Bajas el scroll hasta el infinito y más allá
Buzz Lightyear bajando el scroll se quedaría en un pobre infeliz. Para ti no existe el infinito cuando se trata de ver si hay cosas nuevas en Facebook. Bajas y bajas la pantalla de novedades y, como nunca se acaba, no te despegas del teléfono hasta pasado un buen rato.

Comentas todo (absolutamente, todo) lo que haces
Para ti la separación por redes sociales no existe. Que cambias de trabajo: lo pones en LinkedIn… ¡y en Facebook! Que te comes un helado enorme: lo subes a Instagram… ¡y a Facebook! Que un programa de TV está interesante: lo comentas en Twitter y… Por favor, basta. Tu muro parece el diario de una quinceañera.

Saltas de un perfil a otro en busca de novedades
El cotilleo para ti no tiene límites. Empiezas por entrar al perfil de esa amiga que hace una semana que no ves para ver las fotos de sus vacaciones y, sin saber cómo, acabas poniendo en el buscador el nombre de un compañero del instituto al que todos perdisteis la pista para ver “qué es de su vida”.

Compruebas cada poco tiempo las notificaciones
El móvil no ha vibrado, eres tú, que estás obsesionado. Tan sólo hace cinco minutos que miraste el teléfono y nadie te había escrito, ¿para qué lo miras de nuevo? Si alguien te reclama, Facebook ya se encargará de decírtelo y el teléfono de sonar. Y, por favor, no pongas esa cara de pena si suena y se trata de una invitación para jugar.

Te fijas constantemente si alguien te dio un like
Estás en la playa y acabas de subir una foto de tus pies en la arena. Ha pasado media hora y nadie le ha dado a “me gusta”, ni ha comentado que se muere de envidia. Tranquilo, no entres en una crisis nerviosa, igual es porque es la hora de la siesta, la gente está trabajando o, simplemente, ¡tiene vida fuera de Facebook!