Con Sergio García el mundo ha perdido un pastelero: su abuelo y su padre se dedicaron a tan dulce oficio. «Pero el gen de la repostería se ha perdido por el camino…», bromea. En cambio, ha ganado un experto en comunicación que desde marzo de 2022 desempeña la función de director del departamento (a dúo con Isabel Diéguez) en Mainjobs, una compañía con sede en Málaga que inició su actividad en 2008 y se dedica a brindar soluciones tecnológicas al ámbito de la educación. Sergio, madrileño de 30 años, es periodista, ha trabajado en medios, pero es más cosas: un escritor en ciernes («Llevo un par de años para terminar una novela. A ver si en 2023 tengo buenas noticias») y un aficionado al deporte («practico muchos: fútbol, squash, ciclismo… Pero todos muy mal»), a desayunar los domingos en alguna terraza devorando el periódico y a la lectura reposada («aprovecho para apuntar mis recomendaciones: La piel, de Sergio del Molino; Tres, de Dror Mishani; y los últimos dos libros de Millás y Arsuaga»).

PREGUNTA: El Grupo Mainjobs se dedica a la tecnología aplicada a la educación, un campo muy abierto. ¿Cómo lo describirías tú?

RESPUESTA. Como un grupo de empresas (Mainfor, Infoca, Fundación Didáctica, la Factoría Digital, Escuela Internacional de Mediación y Escuela Internacional de Posgrado) que trabaja por la empleabilidad de las personas y que ofrece sus servicios, no solo de formación, a empresas y administraciones públicas, tanto en España como en América Latina. A día de hoy, no puedes hablar de empleabilidad sin hablar de tecnología, así que nosotros ofrecemos un producto formativo que te capacita para las exigencias actuales del mercado laboral en cualquier ámbito.

P. ¿Cómo han cambiado las nuevas tecnologías el sector de la formación?

R. Me considero un tecnoptimista moderado. La tecnología nos ha hecho evolucionar y nos ha facilitado la vida en todos los aspectos. Ahora que todos los puestos de trabajo están experimentando esta metamorfosis digital y que prácticamente todos los profesionales necesitan adquirir nuevas habilidades y conocimientos, estamos empleando la tecnología para que puedan iniciar ese proceso de aprendizaje en su casa, a su ritmo y con todas las garantías. Pero hay mucho más. Pienso, por ejemplo, en la inteligencia artificial. Existen herramientas que usan la IA y el aprendizaje automático para analizar los pasos que los estudiantes siguen hasta resolver un problema matemático. La máquina elabora un informe de progreso que especifica la comprensión o no de las habilidades evaluadas y así los profesores pueden ver quién va mejor, quién va peor y ofrecer un aprendizaje individualizado. También creo que en los próximos cinco años veremos desarrollos muy interesantes relacionados con el metaverso. Ahora estamos en ese punto donde todos se lanzan a la piscina del metaverso sin saber si hay agua o no, simplemente porque está de moda.

P. ¿Cómo vende el director de comunicación esta empresa a los medios?

R. Admiro a la gente que se dedica a las ventas, sobre todo a aquellos que serían capaces de convencerte incluso de que Benzema no merece el Balón de Oro este año. Yo necesito tener entre mis manos un producto o un servicio de diez. Y creo, desde la humildad, que lo tenemos. Vendemos nuestra empresa contando la realidad. Te pongo dos ejemplos. Varias administraciones públicas nos han adjudicado una serie de contratos que tendrán un gran impacto en el desarrollo socioeconómico del ecosistema digital de España. Por otro lado, y esto es algo que me fascina desde que entré, es ver a nuestros alumnos contentos. Si ahora alguien va a Google y teclea: “Escuela Internacional de Posgrados” o “Escuela Internacional de Mediación”, puede ver las decenas de opiniones positivas de alumnos encantados porque les hemos conseguido un empleo. Cuando trabajas en el sector de la formación, estas son las pequeñas grandes cosas que dan sentido a tu trabajo.

