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Alex Honnold, el hombre que convirtió el riesgo extremo en un espectáculo global

Del Oscar por Free Solo al rascacielos de Taipéi: quién es el escalador que desafía la gravedad, la familia y el sentido común (y dónde ver su historia).

Alex Honnold. (Foto: Getty).

Durante años, Alex Honnold fue una figura de culto dentro del mundo de la escalada. Admirado, temido y a veces incomprendido, su nombre circulaba sobre todo entre quienes sabían exactamente lo que significaba escalar sin cuerda. Hoy, a sus 40 años, Honnold es algo más que un atleta extremo: es un personaje global, un icono cultural y, también, un producto mediático cuidadosamente construido alrededor de una idea radicalmente simple —y aterradora—: subir sin protección allí donde un error no se perdona.

Su última hazaña lo ha devuelto al centro de la conversación mundial. El pasado fin de semana, Honnold escaló en free solo el Taipei 101, el rascacielos de 101 plantas y 508 metros de altura que durante años fue el edificio más alto del planeta. Lo hizo en algo más de una hora y media, sin cuerdas ni redes, en una ascensión retransmitida en directo por Netflix dentro del evento Skyscraper Live. Fue la primera vez en su carrera que aplicó su disciplina a un rascacielos y, hasta la fecha, el edificio más alto jamás escalado de esta forma.

El hombre detrás del mito

Alex Honnold nació en 1985 en Sacramento, California. Hijo de un padre ingeniero y una madre profesora, creció en un entorno estable, sin una épica predestinada. Empezó a escalar de niño, casi como un juego, y pronto descubrió que su relación con el riesgo era distinta. No era inconsciencia: era control. Quienes lo conocen repiten una idea clave: Honnold no busca la adrenalina, busca la certeza.

Durante años vivió en una furgoneta, escalando paredes imposibles en Yosemite, Patagonia o Marruecos, alejándose deliberadamente del circuito competitivo. Esa vida cambió en 2017, cuando logró algo que muchos consideraban imposible: escalar en free solo la pared de El Capitan, en el Parque Nacional de Yosemite, una pared de casi 1.000 metros de granito vertical.

Free Solo: el Oscar que lo cambió todo

Aquella ascensión fue documentada en Free Solo, la película dirigida por Elizabeth Chai Vasarhelyi y Jimmy Chin que se estrenó en 2018 y ganó el Oscar a Mejor Documental en 2019. El filme no solo capturó la proeza física, sino la dimensión psicológica del riesgo: la preparación obsesiva, la memorización milimétrica de cada movimiento y el impacto emocional en su entorno.

El documental fue un éxito crítico y de público, con un 97% de aprobación en Rotten Tomatoes, y convirtió a Honnold en una figura reconocible más allá del deporte. Hoy, Free Solo puede verse en Netflix y Disney+, además de estar disponible en alquiler o compra en plataformas como Apple TV, Prime Video, YouTube y Fandango at Home.

Familia, paternidad y una ecuación que no se simplifica

Desde entonces, la vida de Honnold ha cambiado profundamente. Está casado con Sanni McCandless, divulgadora científica y aventurera, y es padre de dos hijas pequeñas, June y Alice. Ese dato introduce una tensión inevitable en todo lo que hace. Ya no es el joven que dormía en una furgoneta y asumía el riesgo en soledad.

Él mismo lo reconoce sin dramatismo: tiene más que perder, pero eso no ha alterado su método. Su respuesta no es escalar menos, sino prepararse más. Para Honnold, el peligro no se compensa con valentía, sino con cálculo. “Nunca he querido morir”, ha explicado en más de una ocasión. De ahí la paradoja que lo define: cuanto más extremo es el reto, más meticuloso es el proceso.

Taipéi 101: del granito al acero y el vidrio

La escalada del Taipei 101 no fue un impulso reciente. Honnold había estudiado el edificio más de una década atrás, cuando un proyecto televisivo similar se canceló en 2013. Según ha contado en entrevistas, el rascacielos es “extraordinariamente escalable”: aristas externas, elementos ornamentales y agarres amplios que lo convierten en una suerte de gimnasio vertical gigante.

A diferencia de la escalada urbana clandestina —el llamado buildering—, esta ascensión fue autorizada y diseñada como espectáculo global. Y ahí surge la pregunta inevitable: ¿cuánto se paga por algo así?

El precio del riesgo

Honnold ha evitado dar cifras exactas, pero varias fuentes cercanas al acuerdo citadas por medios estadounidenses sitúan su compensación por Skyscraper Live en el rango medio de las seis cifras. Es decir, varios cientos de miles de dólares. Una cifra que él mismo ha calificado de “pequeña” si se compara con los salarios del deporte profesional de masas.

La distinción es clave: no cobra por escalar —eso, dice, lo haría gratis—, sino por el espectáculo, la retransmisión y la atención global que genera. Su valor económico no está en el ascenso en sí, sino en la narrativa que lo rodea.

Dónde encaja Alex Honnold hoy

A medio camino entre atleta, creador de contenido y símbolo cultural, Honnold ocupa un espacio singular. No es un influencer al uso, ni un deportista convencional, ni un temerario sin red. Es alguien que ha convertido la obsesión por el control en una marca global.

Free Solo sigue siendo la puerta de entrada para entenderlo. El Taipei 101, su último capítulo. Y lo que venga después —si llega— dependerá de una sola condición que él mismo resume con brutal honestidad: si no llueve, sube.

Porque para Alex Honnold, la vida, como la escalada, no va de evitar el vacío, sino de aprender a convivir con él.