Mario Vaquerizo marida las chuletas de Joselito con un buen vino.

Mucho ha llovido desde aquellos domingos en los que la familia Vaquerizo se sentaba a disfrutar de una buena fuente de chuletas en un merendero a las afueras de Madrid. Sin embargo, hay cosas que nunca cambian. Este manjar sigue siendo un must en la dieta de Mario: “Soy fiel a mis tradiciones, a mi cervecita y a las chuletas Joselito, que me recuerdan a mi infancia”. Y así le encontramos, preparado para devorar una de ellas. Engalanado con un esmoquin de leopardo que hace juego con el mantel y la moqueta, y a mesa puesta (aunque con vino, en lugar de cerveza). Pero antes de hincarle el diente al plato principal, un aperitivo: un buen plato de Jamón Joselito Vintage (que también le encanta).

Ahora sí, llega la tan esperada chuleta afinada de Joselito, una auténtica exquisitez preparada para quienes gozan de un paladar tan fino como el del cantante de las Nancys Rubias, que es incapaz de resistirse. ¿Quién podría? Se trata de una pieza única, que se elabora una sola vez al año (en marzo) y envejece de manera natural en una bodega. De ahí, su apodo: la Supernatural. De aspecto rosado y brillante, hace agua la boca de cualquiera, y una vez dado el primer bocado se funde en el paladar como si fuera mantequilla, dejando aromas vegetales y dulces que recuerdan a campo y bellotas.

Vaquerizo cae rendido ante ella sin disimulo, y —como si se tratara de un homenaje al gran felino del que va vestido— coge la chuleta con las manos y le da un buen mordisco. Cualquiera diría que con tal apetito es capaz de mantener un tipín que sigue cabiendo en la misma talla de vaqueros que llevaba con solo 15 años. Lo cierto es que, lejos de lo que cree la mayoría, disfrutar de un gran sabor no implica renunciar a obtener un alto aporte nutricional y proteico. Es la filosofía de Joselito, que reivindica la importancia de la naturaleza, los procesos naturales, y los alimentos puros, nutricionalmente saludables y de máxima calidad.