P. Llevas muy poco tiempo en esta empresa. ¿Cómo ha sido tu aterrizaje?

R. Verdaderamente bueno por varios motivos. La cultura de la empresa hace que, por inercia, todos los compañeros te reciban con los brazos abiertos y estén siempre dispuestos a escuchar tus propuestas, resolver tus dudas, aconsejarte, etc. En este aterrizaje positivo también ha influido el hecho de que en Mainjobs trabajemos en binomios directivos. Isabel Diéguez, mi compañera en este tándem, y yo empezamos el mismo día y esto ayuda mucho a ganar confianza, tracción y a consolidar los conocimientos. Los primeros días son los más duros, pero el proceso de integración ha sido muy bueno.

P. Trabajas desde Málaga. ¿Qué pros y contras encuentras en el hecho de no estar ubicado en alguno de los grandes centros neurálgicos de los negocios en España?

R. Me mudé aquí por el proyecto y por la ciudad. Málaga, además de ser preciosa a ojos de un madrileño, se está convirtiendo en un polo de atracción de empresas y de talento digital. A día de hoy, gracias a la tecnología y a las buenas conexiones con los grandes centros neurálgicos, no podemos decir que nos estamos rasgando las vestiduras por no estar en Madrid o en Barcelona. A finales de abril estuvimos en la sede de la Fundación Estatal para el Empleo (Fundae), en Madrid, firmando un acuerdo de colaboración con nuestra Escuela Internacional de Posgrado, y lo hicimos sin mayores dificultades. Por la tarde ya estábamos trabajando con total normalidad junto a nuestros equipos.

P. En Mainjobs presumís de ser 100% digitales. ¿Qué implica eso a la hora de llevar a cabo tu trabajo?

R. Que hay que tener un ojo puesto en el mercado para ver qué nuevas tecnologías y avances aparecen y pueden ser útiles para nuestra organización, ya sea para mejorar procesos internos, ayudar a algún compañero o para mejorar en algún aspecto la experiencia del alumno.

P. Antes has ejercido de periodista. ¿Es imprescindible haber estado «al otro lado» para saber llevar bien la comunicación de una compañía?

R. Para mí, sí. El haber pasado por varias redacciones me ha servido, además de para conocer a gente excepcional, para saber cómo hablar con los medios y conocer qué contenido les puede resultar útil y cuál no. Aquí hay que hacer un doble ejercicio de empatía y ponerse en el lado del periodista (¿de verdad le sirve el contenido, le será útil, está bien elaborado?) y del lector (si yo estuviese suscrito a este periódico, ¿pagaría por leer esto?).

P. ¿Cuáles son para ti las claves de una buena comunicación corporativa?

Tener una visión transversal de la empresa, conocer las herramientas con las que trabaja cada departamento y ver mediante qué canales se establece la comunicación con el cliente para establecer mejoras. También es importante conocerlo, saber cuáles son sus preocupaciones y motivaciones, ver qué necesita e identificar aquello que tú le puedes ofrecer y la competencia no. Volvemos otra vez a la empatía. En nuestro caso es: «¿Qué necesitas, tu primer empleo? Te asesoramos, te formamos en las competencias que demandan las empresas y sales por la puerta con tu título y tu trabajo».

P. ¿Cómo ves el futuro de la comunicación?

R. Con más posibilidades que nunca. Ahora que los principales canales de venta están en manos de unas pocas empresas, es el momento de apoyarse en la comunicación y consolidar la relación con el cliente por esta vía. Los algoritmos de las grandes empresas funcionan, claro, tienen a los mejores cerebros de nuestra época estudiando nuestro comportamiento y nuevas formas de llamar nuestra atención. Pero la comunicación va más allá. Con la comunicación construyes un vínculo que no lo paga ninguna campaña de ads.

P. Una campaña de comunicación que te parezca una obra maestra.

Me resultó muy bonita aquella que lanzaron Burger King y Animal Rescue para dar visibilidad a perros rescatados que, por edad o porque tenían algún tipo de enfermedad, nadie los adoptaba. Luego hay otras campañas que se lanzaron en los primeros meses de la pandemia que también me parecieron muy buenas. Recuerdo la campaña Adopta un barril, de Carlsberg. Con todo el mundo en casa y con los bares vacíos, la empresa lanzó una campaña para que los clientes comprasen cervezas en los supermercados y las bebiesen en sus casas. Los clientes escaneaban unos códigos QR con el que iban llenando un barril virtual que más tarde podían canjear por cerveza real en su bar habitual.