1. Cuenta historias “personales”
No se trata de hacer un monólogo como los de televisión, pero contar algo personal al inicio de la presentación a modo de hilo conductor que pueda enganchar al público, está bien. No hace falta que sean reales, si no hacer “creer” al público que lo son contándolas en primera persona como si te hubiesen sucedido a ti. Esto crea empatía y atracción.

2. Se natural, no demasiado forzado
Es una de las claves de una buena presentación, no exagerar ni el tono de voz, ni las bromas, ni la risa, ni los gestos. Es decir, ser natural. Sonríe cuando tengas que hacerlo, ponte serio cuando sea necesario… ni más ni menos. Forzar expresiones o sentimientos sólo te hará parecer inseguro porque, créeme, se te notará.

3. Interactúa con la gente que te escucha
Es otra buena opción: interactuar en algún momento de tu presentación con la gente que tienes delante. Así puedes captar más su atención y darle un toque ameno y distendido a tu soliloquio. Puedes hacerlo a través de preguntas, nombrando a alguien en concreto… cualquier cosa que se te ocurra.

4. ¿Bromas? Sí, pero moderadas
Claro que se admiten las bromas en determinado tipo de presentaciones, pero nunca superes los límites del buen gusto. Nunca digas nada que pueda ofender a alguien, toques temas espinosos como religión, sexo o política o fuerces las bromas tanto que acabes riéndote tú solo. Puedes mandar tu trabajada presentación al traste.