1. Reconoce sus méritos
Está claro que el deber de cualquier persona en su puesto de trabajo es sacarlo adelante de la mejor forma posible. Pero eso no quiere decir que no se deban reconocer los esfuerzos y méritos, cosa que hace sin dudar un buen líder. Está ahí no sólo para recordar donde se ha metido la pata, también todo aquello que se hace bien. E incluso si las cosas no salen como estaban planeadas, valora el esfuerzo y las ganas.

2. Les confía proyectos de mayor trascendencia
La mejor manera que tiene un buen líder de reconocer el buen hacer de sus empleados es seguir confiando (y cada vez más) en ellos. Por ello les sigue encomendado trabajos importantes y transcendentes para la empresa, para que se sientan queridos y valorados como lo que son: unos buenísimos profesionales.

3. Si puede, lo valora económicamente
Otro buen incentivo es una subida de sueldo, una retribución económica, algún detalle. El buen líder sabe cuándo un empleado le ha sacado “las castañas del fuego”, cuántas horas extras le ha costado hacerlo, cuánto esfuerzo y cuánta dedicación. Y si puede lo valora de ésta forma.

4. Les motiva a seguir haciéndolo
Por supuesto no debe faltar nunca una buena dosis de motivación, una palmadita en la espalda. Busca siempre sacar el mejor lado de sus empleados y los motiva a continuar por el camino que han tomado.