Una persona realmente inteligente no es la que en la mesa de trabajo resuelve antes un dilema o puzzle empresarial, sino el que mejor saber llevarlo y soportarlo para después aprender de él –y ponerlo en práctica, claro-. Es por eso que las grandes calificaciones o las perfectas marcas que se adquieren en la universidad luego no tienen validez alguna en el mercado laboral –y los reclutadores lo saben-.

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De hecho, las personas que contratan en demasiadas ocasiones tienen a comparar sus metas y habilidades con las del entrevistado, ya que pueden sentir el miedo de ser sustituidos en un futuro. Craso error, ya que la verdadera inteligencia no puede revelarse en una charla de 15 minutos, sino en una practicidad del día a día.

Además, al principio de tu carrera profesional ser la persona más inteligente de la habitación está bien, o si no lo está al menos no te hará daño, pero una vez avances necesitarás tener conocimientos de distintas áreas que no podrás abarcar por completo. Es en ese momento en el que tendrás que preguntarte: “¿ser la persona más lista de la habitación está sobrevalorado?” Posiblemente sí, por lo que tendrás que aceptar que alguien puede hacerlo mejor que tú –y deberás de pedir su ayuda-.