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¿Qué le ha pasado a Toñi? La orca más longeva del Estrecho de Gibraltar aparece con diez impactos de perdigones en su aleta dorsal

Según la organización Orca Ibérica, las lesiones son compatibles con disparos de postas de plomo utilizadas para la caza del jabalí.

wewhale.org

En ocasiones, las orcas pueden avistarse en las aguas que separan el Estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz, pero lo que no es habitual es encontrarse con una de ellas herida por impactos de perdigones. Toñi, la orca de mayor edad de la población ibérica, ha sido localizada en el Estrecho con diez impactos de perdigones en la aleta dorsal, algunos de ellos todavía alojados en su cuerpo. Un equipo científico detectó las heridas el pasado lunes, durante el primer avistamiento del animal en la zona en dos años. Con unos 60 años, Toñi, conocida cariñosamente como «la abuela», es además una de las matriarcas del grupo de orcas Gladis.

El Ministerio para la Transición Ecológica ha abierto una investigación para esclarecer lo ocurrido y ya se ha puesto en contacto con las autoridades portuguesas. Por el momento, no se sabe quién disparó a la orca, ni cuándo ni dónde. Según Janek Andre, fundador y presidente de WeWhale Association e Iberian Orca Guardians, los impactos podrían haberse producido en Portugal, Galicia, Huelva o durante el trayecto hacia el sur, aunque considera que señalar un lugar concreto sería especulativo.

Los investigadores están especialmente preocupados por las posibles consecuencias de las heridas. Aunque Toñi continúa cazando y alimentándose con normalidad, los científicos han observado que descansa más de lo habitual y algunos restos de munición siguen alojados en su aleta. Se trata de una zona especialmente sensible y con numerosos vasos sanguíneos, por lo que los perdigones podrían provocar una infección que, en el peor de los casos, derivase en una sepsis y pusiera en riesgo su vida.

Según la organización Orca Ibérica, las lesiones son compatibles con disparos de postas de plomo utilizadas para la caza del jabalí, con proyectiles de unos nueve milímetros. Los expertos estiman que este tipo de munición pudo dispararse desde una distancia inferior a 15 metros. El investigador Ignacio Peinó ha señalado que Toñi siempre ha presentado un sistema inmunitario fuerte y confía en que pueda recuperarse pese a su avanzada edad. Habitualmente se desplaza junto a otras dos orcas, Pingu y Scarlet.

El papel esencial de Toñi

El estado de Toñi preocupa especialmente por su papel dentro de la población. Como matriarca, participa en la transmisión de comportamientos relacionados con la caza, la alimentación, la comunicación y la cultura del grupo. Además, los investigadores creen que ha adoptado a un macho que perdió a su madre, por lo que su desaparición supondría también la pérdida de su madre adoptiva para este ejemplar. «Lo que necesitamos para resolver estas cosas es protección», defiende Andre.

Las orcas Gladis, en peligro

La población de orcas ibéricas está formada por entre 30 y 40 ejemplares y se encuentra en peligro crítico de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Las conocidas como Gladis reciben este nombre por las interacciones que mantienen con embarcaciones, especialmente veleros, desde 2022 en el estrecho de Gibraltar y la costa atlántica. Los científicos consideran que estos episodios responden principalmente al juego o la curiosidad y no a una voluntad de atacar. Toñi comenzó a participar en estas interacciones hace aproximadamente un año, pero los expertos rechazan que este comportamiento pueda justificar los disparos.

La población de orcas del Estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz está incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas bajo la categoría de vulnerable, por lo que cuenta con una protección específica. Entre las normas que amparan su conservación se encuentra la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad.

En concreto, el artículo 57 prohíbe cualquier actuación dirigida a matar, capturar, perseguir o molestar a ejemplares de especies incluidas en el catálogo. El incumplimiento de estas medidas puede acarrear importantes sanciones económicas, que en determinados casos pueden alcanzar los dos millones de euros, además de posibles responsabilidades penales.