Existe mucha incredulidad ante este tema, ya que no hemos tenido un contacto directo con dichas energías verdes, pero un reciente estudio por parte de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y la Universidad de Stanford lo deja claro: una energía sostenible es posible dentro de lo que menos pensamos. Técnicamente y económicamente se puede.

¿Cómo podemos llegar a este punto? Deberíamos de llevar a cabo ciertas premisas: movilizar desde ya las inversiones en energía renovable, aprovechar más el impacto de estas, fortalecer el compromiso político, que las instituciones se volcasen de una forma más activa en estas posibilidades y mejorar la cooperación internacional en el desarrollo de las mismas.

Llevar a cabo estos cambios no solo reduciría los costos sino que aumentaría en 22 millones el número de empleos según este estudio. Además, esta transición traería consigo el sesgo de muertes prematuras por contaminación del aire que asciende a 4.6 millones de personas cada año.

Aún nos queda mucho camino por recorrer, ya que sólo hay tres países (Noruega, Paraguay e Islandia) que han convertido más de 30% de su producción de energía de fuentes renovables.