Hacer gala del producto y su calidad es algo clave en este moderno y elegante asador que recupera los valores de la cocina más tradicional para alzarse como referente gastronómico de la capital. Su gran apuesta, sugerente y atinada, son las carnes a la parrilla de carbón: una destacada selección de cortes de El Capricho (de las mejores carnes rojas del mundo) que, tras pasar por las brasas, se convierten en sabroso manjar… Chuleta de vaca de 40 o de 90 días de maduración, el solomillo de buey (o vaca), la entraña o la hamburguesa de buey acaban por imponerse como reyes de la mesa.

La tentación de la carne no debería hacernos perder de vista otros platos del menú que también son puntos fuertes a tener en cuenta: los arroces mediterráneos al estilo balear, de gran sabor, finísima capa y buen socarrat; los pescados a la brasa (merluza, rodaballo salvaje, pixín o chipirones de anzuelo) y unos potentes entrantes que van desde las tradicionales croquetas hasta los originales tacos de ceviche o cangrejo con guacamole y los rocachos de bacalao (no se los pierdan).

Empresarios y directivos podrán cerrar acuerdos sin miedo a defraudar. En Rocacho, gracias a un servicio impecable, todo acompaña (y bien) a la hora de validar contratos o planes de negocio. Si la generosidad de los platos deja satisfecho al comensal, la bodega y su carta de vinos (con casi cincuenta etiquetas de los mejores viñedos) siguen la misma pauta. Conviene dejar hueco para los postres, todos ellos caseros y muchos terminados en mesa –el tiramisú, espectacular–, capaces de dejar el regusto que requiere una muy buena y aprovechada comida. Si la idea, tras ellos, es continuar con los negocios, no dude en alargar la sobremesa en su terraza acristalada. Los cócteles completarán la jornada.