Nos guste o no, lo cierto es que cada uno de nosotros mostramos una faceta diferente de nuestra personalidad delante de cada persona con la que nos relacionamos. En los negocios es exactamente igual: cada cliente o cada empleado nos ve de una forma distinta aunque, obviamente, seamos la misma persona.


Por eso debemos cuidar sobremanera la forma en la que proyectamos hacia el exterior nuestra energía y carácter. A través de signos totalmente inconscientes para nosotros, las personas que nos ven nos catalogan de una forma u otra. Si quieres agradar a un cliente importante, aunque no te caiga demasiado bien, debes proyectar la energía y el lenguaje no verbal adecuados.

Para una buena gestión de nuestra empresa es necesario tener este tipo de factores totalmente controlados, porque pueden jugarnos una mala pasada. Recibimos lo que damos, al menos casi siempre. Si quieres recibir un trato exquisito de un cliente, empleado o jefe, debes corresponderle de la misma forma desde el principio. Sencillo y complicado a la vez.