1. Dirige tus acciones hacia un determinado objetivo. Si intentas abarcar diferentes asuntos a la vez lo más probable es que no avances realmente en ninguno y te vuelvas a encontrar en el punto de partida.

2. Define claramente tus metas a corto plazo. Son las más importantes. Intenta tener claro qué es lo que quieres hacer a muy corto plazo (una semana o dos como mucho), ya que así te será mucho más fácil alcanzarlo. Poco a poco.

3. Planifica lo que quieres llevar a cabo en esa semana. Relacionado con el punto anterior, puedes hacerte un pequeño planning para no olvidar nada de lo que tienes pensado hacer e ir tachando según vayas cumpliendo objetivos. Intenta también seleccionar las “tareas clave” que deben ser realizadas de forma prioritaria. Dentro de ese planning, desglosa los objetivos de cada día y dedícales un tiempo determinado y programado.

4. Intenta definir tus proyectos a largo plazo. Cuando lo haces, tienes claro hacia dónde te diriges y con qué finalidad. Así nunca perderán sentido todas las cosas que vas a haciendo a corto plazo.