En cuanto el termómetro supera los treinta y cinco grados se esfuman las vestiduras y la vergüenza. Ya resulta hasta habitual encontrar en las revistas semanales mofas acerca del estilo de los turistas tudescos. Pero ¿Cómo somos capaces de reírnos, si hasta las pasarelas ya se han hecho eco de esta moda impuesta por la calle y hace desfilar a modelos con calcetines de lana y sandalias de apóstol? ¿Qué le podemos reprochar a las sandalias ecológicas Birkenstock cuando las mismísimas estrellas de Hollywood y los iconos sexuales de ambos géneros se dejan fotografiar sin preocupación alguna con este calzado tan poco atractivo, pero tan de moda ahora? ¿Es que acaso ya está todo permitido?

Os propongo un juego. Si permitimos todo, no podemos quejarnos de nada.

Como todo juego, éste tiene unas normas. La primera regla es que para los meses de calor sólo enseñaremos lo que sea digno de ser enseñado. Esta primera norma es la más complicada, ya que implica la práctica y rara virtud de la autocrítica. Aquel a quien no le gusten los michelines, los pies descuidados o las axilas sin depilar, no deberá enseñar al prójimo su propia barriga o unos pies con durezas en los talones.

Regla número dos: vale todo. Pero no siempre. Por ejemplo, está aceptado ir en pantalón corto a una barbacoa, o de compras a centro, pero de ninguna manera a las bodas de oro de los abuelos o a un restaurante convencional. Lo mismo se puede decir de las sandalias o las chanclas, nadie arruga la nariz si alguien lleva los pies al aire, pero en el ámbito profesional, siguen sin estar permitidas. Y en cuanto a la combinación de calcetines y sandalias: los calcetines solo se suelen llevar con pantalones largos. Y las sandalias solo con pantalones cortos. Así que no olvide que los calcetines blancos son para el deporte y que por tanto, no congenian en absoluto con los descapotables para los pies. Quien no aguante las sandalias con los pies desnudos, tendrá que renunciar a los pantalones cortos.

Regla número tres: en los chiringuitos de playa se permiten ciertas licencias, pero no todas. Comer en un chiringuito de playa no implica olvidar las normas de corrección en la mesa. Lo más probable, es que si acudimos al chiringuito más cercano a nuestra línea de playa, el mantel de la mesa sea de papel, lo cual no significa que sea un lienzo donde podamos garabatear nuestras recién refrescadas ideas hasta el punto de romperlo y hacer de nuestra mesa un desastroso cúmulo de bolitas de migas o huesos de aceitunas.

Sabemos que hace calor, no os preocupéis, ¡es normal, estamos en agosto! Pero esto no nos permite sentarnos a la mesa sin camiseta ¡y nada de tirantes, eso es hacer trampa! La camiseta de tirantes sólo está permitida para ser utilizada como ropa interior, bajo cualquier prenda de uso exterior que cubra el torso. Así que, como no está la cosa como para ponerse más que lo imprescindible, podemos guardarlas en el armario hasta la llegada del invierno, cuando publicaremos otro artículo proponiendo un nuevo juego.