¿Dónde están las cosas?
Cuando hablamos de cosas, también incluimos lugares. Pregunta dónde están los folios, la fotocopiadora, los baños, la máquina del café o, por ejemplo, la sala de descanso. Y por supuesto, acuérdate de preguntar dónde están el despacho de tu jefe, si no está cerca de ti, y el resto de departamentos que te puedan atañer en algún momento, como por ejemplo, RRHH.

Cómo tienes que comunicarte con los demás
Especialmente con tus superiores. Quizá tengas uno de esos jefes que nunca mira el correo electrónico y tú le hayas mandado ya mil cosas sin saberlo. O a lo mejor tienes un compañero a la otra punta del edificio que hace caso omiso al teléfono y necesitas comunicarte con él a diario. Antes de empezar a trabajar, ahórrate disgustos y pregunta a los demás cómo prefieren que te comuniques con ellos si no te lo dicen.

Quién es el responsable en última instancia
¿A quién me dirijo si tengo un problema con x tema? No esperes a tener que hacer esa pregunta cuando ya tengas el inconveniente encima. Y tampoco trabajes a ciegas sin saber quién es, en último lugar, el que toma las decisiones sobre lo que tú haces todos los días.

Cuál es exactamente tu misión
Aunque esto ya deberían habértelo contado en la entrevista, es mejor que una vez metido en la realidad de lo que va a ser tu día a día preguntes cuál es exactamente el lugar que ocupas. Esto te ayudará a enfocar tu trabajo, ordenar tus prioridades y, sobre todo, identificar si estás haciendo lo correcto.

Qué se hacía antes de estar tú
Tienes que retomar el trabajo que dejó alguien y no sabes ni de dónde viene el aire, ni por qué razón está todo el mundo tan enfadado con el hecho de que eso no esté terminado. O simplemente tienes que coger algo que estaba manga por hombro y organizarlo. Pregunta antes de ponerte manos a la obra qué ocurrió allí, no vaya a ser que propongas algo que ya se hizo y salió mal. Mejor prevenir.