1. Hacerlo es síntoma de humildad
Nadie quiere ser una persona altiva, rencorosa y cabezota. Si pides perdón cuando debes hacerlo demostrarás que eres una persona capaz de reconocer tus errores y rectificar, que eres una persona humilde y comprensiva.

2. Te liberas de una carga increíble
Muchas veces queremos pedir perdón pero no lo hacemos por puro orgullo. ¿Qué sucede? Que ese sentimiento de rencor y culpa se va haciendo más y más grande, tanto que sientes que te oprime y te pesa. Pidiendo perdón, aunque las disculpas no sean aceptadas por la otra parte, te hará liberarte de una forma que ni siquiera puedes llegar a imaginar.

3. Reconocer tus errores y expresarlo te hace crecer
Si te paras a reflexionar y te das cuenta de que has metido la pata hasta el fondo, ya estás creciendo como persona y mejorando un poquito. Sólo te queda expresar a la otra persona que efectivamente eres consciente de tu “metedura de pata” y estás realmente arrepentido.

4. Puedes recuperar a alguien que podrías perder
Hay muchísimas personas que han perdido a alguien que querían (amigos, familiares, pareja…) por el simple hecho de no pedir disculpas a tiempo. No dejes que eso te suceda a ti, aunque te cueste pide disculpas o con el tiempo podrías arrepentirte. Además no olvides que “más vale tarde que nunca”.