Las aguas del Cuerno de África viven el mayor repunte de piratería en más de una década. Tras años de relativa calma desde el pico de los años 2010 y 2011, cuando se registraron más de 1.000 ataques y unos 400 millones de dólares en rescates pagados, los secuestros han vuelto a la región con una escalada que ha alarmado por igual a navieras, aseguradoras y organismos internacionales.
Según los analistas, se ha conjugado la tormenta perfecta para que esta amenaza haya regresado a las aguas. En primer lugar, se ha producido un notable recorte de ayuda internacional. Por ejemplo, la ayuda estadounidense a Somalia cayó de 476 millones de dólares en 2024 a apenas tres millones en los primeros meses de 2026, debilitando los programas que frenaban el reclutamiento pirata.
La política internacional de Estados Unidos también estaría detrás de la segunda
causa del repunte: el desvío de la vigilancia naval. La guerra entre Irán y Estados Unidos, junto con los ataques hutíes en el mar Rojo y el estrecho de Bab al-Mandeb, ha obligado a buques de guerra internacionales a concentrarse en esas rutas, dejando el Cuerno de África con menor protección.
En tercer lugar, señalan los analistas, Somalia se encuentra sumida en una sequía sin precedentes, por lo que alrededor de 6 millones de somalíes sufren inseguridad alimentaria crítica y un riesgo real de hambruna. Con el valor de los cargamentos de petróleo y gas al alza, la piratería ofrece la tentación de obtener rescates millonarios en una de las economías más pobres del planeta. Según el Global Initiative Against Transnational Organized Crime, los piratas exigieron 10 millones de dólares por el buque Eureka, secuestrado el 2 de mayo, mientras que el pesquero chino Liao Dong Yu 578 fue liberado en marzo tras el pago de un rescate de entre 1,2 y 1,5 millones de dólares.
Un verano preocupante
El pasado 17 de agosto, ocho piratas armados abordaron el carguero de bandera camerunesa pero cargamento turco Lutuf a apenas cuatro millas náuticas de la costa somalí, cuando se dirigía hacia Mogadiscio. Su cargamento, destinado a Turksom, la mayor base militar turca fuera de sus fronteras, constaba principalmente de material militar: armas, drones y equipos satelitales. El buque había zarpado a finales de julio del puerto de Tekirdag, sede de las instalaciones del fabricante de drones Baykar.
Tres días después, el 20 de agosto, seis hombres armados abordaron el petrolero Sibu 1 (también identificado como Seamull) a 136 millas náuticas al este de Al Mukalla, en Yemen, y lo desviaron hacia Somalia. Según la tripulación, de diez miembros (seis indios, un turco, un georgiano y dos guardias de seguridad serbios), los asaltantes se aproximaron desde el Sward, otro carguero previamente secuestrado, una táctica que les permite camuflarse y alejarse de la costa sin levantar sospechas.
Varios expertos en seguridad marítima, entre ellos Corey Ranslem, de Dryad Global, y Matt Reisener, del Center for Maritime Strategy, advierten de indicios de cooperación entre los piratas somalíes y los rebeldes hutíes yemeníes, con posible intercambio de inteligencia, entrenamiento y armamento. Una alianza formal con Al Shabaab, señalan, podría poner tecnología hutí, como drones y misiles guiados, en manos de los piratas, elevando drásticamente el riesgo para el tráfico marítimo internacional. No obstante, otros analistas, como Omar Mahmood (Crisis Group), consideran que la evidencia de esa alianza es «bastante escasa» y que carecería de sentido, dado que los intereses de ambos grupos son diametralmente diferentes.
Respuesta internacional
El mando del Combined Task Force 151, un cuerpo formado por 47 Estados (entre ellos, España) y dedicado a la represión de la piratería fuera de las aguas territoriales, pasó el 24 de agosto de manos británicas a surcoreanas, tras una campaña en la que el contingente saliente respondió a 25 incidentes en un área de operaciones de más de tres millones de millas cuadradas.
La operación europea Atalanta, cuyo mandato se extiende hasta el 28 de febrero de 2027, mantiene entre sus funciones la protección de buques vulnerables y la represión de la piratería en la región.
Yemen, por su parte, anunció esta semana la creación de un Comité Nacional de Seguridad Marítima para proteger sus rutas de navegación en el mar Rojo, el golfo de Adén y el estrecho de Bab al-Mandeb.
Turquía, principal socio militar del Gobierno somalí, ha desplegado buques, helicópteros y drones en la zona, con al menos un ataque aéreo ya ejecutado contra posiciones piratas en la costa.

