Lifestyle

OZZY: el millionario insospechado

Ozzy Osbourne, fotografiado en la cocina de su casa el 25 de noviembre de 1985, sujeta con los dientes a su hijo Jack, futura estrella de telerrealidad en la serie The Osbournes, dos semanas después de su nacimiento.

El mundo de la música, pese a todos los vaivenes que se han producido en este sector industrial en lo que llevamos de siglo, sigue siendo uno de los ámbitos económicos en los que se pueden crear auténticas fortunas prácticamente de la nada. Además, tampoco es necesario tener un gran “cabeza” para los negocios. De hecho, uno de los millonarios más insospechados e improbables de la música de los últimos sesenta años (que no se caracterizó, precisamente, por su carácter morigerado) fue el cantante de heavy metal Ozzy Osbourne, fallecido a los 76 años en julio de 2025.

Como escribía en The Guardian el periodista Alexis Petridis en su obituario, John Ozzy Osbourne “no parecía alguien con un futuro brillante por delante”. Había nacido en 1948 en el seno de una familia humilde en la ciudad inglesa de Birmingham, siendo el cuarto de seis hermanos. En su segundo libro de memorias, Últimos ritos (Libros Cúpula, 2026), aparecido póstumamente, Ozzy reconocía el ambiente de pobreza en el que vivió. “Era el único crío –recuerda en el libro– cuyos padres no tenían ni una moneda para un cucurucho [de helado, cuando pasaba el camión de los helados por su calle]. Igual sólo pasó un par de veces, pero dolía como si fuera siempre”. Cuando dejó el colegio a los 15 años, sus perspectivas “parecían inexisten tes”, en palabras de Petridis. Ni siquiera podía presumir de ser un delincuente de éxito: con 17 años pasó seis semanas en la cárcel por un pequeño robo en una tienda de ropa, ya que su padre se negó a pagar las 40 libras esterlinas de la fianza para que aprendiera la lección.

En su juventud, antes de debutar discográficamente con Black Sabbath a los 21 años, tuvo trabajos de baja cualificación –“en una cadena de montaje de una fábrica de bocinas o en un matadero, matando vacas con una pistola neumática”, cuenta en el libro–, pero todo cambió en cuanto montó el grupo, considerado como la banda impulsora de todo un género musical, el heavy metal. Sin alcanzar el estatus multimillonario de otros correligionarios coetáneos suyos, como Led Zeppelin (que figura en el Top-3 de bandas que más discos han vendido en la historia de la música, junto con The Beatles y Queen), Black Sabbath también puede presumir de una cifra considerable de discos vendidos, estimada en más de 65 millones de unidades (contando tan sólo los 8 álbumes, publicados entre 1970 y 1978, en los que Ozzy Osbourne permaneció en el grupo, más los álbumes en directo Live at Last y Reunion y el último álbum del grupo, 13, en el que volvió a cantar con ellos).

En solitario, Ozzy fue autor de otros trece discos, de los que vendió cerca de 55 millones de discos. La suma supera los 110 millones de copias. Pero su capacidad para generar ingresos no iba, todavía, acompañada de habilidades para gestionarlos. En el libro habla de su absoluta necedad (compartida con sus compa ñeros) para asuntos cruciales en su vida, como entender qué es lo que se firma en los contratos discográficos. “Si pudiera volver atrás y enseñarle a mi yo joven un solo término legal, sería el de ‘perpetuidad’. Por culpa de esa palabrita perdimos el control de los derechos editoriales de Sabbath para siempre”. Muchos años después le preguntó a su administrador cuánto dinero habían perdido por culpa de esa palabra. El hombre dio un hondo suspiro y le preguntó si estaba seguro de querer saberlo; la respuesta era “100 millones de libras… Aproximadamente”

El momento en que todo cambió

En 1979, sus tres compañeros decidieron expulsar a Ozzy Osbourne del grupo por su consumo excesivo de alcohol y drogas y sus muestras de irresponsabilidad durante giras y grabaciones. Ese fue el momento en el que todo cambió… para bien. Al mismo tiempo que su mánager, Harry Levy, conocido como Don Arden, decidía seguir gestionando la carrera de Black Sabbath, la hija de éste, Sharon, que trabajaba para su padre en la agencia (y estaba enamorada en secreto del cantante), decidió impulsar la carrera de Ozzy como solista, además de convertirse, apenas tres años después en su segunda esposa.

Getty

De orígenes judíos, ella fue decisiva no para transformar la estrambótica personalidad del cantante, pero sí para hacerle ver las enormes posibili dades de la marca “Ozzy Osbourne”, convertida en múltiples flujos de ingresos más allá de los escenarios. El legado empresarial de los Osbourne combina música, festivales, televisión, inversiones inmobiliarias, licencias de marca y emprendimientos audaces, creando un verdadero modelo de diversificación. El proyecto empresarial más exitoso de la pareja fue la creación, en 1996, de Ozz fest, un festival itinerante de heavy metal que no solo se convirtió en un fenómeno cultural, sino en un motor financiero concebido por Ozzy y gestionado por Sharon. Su origen, sin embargo, es sorprendente, pues comenzó como respuesta a un insulto.

En 1992, tras la conclusión de su gira No More Tours Tour, Ozzy Osbourne decidió, a los 44 años, retirarse: los médicos sospechaban que el llamado Príncipe de las Tinieblas podría tener esclerosis múltiple o párkinson y, aunque las pruebas dieron negativo, le aconsejaron que se retirara y disfrutara de los frutos de su trabajo.

