Si existe un lugar en el mundo donde el agua y el viento formen la pareja perfecta, ese es el Lago de Garda. Con una extensión de más de cincuenta kilómetros de longitud y una anchura de unos 18 kilómetros en su extremo sur, que disminuye enseguida hasta los ocho kilómetros (que podemos considerar casi su anchura media) y sigue reduciéndose hasta los 4 kilómetros de su extremo norte, el más estrecho, donde se encuentra el hermoso pueblito turístico de Riva del Garda, el lago de Garda une dos paisajes muy diferentes: el valle del Po, también llamado llanura padana, al sur, y las primeras estribaciones, al norte, de los Alpes Dolomitas, las montañas más hermosas del mundo, según la opinión del legendario alpinista Reinhold Messner, nativo de la región, Premio Princesa de Asturias en 2018 y primer montañero en completar los catorce ochomiles sin usar botellas de oxígeno.

Este enorme espejo de agua, el más grande de Italia, con 372 km² de superficie, no solo deslumbra por su belleza natural, situado entre montañas y con hermosos pueblos medievales en sus orillas –entre los que destacan los de Malcesine y Sirmione–; también ha consolidado una reputación única en el mundo de la navegación deportiva gracias a su microclima singular y a unos patrones de viento extraordinariamente regulares y predecibles. Para los amantes de la vela de todos los niveles, desde simples aficionados hasta campeones olímpicos, Garda es un destino obligado.
Un microclima mágico
Situado entre las regiones de Véneto, Lombardía y Trentino-Alto Adigio, el Lago de Garda disfruta de unas características meteorológicas que combinan lo mejor del clima mediterráneo con la influencia de los Alpes que lo rodean. Esta interacción de masas de aire crea un entorno donde las temperaturas suelen ser suaves incluso en invierno, y donde las condiciones para la navegación están presentes durante todo el año.
Y es que lo que hace realmente excepcional al lago no es su clima templado, sino sus vientos térmicos, capaces de construir condiciones perfectas para la vela deportiva: el Pelèr y la Ora.

Todos los navegantes saben que la posibilidad de que una regata costera se cancele por falta de viento es más frecuente de lo que se desearía. Sin embargo, cada jornada de verano en el Garda cuenta con una coreografía de viento que ha fascinado a navegantes durante décadas. Por la mañana, cuando el aire frío desciende desde los Alpes, sopla el Pelèr desde el norte –un viento fuerte y constante que puede alcanzar velocidades considerables– favoreciendo sesiones matinales exigentes. Al mediodía o primera hora de la tarde, este viento da paso a la Ora, un viento térmico que sopla desde el sur y que, gracias al efecto Venturi provocado por la topografía del valle, puede acelerarse hasta ofrecer condiciones impresionantes para navegar hasta el anochecer.
Es esta alternancia de vientos lo que hace que Garda no sea solo un lugar bonito para pasear en barco, sino un escenario con condiciones de regata realistas prácticamente todos los días, permitiendo planificar entrenamientos diarios y sesiones dobles de práctica, ya que, gracias a estas características, aquí se han establecido clubes históricos que facilitan preparación, análisis técnico y entrenamiento competitivo.
Las zonas norte y sur del lago ofrecen diferentes intensidades y ángulos de viento, esenciales para trabajar estrategias completas; además, las corrientes y las direcciones del viento cambian con la luz del sol, lo que obliga a los navegantes a tomar decisiones tácticas constantes, haciendo de la región una escuela perfecta para cualquier regatista serio y la meca de la vela deportiva y las regatas internacionales.
No es casualidad que el Lago de Garda albergue competiciones de nivel mundial. A lo largo del año, los clubes locales, entre ellos los legendarios Fraglia Vela Riva (el club más antiguo en el Lago de Garda) o Fraglia Vela Malcesine, activos, respectivamente, desde 1928 y 1947, o el Circolo Vela Torbole, fundado en 1964, organizan regatas que atraen a competidores de todas partes del planeta y cuentan con una larga historia en el circuito náutico internacional.

Aquí entrenan habitualmente las principales figuras italianas de la vela: navegantes como el medallista olímpico Ruggero Tita (oro en Nacra 17 en Tokio 2020 y París 2024) y múltiple campeón mundial y europeo; el velista de iQFOiL Nicolò Renna, campeón mundial en su clase, o Sergio Lambertenghi, figura internacional de la clase Star, con múltiples medallas mundiales y europeas.
Mucho más que viento y agua
Además de las infinitas posibilidades que ofrece para la navegación a vela el Lago de Garda, la región de Trentino-Alto Adigio en la que se encuentra es una de las más bellas de toda Italia. Su parte más septentrional, el Alto Adigio propiamente dicho, también conocido como Tirol del Sur –famoso, actualmente, por ser la cuna del italiano más famoso de la actualidad, Jannik Sinner, el tenista número dos del mundo, nacido en San Cándido–, destaca por sus espectaculares montañas, mientras que en el Trentino, en el sur, se encuentra una de las regiones lacustres más impresionantes y bellas del mundo, con una cifra cercana a los 300 lagos, grandes y pequeños, enclavados normalmente en valles con un increíble y hermoso telón de fondo de imponentes montañas. De todos ellos, los más famosos son los de Molveno, Tovel, Toblino, Anterselva, Resia, Carezza, Nero, Landro, Braies y el ya citado lago de Garda, el más extenso y popular de toda Italia.
Trentino-Alto Adigio es un paraíso para quienes buscan naturaleza activa. Desde la orilla norte del lago de Garda parten rutas de senderismo y ciclismo que ascienden hacia valles, bosques y miradores espectaculares. Las paredes rocosas que rodean el lago actúan como un anfiteatro natural que concentra la luz, el viento y la actividad al aire libre. Para los amantes de la escalada, la zona de Arco, un pueblo situado a escasos cinco kilómetros al norte del lago, es un referente internacional. Sus paredes calcáreas atraen a escaladores de todo el mundo, mientras que los caminos junto al lago permiten paseos suaves con vistas constantes al agua. Y más al norte se encuentran varios de los parques nacionales y naturales más hermosos de Italia: el Parco Naturale Adamello-Brenta y el Parco Nazionale dello Stelvio, mientras que para la práctica del esquí, los Alpes Dolomitas conforman el mayor dominio esquiable mundial, Dolomiti Superski, con más de 1.200 kilómetros de pistas en escenarios de postal, distribuidos en doce centros de esquí en dos provincias del Alto Adigio –en las que se encuentran las famosas pistas de Valle Gardena, Alta Badía, San Martino di Castrozza y la Marmolada– y una más en la vecina región del Veneto.
