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Novedades | Gitana 18: el nuevo “volador” de Rothschild que une arte, ingeniería y 150 años de saga familiar

Ciento cincuenta años después del primer modelo, el linaje vuelve a redefinir qué significa navegar en la vanguardia.

Foto: Gitana S. A.

El miércoles 3 de diciembre, en un evento privado entre los muelles y los hangares técnicos de Lorient, en el sur de Bretaña, el mundo conoció por primera vez el Maxi Edmond de Rothschild, bautizado como Gitana 18, un trimarán de 32 metros que inaugura una nueva generación de multicascos voladores concebidos para el océano abierto. La atmósfera era la de un estreno cuidadosamente preparado: luces frías, olor a carbono recién pulido y la sensación de estar presenciando el nacimiento de un puente entre el pasado y el futuro de la náutica.

Combinando inteligencia, arte, ingeniería y tecnología de vanguardia, el nuevo trimarán es un concentrado de innovaciones que abre la puerta a una nueva familia de gigantes oceánicos capaces de volar sobre las olas. Pero también es algo más que un bólido marino: es un objeto cultural y tecnológico, y el último capítulo de una saga náutica que se remonta 150 años atrás, capaz de acompañar la evolución de la navegación deportiva desde el siglo XIX.

Foto: Gitana S. A.

De hecho, Gitana 18 llega en un momento especialmente simbólico. En 2026 se celebrará el sesquicentenario de la aventura iniciada por Julie de Rothschild, la pionera que dio nombre al linaje Gitana, , en una época en la que la familia ya figuraba entre las grandes fortunas europeas. Desde entonces, con ese linaje ha alumbrado 28 barcos que han marcado la vanguardia tecnológica de cada época. La cifra ilustra bien la continuidad y, al mismo tiempo, la capacidad de reinvención que caracteriza al proyecto.

La botadura llega además pocos meses después del cierre del ciclo deportivo de Gitana 17, coronado con la victoria en la Arkea Ultim Challenge. Gitana 18, sin embargo, no se presenta como un simple relevo, sino como una plataforma concebida para anticipar el futuro del vuelo oceánico, con la ambición declarada de abrir caminos y fijar estándares que influirán en las próximas generaciones de embarcaciones.

La presentación subrayó también la dimensión transgeneracional del proyecto, que hoy encuentra continuidad en el liderazgo de la baronesa Ariane de Rothschild, presidenta del Grupo Edmond de Rothschild. Primera mujer al frente de la institución financiera familiar, Ariane ha mantenido con firmeza el vínculo de su casa con la navegación de alto nivel.

«En mi familia siempre hemos tenido una pasión por la competición, donde el rendimiento y la tecnología se entrelazan de forma natural», asegura la empresaria. La frase refleja una filosofía que atraviesa toda la historia de la saga: asumir riesgo calculado, invertir en investigación y convertir cada barco en una exploración del límite. Gitana 18 es, en ese sentido, la expresión contemporánea de esa visión: un trimarán que combina excelencia técnica, sensibilidad estética y una identidad simbólica que mira tanto al pasado como al futuro.

Foto: Gitana S. A.

Un trimarán concebido para el vuelo oceánico

Si la genealogía encarna el sentido del proyecto, la ingeniería explica su audacia. Gitana 18 nace para superar a su predecesor no con ajustes evolutivos, sino con un rediseño integral de formas, apéndices y sistemas. Se trata de un barco con geometrías y posibilidades de trimado totalmente únicas, construido para despegar antes, mantenerse en vuelo durante más tiempo y navegar estable incluso en condiciones oceánicas complejas.

Foto: Gitana S. A.

La clave está en los nuevos foils en Y, inspirados en la America’s Cup, capaces de replegarse y ajustarse tridimensionalmente. Su interacción con los timones en U, diseñados para resistir la cavitación a altas velocidades, configura una arquitectura inédita en un multicasco oceánico de este tamaño. El conjunto permite un control extremadamente fino sobre la altura de vuelo y la estabilidad del barco, dos parámetros decisivos en la navegación a más de 40 nudos.

Todo ello descansa sobre una plataforma estructural profundamente revisada. El casco central, por ejemplo, integra el roof como elemento portante para aumentar la rigidez, imprescindible en vuelo sostenido. El mástil y el aparejo incorporan soluciones específicas para gestionar la enorme potencia de las velas en regímenes de aceleración continua. Nada en Gitana 18 está pensado para la navegación convencional: su lógica es la del vuelo.

Foto: Gitana S. A.

La sofisticación técnica va de la mano de un proceso de construcción descrito por el propio equipo como un ejercicio de orfebrería. Durante 36 meses, más de 200 personas han participado en un proyecto que suma 50.000 horas de estudio y cerca de 200.000 horas de construcción. En los hangares, la ingeniería digital convive con gestos manuales de una precisión casi ritual: drapeado de carbono, lijados sucesivos, inspecciones acústicas, calibración de sistemas hidráulicos y electrónicos que recorren el interior del trimarán como una red nerviosa. El resultado es una pieza compacta, rígida y ligera, diseñada para que cada gramo cuente cuando el barco se eleve sobre el agua.

Una obra de arte en alta mar

A una arquitectura naval innovadora se suma una identidad visual realmente única. Gitana 18 profundiza la colaboración del Grupo Edmond de Rothschild con el espacio de creación y exhibición parisino Palais de Tokyo, que ya había dado forma al inconfundible Gitana 17 decorado por Cleon Peterson. Esta vez, la dirección artística recae en Hugo Vitrani, y la obra en los hermanos Florian y Michaël Quistrebert, conocidos por su exploración de la luz, el contraste y el movimiento.

El resultado es un trimarán transformado en un lienzo monumental, cubierto por un diseño en claroscuro que se extiende por cascos y velas como un fresco contemporáneo en movimiento. En el centro de esta narrativa visual aparecen cinco figuras femeninas: Julie de Rothschild y las cuatro hijas de Ariane de Rothschild. Son presencias tutelares que conectan la memoria del linaje con su porvenir, y que refuerzan la dimensión femenina —y profundamente simbólica— del proyecto.

La obra es un manifiesto que habla de legado, de transmisión, de liderazgo y de la voluntad de la familia de situar el arte en el corazón mismo de la innovación. En Lorient, mientras Gitana 18 aguardaba tocar el agua por primera vez, ya era evidente que este barco no pertenece a una sola esfera. Es ingeniería de vanguardia, sí, pero también relato familiar, gesto artístico y apuesta tecnológica. Un objeto nacido para volar y, al mismo tiempo, para contar una historia. Gitana 18 no solo navegará: interpretará el océano con la voz que las mujeres han dado al linaje.