Seguro que en estos momentos, ya están empezando a venir a tu cabeza los olores de ciertas tiendas que, dando igual la ciudad en la que se sitúen, cuando entras huelen igual porque son de la misma cadena. ¿Ya las tienes todas en mente? Pues eso también es marketing olfativo.
La identidad de una marca puede plasmarse de muchas formas y, sirviéndose de este principio, los expertos en marketing orientan sus estrategias a incidir en los 5 sentidos. De esta manera, cuando entras en los distintos establecimientos de una marca, si huele siempre igual, asociarás ese olor con ella. Ahí está la clave del marketing olfativo.
Pero no solamente sirve para reforzar la identidad de una marca, sino también para vender. Al comienzo de este artículo estaba el ejemplo de las cafeterías y el olor a dulce, a bollería. Los perfumes de ese tipo incitan a la compra, e igual que en las cafeterías, lo hacen las fragancias frescas y agradables en las perfumerías.

Existen empresas dedicadas a fabricar perfumes específicos para establecimientos de todo tipo, incluso hoteles. La instalación puede hacerse de distintas maneras y con distintos niveles de complejidad. De esta manera, además de los presumibles difusores, existen otras herramientas más sofisticadas como los expositores eventuales hechos con materiales desechables que tienen olor incorporado, muy útiles para promociones eventuales.

El marketing olfativo es una práctica mucho más habitual de lo que creemos, pero no es tan conocida por el público como el resto de variantes del marketing. A pesar de ello, es de las más fuertes e invasivas.

Para hacerse una idea del poder que esta técnica tiene, según un estudio de la Universidad Rockefeller de Nueva York, los seres humanos somos capaces de recordar el 1% de lo que tocamos, el 2% de lo que oímos, el 5% de lo que vemos, el 15% de lo que degustamos y, atención, ¡el 35% de lo que olemos! He ahí el gran éxito del marketing olfativo.