Lo primero será mirar el calendario antes de descansar. ¿Por qué? Saber qué objetivos son los establecidos al día siguiente te ayudarán a poder organizarte mejor. Planear para fallar no, por favor. Además, tener preparada la maleta o mochila para el gimnasio será una sabia decisión. Ésta quita más tiempo del debido y seleccionar la ropa que vas a usar a la jornada siguiente te ahorrará más de un rompecabezas de última hora –además, si la tienes preparada ya no tendrás excusa para saltarte el ejercicio-.

No tengas alrededor objetos que puedan despertarte tales como tablets o móviles encendidos. Revisa tu correspondencia de forma exhaustiva antes de meterte en el sobre y evita que te interrumpa algo o alguien durante tu fase REM del sueño. A esto, añádele antes una meditación nocturna en forma de diario, pero no uno ñoño, sino uno en el que anotes tus logros y victorias del día. Mirarlos luego te hará sentir más vital.

Además, qué mejor transición final del día que la de leer un buen libro. Una relajación absoluta y una buena historia harán que te abraces a Morfeo con un buen sabor de boca. Por último, no olvides haber solventado todas tus tareas del día y haberte lavado los dientes antes de charlar con tu almohada. ¡Qué mejor opción de futuro que mantener la sonrisa intacta!