Pon horario a tus tareas: proponte acabar en X tiempo cada una de las cosas que tienes que hacer. Poniéndote un horario con pequeños deadline y break en función de la productividad te será muy útil.

Organiza tu tiempo libre: pensar acerca de lo que vas a hacer cuando acabes tus obligaciones y deberes te ayudará a motivarte. Si repartes tu tiempo libre, las cosas que tienes por hacer se convertirán en mero trámite entre ratos de disfrute.

Sal fuera a trabajar: si estás en casa las tentaciones son muchas y muy grandes. La cama, el sofá, los viajes al frigorífico… Si vas a una biblioteca, tiene hora de cierre, así que te encargarás de terminar el trabajo antes de que llegue.

Ten a mano algo de comer y/o beber: los viajes a la máquina de la biblioteca o al frigorífico de tu casa te restan más tiempo de trabajo del que crees, así que antes de empezar a trabajar, déjate algo preparado sobre la mesa.

Aléjate de los dispositivos electrónicos: a menos que sea imposible porque, como es habitual, trabajes con ordenador, guarda el teléfono móvil, cierra las redes sociales y trabaja libre de notificaciones que suenan cada dos segundos para distraerte.

Divide tus deberes en varias pequeñas tareas: cada vez que consigas terminar uno de los apartados te sentirás más motivado para realizar el siguiente que si piensas a lo grande. Pensar en grande agobia y ayuda a activar la pereza.

Utiliza tu parte perezosa: si sabes cómo hacer las cosas más rápido, piensa en hacerlas así, seguramente te motive más eso que pensar en algo más largo y tedioso. Convierte la pereza en productividad.