La gran noticia naviera española de 2025 no llegó con una botadura (que también las hubo) ni con sirenas de puerto, sino con una operación corporativa que, en la práctica, certifica el principio del fin de Trasmediterránea tal y como la hemos conocido durante más de un siglo.
El pasado verano, Baleària alcanzó un acuerdo para adquirir el negocio canario y del mar de Alborán de Armas Trasmediterránea, su antigua competidora y, durante décadas, cuando era únicamente Trasmediterránea, el pilar de la conectividad marítima española. Se habló entonces de plazos largos, de un proceso que se iría desgranando a lo largo de 2026. Sin embargo, el nuevo año arranca con un mensaje claro: la operación se acelera.
Y también el escrutinio.
Coincidiendo con el arranque de 2026, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha decidido elevar el análisis a segunda fase, tras detectar posibles riesgos para la competencia. Un movimiento esperado, aunque nada trivial.
Porque aquí no está en juego solo una compraventa valorada en más de 200 millones de euros. Está en juego el equilibrio del transporte marítimo en territorios donde el ferry no es una opción: es una necesidad.

De la tormenta perfecta a la consolidación
Una Trasmediterránea ya fusionada con la canaria Armas llegó muy debilitada a esta década. La pandemia golpeó con fuerza un modelo intensivo en costes fijos y muy dependiente del pulso del turismo. La posterior escalada energética terminó de tensionar una estructura financiera ya frágil en las operadoras marítimas fusionadas.
Tras la fusión, el grupo comenzó a desprenderse de activos. Primero fue el negocio de Baleares, vendido a Grimaldi, que creó Trasmed. Luego, el negocio del Estrecho de Gibraltar, donde la danesa DFDS entró con fuerza tras la compra de FRS Iberia Maroc. Después llegó el turno de Canarias y Alborán.
Baleària, fundada en 1998 y convertida hoy en uno de los operadores más dinámicos del Mediterráneo occidental, supo leer la oportunidad. Con una facturación que superó los 1.000 millones de euros en 2025, la naviera de Dénia se impuso a otros interesados y cerró en agosto un acuerdo que incluía una quincena de buques, varias rutas estratégicas y más de 1.500 empleados, con compromisos de continuidad laboral.

Todo ello, eso sí, condicionado a la aprobación regulatoria.
La CNMC entra en escena
El movimiento clave se produjo a finales de diciembre, cuando la CNMC admitió a trámite la operación y abrió la fase 1 de análisis. Apenas unos días después, el regulador ha decidido ir más allá.
El paso a fase 2 no implica un rechazo, pero sí confirma las dudas: posibles situaciones de monopolio en determinadas rutas —especialmente en aquellas no sujetas a Obligaciones de Servicio Público—, riesgos de reducción de frecuencias o aumento de tarifas, y un contexto de concentración que se cruza además con la operación paralela de DFDS en el Estrecho.
En términos prácticos, el regulador se concede ahora hasta tres meses adicionales para analizar en profundidad el impacto de la operación y, llegado el caso, exigir compromisos: desinversiones, cesión de rutas o limitaciones operativas. Decisiones que, en última instancia, acaban reflejándose en precios, frecuencias y opciones para los usuarios.

Qué está en juego para el sector
Si la operación recibe luz verde —probablemente con condiciones—, Baleària consolidará una posición dominante en varias rutas clave, reforzando su peso en Canarias y Alborán y dibujando un nuevo mapa marítimo español con tres grandes actores: Baleària, DFDS y Fred. Olsen Express, además de los grupos italianos GNV y Grimaldi, muy centrados en península-Baleares
Desde el punto de vista empresarial, el movimiento tiene lógica: sinergias operativas, flota optimizada, mayor capacidad inversora y un grupo con músculo suficiente para afrontar las exigencias regulatorias europeas y la necesaria modernización del sector.
Desde la óptica del regulador y del consumidor, el equilibrio es más delicado. Menos operadores no siempre significa peor servicio, pero sí exige una vigilancia estrecha para evitar dominancias en mercados cautivos, donde el ferry es tan esencial como una carretera, una vía férrea o un aeropuerto.
Horizonte 2026
Con el año recién estrenado, Baleària y Armas-Trasmediterránea esperan ahora el veredicto de la CNMC. La decisión podría llegar en primavera y marcará un antes y un después en el transporte marítimo español.
Si prospera, asistiremos al nacimiento de un nuevo gigante mediterráneo. Si se impone un veto parcial o condiciones severas, el sector podría reconfigurarse de nuevo, abriendo espacio a terceros actores.
En cualquier caso, el mensaje es claro: en un mercado tan estratégico como el marítimo, la ambición empresarial nunca navega sola. Siempre lo hace bajo el radar regulatorio. En todo caso, el mercado se mueve.
