Estate a lo que estás
Muchos inconvenientes aparecen simplemente porque los dejamos surgir. Si estamos concentrados en lo que tenemos que estar y no nos distraemos con otras cosas que no debieran incumbirnos, es más sencillo que caminemos sin sobresaltos ni interrupciones. Como dice el refrán y cantaba Rocío Jurado: “agua que no has de beber, déjala correr”. Et voilà, este sencillo paso es el que te evitará, en primera instancia, amargarte. En caso de que sea algo que no pudieras evitar, el siguiente punto es el que debes leer.

Razona
Sí, sabemos que cuando surge un problema lo más complicado es poner la cabeza en frío y pensar razonablemente, pero también sabemos que es la única solución. Dicho esto, lo que deberías hacer cuando algo no sale como esperabas es trazar inmediatamente un plan b. Tener siempre un plan alternativo es un poquito para desquiciados, porque eso quiere decir que siempre tienes en la cabeza rondando “¿y si…?”, así que lo ideal es que aprendas a calmarte y pensarlo sobre la marcha.

Atrás ni para coger impulso
Una vez que tienes el problema encima, para atrás es para el único lugar para el que no debes mirar. Para el resto de lados está permitido: cuando veas qué te rodea y con qué cuentas te será más fácil tomar una decisión. Así que si no quieres hacer mala sangre, lo primero que debes hacer es pensar en la solución y no en el problema. Malo será que no se te ocurra nada, al fin y al cabo todo tiene solución menos la muerte. Las cosas como son.

Sé realista, no catastrofista
Ahora que estás a punto de arreglar el desaguisado, ¿te vas a echar para atrás por pensar negativamente? Anda, haz el favor de evaluar el impacto real y no a pensar que el universo está conspirando contra ti o que el karma te odia. No decimos que esas dos cosas no pueda pasar (cosas más raras se han visto), pero lo cierto es que siendo realista y viendo la situación con la mayor objetividad posible, es la única forma de encontrar una solución adecuada y poder respirar sin caer instantáneamente en la desazón absoluta.