”, explica.

Por ejemplo, en determinados itinerarios de ida y vuelta desde Atenas, se organiza una velada playera nocturna en Míkonos incluida en el viaje. Los pasajeros viven la legendaria escena de beach clubs de la isla con una fiesta privada en Alemagou. La noche transcurre en este enclave bohemio y chic entre cócteles, canapés mediterráneos, música en vivo y vistas al atardecer sobre el Egeo.
La estrategia está atrayendo a un nuevo perfil de viajero. Fara afirma que los huéspedes de Ilma son más jóvenes que la media del sector —la edad promedio es de 54 años, casi una década menos que en el crucero de lujo tradicional— y muchos nunca habían navegado antes. Son viajeros habituales de hoteles y villas, atraídos por la intimidad, el servicio y el diseño de Ilma, que buscan itinerarios culturales, bienestar y un ritmo más pausado. “Ilma refleja un cambio más amplio en la manera en que los viajeros de lujo desean explorar el mundo hoy”, concluye.
Para Fara, el reconocimiento de cinco estrellas confirma aquello para lo que Ilma fue concebido: demostrar que el lujo en el mar no implica aferrarse a las convenciones que han definido el crucero durante décadas. “Ser reconocidos como el primer crucero del mundo con cinco estrellas por Forbes Travel Guide refleja años de diseño meticuloso, excelencia operativa y dedicación”, afirma. “Y, sobre todo, es un reflejo de nuestras Ladies and Gentlemen, tanto a bordo como en tierra, cuyo cuidado, intuición y pasión dan vida a esta experiencia cada día para nuestros huéspedes”.