Pero tres años después Osbourne ya se había aburrido de la vida doméstica y le preocupaba tener que pagar con sus recursos propios todos sus gastos personales y profesionales y le pidió a su esposa y mánager que le ayudara a volver a los escenarios. Ella le propuso actuar en Lollapalooza, el famoso festival de música alternativa creado en 1991 por Perry Farrell, líder de Jane’s Addiction y Ozzy, en su primer libro de memorias, I Am Ozzy (confieso que he bebido) (Global Rhythm Press, 2011), recordaba así la res puesta: “Ella llamó a los organizadores de Lollapalooza. Y ellos le dijeron que se fuera a la mierda”, escribía. “¿Ozzy Osbourne? Es un puto dinosaurio’, le dijeron, sin andarse con rodeos”. Fruto de la rabieta inicial, Ozzy se dijo a sí mismo que “si Lollapalooza no era capaz de ver lo que él podía ofrecerles, entonces crearía su propia versión metal, solo que mejor”. Durante más de dos décadas, entre 1996 y 2018, Ozzfest se convirtió en un festival itinerante que se celebraba en Estados Unidos, Japón y Europa, centrado exclusivamente en artistas legendarios del heavy metal y en sus nuevos artistas más prometedores, además de contribuir a revitalizar la propia carrera del cantante y facilitar la reunión de Black Sabbath.

Ozzy Osbourne and Sharon Osbourne (Photo by Ron Galella/Ron Galella Collection via Getty Images)

Ozzfest le generó cerca de cien millones de dólares de beneficios, pero, sobre todo, le hizo ganarse el cariño de una nueva generación de fans del heavy metal, hasta el punto de que a principios de este siglo, la familia Osbourne se convirtió en un fenómeno masivo de la cultura popular gracias al programa de telerrealidad The Osbournes, emitido durante cuatro temporadas (52 episo dios en total), entre 2002 y 2005, por el canal MTV. Lo que comenzó como una mirada sin filtros a su vida familiar se transformó en un negocio multimillonario: en las tres temporadas posteriores a la inicial, cada miembro de la familia (Ozzy, Sharon y dos de sus hijos en común, Kelly y Jack, porque la mayor de los tres, Aimee, se negó a participar) llegó a ganar alrededor de 5 millones de dólares por temporada, por no hablar de los contratos editoriales para la publicación de sus autobiografías, valorados en otros seis millones de dólares.

Años después, la familia siguió explotando ese capital mediático con la serie Ozzy & Jack’s World Detour (otras tres temporadas, entre 2016 y 2018, en la cadena estadounidense A&E), visitando en claves históricamente relevantes de la mano de expertos.

Inversiones inmobiliarias y uso de marca

Paralelamente a sus actividades en el ámbito del ocio y el entretenimiento, Ozzy y Sharon desarrollaron una lucrativa serie de operaciones de compraventa de propiedades inmobiliarias, aprovechando el boom del valor de mercado en regiones como Los Ángeles o el condado británico de Buckinghamshire.

Entre sus transacciones más destaca das están la venta de una mansión en Hidden Hills por más de 11 millones de dólares; o la casa de Beverly Hills en la que se rodó The Osbournes, adquirida en 1999 por 4 millones de dólares y vendida en 2013 a la cantante Christina Aguilera por 11,5. Actualmente Sharon ha puesto a la venta por 18 millones de dólares la mansión del barrio angelino de Hancock Park en el que vivía el matrimonio hasta su traslado a Reino Unido –donde murió el cantante–, que adquirieron en su día por 12 millones. Finalmente, más allá de sus negocios musicales e inmobiliarios, Ozzy también expandió su marca personal a través de licencias de su imagen en videojuegos, productos de merchandising y promociones comerciales.

Sus colaboraciones incluyeron asociaciones con marcas como Metal Casino, la plataforma de juego en línea para fanáticos del heavy metal que ofrece incentivos como entradas a conciertos y objetos exclusivos para los jugadores, de la que, además de imagen de marca, Ozzy es copropietario.

En sus últimos meses de su vida se asoció con la marca británica Jolie Beauty para el lanzamiento de una clección de maquillaje de edición limitada con el nombre I’m Going Through Changes (estoy atravesando una etapa de cambios), con brochas de maquillaje de cerdas rojas y negras, un espejo de mano con forma de disco de vinilo y productos para los labios y purpurina para los ojos con nombres como Bloodbath [baño de sangre], Nightmare [pesadilla] o Hellraiser [invocador del infierno]. No ha sido su única colaboración inusual. En 2003, la cadena estadounidense de restaurantes mexicanos Chipotle creó la Chipotle Celebrity Card que le permitía a Ozzy acceso ilimitado a Chipotle durante un año. En 2022 se convirtió en el único titular vitalicio de la tarjeta. Pero el colmo de rareza con la que se involucró fue con la marca de latas de agua y té Liquid Death: la empresa puso a la venta diez latas vacías de su marca de té de las que había bebido Ozzy (argumentando que su ADN había quedado ahí impregnado) y que éste había autografiado.

En una mera campaña simbólica de marketing, las latas se vendían por 450 dólares, pero –pocos días después de su muerte– en eBay se podían encontrar por 4.655 dólares. A las ganancias asociadas a la marca Ozzy Osbourne hay que añadir, también, los ingresos personales de Sharon, que, además de a su marido, ha representado artísticamente a Gary Moore, Motörhead, The Smashing Pumpkins, The Quireboys o Lita Ford. También intervino como juez en varias temporadas de los concursos de talentos musicales británico The X Factor y estadounidense America’s Got Talent, y once años como co-presentadora del programa de la televisión estadounidense The Talk, aportando ingresos y reputación adicionales al patrimonio familiar. Y a finales del pasado mes de enero Sharon anunció que Ozzfest podría resucitar en el verano de 2027 como home naje final a su difunto marido…