Proyectar confianza es una actitud, incluso podríamos denominarlo de “postura”. Puede que por dentro estés intranquilo o poco confiado, pero puedes llegar a proyectar una confianza abrumadora. Es tan sencillo como ser consciente de lo que haces y, sobre todo, cómo lo haces, en cada momento.

Hay ciertas situaciones en la vida en las que es necesario tener seguridad en uno mismo, o al menos demostrarlo “de puertas para fuera”. Un buen ejemplo sería una reunión de empresa con un cliente, o una presentación delante de muchas personas.

Tienes que comenzar por saber muy bien qué quieres decir y cómo lo quieres decir. Puedes ensayar frente al espejo, ver cuál es tu actitud y corregir todo aquello que no te guste. Es importantísimo que cuides tu postura corporal, porque dice muchísimo de ti. Cuida también el lenguaje no verbal: no cruces los brazos, mira a los ojos, mantén un tono de voz enérgico sin ser estridente…

Mantente erguido, con una actitud positiva y sosegada. Puedes pedirle a alguna persona de confianza que vea algún pequeño ensayo de esa importante presentación o conversación y que te diga, desde fuera, qué cree que debes mejorar. Una opinión externa te va a ayudar mucho.

Por supuesto, lo más importante es confiar en uno mismo. Poco a poco te darás cuenta de que no hace falta que sigas manteniendo una postura confiada, porque ya no lo necesitas. Te has convertido en una persona segura. Tienes que creértelo, porque vales mucho.

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