No es fácil dejarme satisfecho. Tengo buen ojo, es un decir, cada día veo menos. Me refiero a buen ojo gráfico, ese que se entrena vagando por el Prado, dejándose las cervicales porteando revistas y libros de aeropuerto en aeropuerto, de mudanza en mudanza. Presumo de que somos uno de los mejores portadistas del quiosco, así que la cuchara con la que tomamos el gazpacho en esta herrería de contenidos es de palo.

No había emitido aún mi primera factura, editado mi primera revista, y ya sabía que el logotipo de SpainMedia se lo encargaría a Fernando Gutiérrez. Todos saben quién es este asturiano anglófilo de mirada exquisita y humor sajón. Nadie lo conoce. Digo nadie porque es discreto. Digo todos porque su trabajo a lo largo de años de gráfica ha dejado huella en La Fábrica de Anaut y Fesser, en El País de las Tentaciones (en su etapa primera), en nuestro Club Matador, en los vinos de Telmo Rodríguez (su cuñado), en Cinemanía (etapa uno) y en el Museo Del Prado entre otros.

Me llevaba bien con Fernando y le pedí el logotipo de SpainMedia. Creo que ni me cobró por él. Espero que no lea estas líneas. Me envió una pastilla negra con las dos palabras juntas y unos puntitos que a mí me recordaban al Lumirama, aquel juego de chiquillo con el que tanto soñé. Al principio, perdona Fernando, me pareció que te estabas quitando de en medio el curro. ¡Qué idiota! Durante catorce años el logo de SpainMedia ha permanecido mas vivo que alguno de los periodistas que han pasado por la editorial, que a veces se contagiaban del hastío, se despistaban con los regalos de promoción o descubrían que no era lo suyo. ¡Qué buena función la de un logotipo!, iluminar como un faro el rumbo de la nave.

“Cuando junté las dos palabras pensé que no podía ser tan sencillo. Quería dedicarme a los medios en España: SpainMedia”

Es verdad que el logo subrayaba un nombre fantástico que se me ocurrió una tarde en uno de aquellos chalets para obreros Ferroviales del ensanche de Madrid, en las colinas de Las Ventas. Cuando junté las dos palabras pensé que no podía ser tan sencillo. Quería dedicarme a los medios en España: SpainMedia. Como tú, como hemos hecho todos, me zambullí en la red de redes para ver si alguien se le había ocurrido ya el nombre. No podía ser cierto que yo fuese tan ingenioso. Claro que no. Encontré a un ruso que tenía registrada una página web en la que publicaba análisis económicos sobre España. ¡Maldita sea mi estampa! Pero llevaba sin actualizarla un par de años. Contacté con el ruso y hasta hoy. El ruso nunca se personó, y yo llamé al Guti (no el del fútbol no, al grafista).

No tenía ninguna necesidad de cambiar el logotipo. Ni un solo día ha dejado de representarnos. Pero un día, aún con Fer Vallespín a mi lado (antes de que se fuese a trabajar para los Newhouse) le pedí una propuesta. Aún no sabía que nuestra casa en Doctor Fourquet, entre la sombra del Reina Sofía y el olor a los currys de Lavapiés (a más de una redactora, muy fashion ella, un tironero se le ha llevado el celular a la carrera), no sería nuestro hogar en el 2020. Del 2020 nadie sabíamos nada, ¿verdad?

Decidí que la editorial necesitaba pisar madera noble, que mis voces debían escucharse en la redacción, y que todos compartiríamos sudor y ojeras en la misma planta. Y fue entonces cuando pensé que con la mudanza tendríamos nueva imagen. Nos hemos mudado a Almagro, “la calle de la pasta”, “la calle de los fondos”, “la calle del capital”, “la calle del Santo Mauro”, “la calle de Forbes”. Escribo esto desde la cuarta planta de una casa señorial con cuatro chimeneas -aún no las hemos encendido, pero ya llegará-, y huelo el jardín del Hotel Santo Mauro, uno de mis rincones favoritos de Madrid. Esta oficina, esta redacción, ya tomada por nuestro espíritu periodístico, es tu casa. Ven a vernos, en persona o con el celular.

Luis Rodríguez le ha dado unos brochazos a la propuesta de Vallespín y la ha metido en cintura. Y yo he metido mano porque si no meto mano se me baja la autoestima. Entre todos, con su talento, tenemos logo nuevo con una “M” que parece el logo de Batman proyectado sobre Gotham. Y ahora, ¿qué? Ahora zafarrancho y a vender. A contar que esta editorial, esta editora de contenidos tiene el mejor talento de la ciudad, que Europa nos mira, que en Forbes NY dicen que hacemos “la edición más funk”, que TAPAS es el referente mundial de estilo de vida y gastronomía y que si existiese un termómetro que midiese la ilusión el mercurio saldría disparado porque la ilusión de cambiar las cosas nos sobra y rejuvenece más que los polifenoles del vino.