No era lo que precisamente querían hacer los hermanos Lumière, pero finalmente se apropiaron del título de ser creadores del cine tal y como lo conocemos hoy en día. Y es que muchos fueron los que anteriormente diseñaron prototipos realmente similares, pero que no satisfacían las necesidades del público para convertirse en un invento completamente revolucionario. Thomas Alva Edison y William Kennedy Laurie Dickson lo intentaron con el kinetoscopio y Louis Le Prince con su cortometraje “La escena del jardín de Roundhay” (originalmente titulada Roundhay Garden Scene). No obstante, ninguno de ellos supo cautivar al público como lo hicieron Auguste y Louis Lumière.

1. Cotidianidad: nos sentimos representados
Los hermanos Lumière descubrieron una de las claves que todo buen comercial sabe hoy en día: las acciones cotidianas venden más. Sencillamente el público que acudía a ver sus proyecciones contemplaba, desde el punto de vista del espectador, una serie de acciones en las que se sentían representados. “Salida de los obreros de la fábrica” se presentó el 28 de diciembre de 1895 mostrando durante 56 segundos como unos trabajadores terminaban su jornada laboral y acudían a su hogar.

2. El marco donde fue presentado: París siempre será París
Situándonos en la época en la que se presentó el cinematógrafo, tenemos que analizar la importancia del lugar donde se estaba proyectando. En aquel momento, la capital francesa era la cuna de la modernidad y del progreso. Trasladando la misma situación a la actualidad para poder comprenderlo, no sería igual de impactante o no tendría la misma repercusión, presentar el coche más moderno en Tokio que en un país latinoamericano, ya que el concepto que tenemos de Japón en cuanto a la última tecnología es diferente al que podemos tener de Venezuela, Colombia o Perú, como otros muchos ejemplos.

3. Tipo de público: evitemos ser clasistas
35 personas fueron las afortunadas que, tal vez sin saberlo, participaron en la presentación oficial del primer cortometraje de los hermanos Lumière. A pesar de que esa presentación costaba un franco, y por lo tanto no era accesible a todos los públicos, si que se centró más en ofrecer entretenimiento a un estatus más corriente. No obstante,ya se habían ganado la confianza de la sociedad intelectual con una serie de presentaciones previas en la Universidad de la Sorbona y en Bruselas.

4. El humor siempre es una garantía
Finalmente, la temática. Esto se adapta a otra conocida técnica de marketing empresarial: saber a qué sector tenemos que dedicarnos especialmente. El público de aquella época pretendía evadirse o distraerse de la realidad con algo que le hiciera reír. De aquí proviene el triunfo de su cortometraje “El regador regado” (1986), en el que se muestra una escena de humor sencilla de 44 segundos.