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Gucci acelera hacia la Formula 1 y se convierte en la primera marca de lujo con este vínculo

Demna, Director Artístico de Gucci; Francesca Bellettini, Presidenta y CEO de Gucci; Philippe Krief, CEO de Alpine; Flavio Briatore, Asesor Ejecutivo del Alpine Formula One Team; Pierre Gasly y Franco Colapinto, pilotos del Alpine Formula One Team; Luca de Meo, CEO de Kering; François Provost, CEO del Grupo Renault; François-Henri Pinault, Presidente del Consejo de Administración de Kering. © Jean-François Robert / Modds

La Fórmula 1 ya no es solo velocidad, estrategia y podios: es también uno de los escenarios culturales más codiciados del presente. Y Gucci acaba de confirmarlo. La maison italiana ha anunciado su desembarco oficial en el campeonato reina del automovilismo con una alianza histórica junto a Alpine Formula One Team, convirtiéndose en la primera firma de lujo en asumir el rol de title partner de una escudería de Fórmula 1. A partir de 2027, el equipo competirá bajo el nombre de Gucci Racing Alpine Formula One Team, inaugurando una nueva era donde el lujo no acompaña al deporte, sino que pasa a ocupar el centro de la parrilla.

No es casualidad que ocurra ahora. La Fórmula 1 atraviesa su momento más magnético: ha dejado de ser un territorio exclusivamente masculino para transformarse en un fenómeno pop global donde conviven ingeniería, narrativa visual, celebridades y moda. El paddock se ha convertido en una pasarela improvisada; los pilotos, en nuevos referentes de estilo; y las marcas de lujo han entendido que pocas plataformas condensan hoy tanta capacidad de deseo, aspiración y alcance cultural. Gucci no llega tarde a esta conversación, pero sí llega más lejos que nadie.

La alianza con Alpine supone también el nacimiento de Gucci Racing, una nueva plataforma concebida para explorar el vínculo entre rendimiento, precisión y excelencia desde el universo de la maison. Más allá del inevitable impacto visual —monoplazas vestidos con los colores de Gucci, nuevos códigos gráficos y un logotipo que reinterpreta las icónicas G entrelazadas—, el proyecto aspira a construir un relato de largo recorrido a través de experiencias exclusivas, colecciones cápsula, contenido y activaciones internacionales. Porque si algo sabe hacer Gucci es transformar cualquier territorio en imaginario.

La operación también habla del nuevo momento que vive el lujo. Durante años, las colaboraciones entre moda y deporte se limitaron al patrocinio o al merchandising puntual; hoy funcionan como estrategias culturales completas. La Fórmula 1 ofrece exactamente lo que las grandes maisons buscan: una audiencia global, joven y emocionalmente conectada, capaz de consumir tanto una carrera como una estética. En ese contexto, Alpine —histórica marca francesa fundada en 1955 y vinculada al legado de Renault en competición— aparece como el aliado perfecto: una escudería con ADN técnico, ambición renovada y una narrativa de transformación que encaja con la nueva dirección de Gucci.

“Gucci Racing es más que una presencia en la parrilla”, afirmó Francesca Bellettini, presidenta y CEO de Gucci. Y probablemente ahí esté la clave de todo. La Fórmula 1 ya no es solo un deporte: es un lenguaje contemporáneo. Uno donde la moda ya no se conforma con vestir a los asistentes del paddock, sino que quiere diseñar directamente el espectáculo.

Porque el futuro del lujo, al parecer, también suena a motor.

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