La cocina de su casa en el campo, un pequeño alambique de cobre y una copia de The Art of Distillation (libro escrito en 1651 que recoge remedios herbales de los boticarios). Estos tres elementos le bastaron al londinense Ben Branson para crear Seedlip, el que asegura que es el primer destilado sin alcohol del mundo (¡no confundir con un simple refresco, por favor!).

Cuando se le pregunta al fundador de esta original y pionera bebida que si jamás bebe alcohol, asegura que está “demasiado ocupado para hacerlo”. Y no nos extraña, porque aunque no le faltan motivos para brindar y celebrar (con alcohol, como se venía haciendo toda la vida…), es cierto que los últimos cuatro años han sido muy intensos para él. La marca vio la luz en noviembre de 2015 y hoy ya se sirve en prestigiosos bares de copas, hoteles, restaurantes y tiendas gourmets en ciudades tan punta de lanza en esto de las tendencias –gastronómicas y de toda índole– como Barcelona, Copenhague o San Francisco, entre muchas otras.

“Nuestra visión es cambiar la forma en que el mundo bebe, equilibrar la balanza, volviendo a centrarnos en el sabor y los ingredientes de las bebidas, en lugar de en su contenido alcohólico”, afirma Branson. “Seedlip está dirigido a personas que, por cualquier razón, no están bebiendo (porque estén embarazadas, por tener que conducir, por cuestiones de salud o simplemente porque estén tomándose una ‘noche libre’) y que busquen algo más adulto y sofisticado que un refresco dulce o un cóctel sin alcohol”. Una propuesta que actualmente se desglosa en tres productos: “Spice 94 es aromático y amaderado, Garden 108 es brillante y fresco y Grove 42, el último en llegar, es picante y complejo”, explica su autor. Él asegura que cualquiera de estas tres opciones funcionan muy bien con mixers como la tónica, el ginger ale o refrescos (siempre que sean de buena calidad); además de actuar como un buen destilado base para elaborar cócteles sin alcohol. Tanto es así, que han lanzado un libro de recetas de coctelería en el que han participado 25 de los mejores bartenders del mundo. Branson, por tanto, vive una borrachera de éxito; pero de las buenas, de las que no dejan resaca.