«La esposa tenía la obligación social y familiar de dar a luz a un varón que perpetuara el linaje de su marido. Sin embargo, todas las familias de los pueblos costeros de Jeju se alegraban del nacimiento de una hija, porque ella siempre podría traer dinero a casa» (Lee, La isla de las mujeres del mar, p. 47).
En la isla de Jeju, en Corea del Sur, existe una comunidad de mujeres que practican el muljil (물질), una técnica tradicional de buceo a pulmón para la recolección de moluscos y mariscos. Equipadas únicamente con un cuchillo, una red y una boya flotante, se sumergen en el mar durante más de un minuto y alcanzan profundidades de entre 10 y 15 metros en cada inmersión. Al emerger, emiten lo que se conoce como sumbisori, un silbido característico que les ayuda a expulsar el dióxido de carbono acumulado y a avisar a sus compañeras que permanecen en la superficie. Este sonido, casi ritual, resume años de entrenamiento y sincronía con el propio cuerpo. Y aunque a primera vista pueda parecer una simple variación de la pesca en apnea, ‘las mujeres del mar’ representan un colectivo con siglos de historia.
Así nacieron las mujeres del mar
Los primeros registros de mujeres ejerciendo este oficio datan en el siglo XVII. Aunque en un principio era considerado un trabajo masculino y de clase social baja, las guerras, migraciones y trabajos en alta mar cambiaron esta dinámica. Fueron ellas quienes pasaron a sostener la economía familiar desde pequeñas. Las niñas comenzaban vendiendo la pesca en los mercados locales y, alrededor de los 11 años, realizaban sus primeras inmersiones.
Entre las haenyeo existe una jerarquía basada en la experiencia. En la cima se sitúan las daessanggun, las buceadoras más veteranas y líderes de la comunidad. No solo conocen el mar en profundidad y dominan con precisión las zonas donde realizar las inmersiones de forma segura, sino que también participan en la toma de decisiones del pueblo.
Les siguen las sanggun, consideradas expertas, capaces de alcanzar profundidades de hasta 8 metros; las junggun, de nivel intermedio, que descienden alrededor de 5 metros; y las hagun, o principiantes, cuyas inmersiones no suelen superar los 3 metros.
El mar no solo ha definido el trabajo de las haenyeo, también ha transformado su cuerpo. Un estudio difundido por la BBC señala que generaciones de inmersiones en aguas frías han favorecido adaptaciones fisiológicas que les permiten resistir mejor las bajas temperaturas y controlar la presión arterial mientras bucean.

El matriarcado de las haenyeo
En la primera mitad del siglo XX, durante la ocupación japonesa de Corea (1910–1945), hizo que muchas de ellas tuvieran que emigrar para huir de las prácticas abusivas y las duras condiciones laborales a las que las sometían.
Entre 1931 y 1932, fueron una parte clave como sujeto político colectivo. Se organizaron para protestar contra los impuestos abusivos y la explotación de los recursos marinos, liderando algunas de las primeras manifestaciones de feministas del país. Estas protestas no solo defendían el sustento económico, sino el derecho de las mujeres a decidir sobre su trabajo y su territorio.
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial y el término de la colonización japonesa, la isla vivió uno de los episodios más traumáticos de su historia: la Insurrección de Jeju (1948–1953). Durante este periodo murieron decenas de miles de habitantes de la isla. En ese contexto de violencia e inestabilidad, las haenyeo asumieron un papel económico aún más decisivo. Para sostener a sus familias, su número aumentó considerablemente y su trabajo se intensificó. Fue entonces cuando comenzaron a organizarse en cooperativas, con el objetivo de regular la recolección marina, proteger los recursos naturales y evitar conflictos por las zonas de pesca.
La década de 1960 marcó el apogeo de las haenyeo. Estas mujeres se convirtieron en el principal motor de la economía familiar y llegaron a generar más de la mitad de los ingresos del sector pesquero de la isla. Sin embargo, la posterior industrialización y el auge del turismo transformaron el mercado laboral y redujeron el atractivo de este oficio. Hoy, apenas quedan unas 4.000 haenyeo en activo y la edad media del colectivo se sitúa entre los 60 y los 80 años.
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
Las haenyeo representan uno de los primeros ejemplos de trabajo femenino socialmente reconocido y económicamente autónomo en Corea del Sur. Su legado trasciende el mar y continúa inspirando debates sobre liderazgo, sostenibilidad y comunidad. En 2016, la UNESCO reconoció su práctica como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
