Una imagen vale más que mil palabras, asimismo nuestra foto de perfil aportará más información de la que crees. Sin importar si sales favorecido o no, evita retratos comprometidos, como instantáneas de aquella gran jornada en los San Fermines. Se convierte en algo innecesario y fácilmente solucionable. Una imagen estándar –¡en la que además puede salir muy guap@!- jugará esa carta principal para evitar juicios anticipados.

Y si una imagen vale más que mil palabras, un texto inapropiado en tu estado de What’sApp puede valerte una palabra desagradable sobre tu imagen. En este caso las palabritas no se las lleva el viendo, así que cuida tu expresión y ortografía. Cuando seas impoluto con estas reglas creerás en el “amor a primera ortografía”.

Nuestra disponibilidad y última conexión puede jugar como un arma de doble filo. Si normalmente usamos esta aplicación para comunicarnos de forma corporativa, ¿qué imagen puede aportar una última conexión a altas horas de la madrugada? Para evitar incómodos “mensajes no contestados” a tu círculo laboral te recomendamos que desactives la hora de tu último uso.

Por último, nuestro uso de los “mensajes difundidos”. Niégate en rotundo. A menos que intentes informar a tu clase de 5º de primaria sobre tu grandiosa fiesta en el PlayPlace más cercano, evítalo a toda costa. Son molestos y te etiquetarán automáticamente –no son necesarios dos difundidos para esto- de persona con carencias de atención. No tienes excusas, si vas a cambiar de número y quieres hacerlo saber, usa el correo profesional.