1. Hablar con vocabulario tan técnico y rebuscado que no sabes ni cómo aplicarlo. Es decir, intentar aparentar que sabes ciertas palabras que realmente no sabes. ¿Por qué? Sencillamente se nota porque no sabes introducirlas en una frase de una forma coherente. O porque las dices todo el rato aunque no tenga sentido… dile adiós a la entrevista.

2. Intentar “hacer la pelota al entrevistador y a la empresa de una forma absolutamente indiscriminada. Está bien alabar (si te preguntan) las cualidades de la compañía. Pero no tienes porqué alagar al entrevistador, ni repetir una y otra vez cuantísimo te gusta su empresa.

3. Preguntar, una vez has salido del entrevista, qué pasa con tu candidatura. Hay personas que cuando salen de la entrevista de trabajo, se dedican a mandar mails o llamar a la empresa en cuestión para saber qué pasa con él o ella. Si tenían dudas sobre ti, y haces esto… por lo general la respuesta va a ser “no”.